jueves, 22 de julio de 2021

mi teoría de la conspiración

En su blog SegundaCita, el 11 de julio a la 1.08pm, Silvio Rodríguez publicó: “según me dijo alguien del pueblo (San Antonio de los Baños), estaba convocada la protesta para hoy a las 11 en el parque de la iglesia”. En el artículo de Carla Colomé publicado en El Estornudo (https://revistaelestornudo.com/san-antonio-de-los-banos-protestas-11-julio-cuba/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=san-antonio-de-los-banos-protestas-11-julio-cuba), se esclarece un muy probable origen de las protestas en ese pueblo, las cuales se extendieron por toda Cuba, siguiendo un efecto dominó, al parecer a partir de que muchas personas que pudieron ver en las redes sociales lo que estaba ocurriendo en San Antonio, decidieron imitar a los ariguanabenses, confluyendo en manifestaciones en dispersos lugares de la isla. Dos o tres días después de ese domingo cubano de resurrección, empezaron a tomar forma en mi cabeza ciertas preguntas inquietantes. Si hasta Silvio sabía de las protestas, cómo no lo sabía la Seguridad del Estado. Si la Seguridad del Estado sabía, por qué las permitió. Si no pudieron impedir que las protestas ocurrieran, por qué no cortaron la internet a tiempo para evitar que se propagasen y divulgaran. Si el bloqueo es la causa de todos los males, por qué Diaz-Canel escogió la represión violenta, malbaratando así la posibilidad de echar abajo los decretos de la era Trump, oportunidad que se veía cercana a partir de la conjunción de buenas o pragmáticas voluntades en el gobierno de Biden con la crisis humanitaria que se empollaba en Cuba y los puentes que ha querido extender siempre una parte de la emigración. Si no es el bloqueo la causa de todos los males, solo una excusa de un gobierno incompetente, y la invasión norteamericana nada más que el ‘ahí viene el coco’ con que se asusta al pueblo aniñado, por qué la parte más visible de la emigración se lanzó a pedir invasión a grito pelado, en perfecto antifonal con los argumentos de plaza sitiada, la pose de David contra Goliat, que justifican la sociedad militarizada, las purgas antimercenaristas y las simpatías internacionales hacia el gobierno y el pueblo que no claudican ante la amenaza feroz del Imperio. Y finalmente, si el imperativo de Diaz-Canel para sucumbir a su impulso despótico era demostrar que el gobierno contaba con el apoyo de una mayoría ´revolucionaria´, dispuesta hasta a estrangular la voz de mujeres y adolescentes entre los bíceps de agentes entrenados y disfrazados como robocops o bodegueros, por qué desatar además una cacería alevosa de cuanta cabeza se distinguió en los videos de las manifestaciones, o había alcanzado cierta notoriedad aún antes del 11 de julio, en las acciones de San Isidro, frente al ministerio del galletazo, desde el periodismo independiente, la franca disidencia o el artivismo; y y sin embargo no han sido descubiertos ni atrapados y entregados a la picota del Noticiero los posibles cabecillas de la revuelta original en San Antonio de los Baños, ahora quizás entrevistos por una muchacha que escribe al vuelo del súbito viento que expele una nariz en Nueva York o México.


En Macondo habría sido posible que todo se concatenara como un malhadado tren de torpezas a la cual ya nos tienen acostumbrados nuestros dirigentes, casi siempre actores a destiempo, reactivos, especialistas en hacer las crisis más profundas, y salir de ellas sin ningún rédito distribuible, solo el cacareado fogueo en resistencias a la adversidad. El pueblo una y otra vez había salido de estas crisis más empobrecido, más dependiente y sombrío, pero, y esta es la verdadera ganancia del gobierno, más depurado de sus elementos inquietos, emprendedores, revolucionarios en el sentido lato de la palabra, a los que no solo se les mostró cada vez la puerta de salida, sino que se les dio un empellón para que cayesen en otro lado más productivo. Los príncipes del gobierno siempre se habían presentado agónicos, salvíficos, desvelados al lado de la masa sufrida, luego de haber convertido el revés en victoria -frase que parece antitética y esperanzadora pero no lo es, pues la masa nunca llega a saborear ese triunfo inesperado, sino la desabrida realidad que sin disimulo se enuncia: la victoria es el revés. Esta vez el país se acercaba también al fondo, pero al fondo fondo, a aquella sima del picadillo de cáscara de plátano burro, con el añadido de que no queda Caballo, que una enfermedad china se ha cebado en los cubanos, y que gracias a internet la gente ha visto fotos y videos de los príncipes al lado de la mesa surtida con langostas y vinos. Esta vez, además, las puertas están cerradas. La cerraron nuestros paladines obligatorios, luego de lustros clamando contra la injusta ley de Ajuste Cubano y la política de pies secos y mojados, que permitía el crecimiento expedito y legítimo de una comunidad cubana fructuosa en EEUU. De ahí que resulta inobjetable adivinar una pregunta que mantenía sin sueño a los que se dieron por oficio soñar por nosotros, soñar nuestro futuro. Cómo apagar la llama que empecinada intentaba calentar el aire atrapado en el globo que es la isla para hacerla elevarse sobre los miasmas. Cómo arrojar este nuevo lastre de gente esperanzada, creativa, luchadora, capaz de capitalizar la tamaña incompetencia de los cuadros redondos y los líderes soporíferos. Cómo silenciar a esta gente agotada de que los mismos cómplices de las crisis sean quienes proclamen, a costa de tapar bocas y oídos y expulsar del país a quienes discrepan de ellos, la victoria de su revés. 

martes, 23 de febrero de 2021

Patria y/o...


 

del miedo

Un problema de cambiar es el miedo al cambio, que es razonable, aún después de que se haya dado respuestas a las preguntas imprescindibles: cambiar a qué, cómo y por qué. Pero mientras más se niegue la posibilidad de cambiar cuando hay necesidad de cambios, más desorganizado ocurrirá el cambio, más incertidumbre lo rodeará. Eso acarrea, por supuesto, más miedo. Ese es el pecado enorme de los continuistas e inmovilistas: no están evitando un cambio -que es inevitable, pues el sistema, aun cuando opere en circunstancias muy específicas, acumula tensiones que más a la corta que a la larga son autodestructivas- no lo evitan, sino que catalizan otro cambio más precario o más sorpresivo. Se trata de otra profecía que consciente o inconscientemente tratan de autocumplirse quienes detentan el poder. Para justificar su función de insustituibles paladines-profetas, amenazan “vendrá el lobo”, mientras, como resultado de su falta de liderazgo, previsión, proactividad, inteligencia política, humildad, garantizan el azote de un peor castigo sobre el rebaño que no se conformó con pastar obediente en la grama de su autocrático sueño.

lunes, 18 de enero de 2021

otra historia infantil

Ante las falacias que se reparten en el Noticiero:
La estrategia no puede ser reclamar que Ellos usen la ley, que a ella se apeguen. No ha funcionado. No funciona. Y no funcionará mientras ellos sean esos mismos Ellos. Es como que a un criminal se le enjuicie y la sanción sea: que cumpla con la ley. Que la víctima solo exija que el criminal cumpla con la Ley, que el criminal demuestre que victimó con alguna razón y si no puede probarlo, entonces.... ¿Entonces, qué? El delito ya fue consumado. Usaron los medios, usaron el poder, para acusar sin pruebas. Ya no hay nada que probar ni demostrar. Mucho menos escuchar al coro dubitativo que siempre piensa que si el mundo se acaba es porque ellos ese día salieron con el pie izquierdo, o silbaron una melodía, o que batieron sus alas y así desencadenaron la furia del enemigo. Si lo que ha de acabarse, se acaba, y de romperse, se rompe, y de terminarse, termina, será en primer lugar culpa de quienes más agencia tuvieron -poder es agencia- para impedirlo. Levantémonos del diván, que se psicoanalicen ellos por querer que su alto sueño se realice a merced de que el resto deje de soñar, y aún más, querer obrar, según su conciencia. Ellos, por tener entre sus más claras mentiras que no existe -y por ella no la dejan existir- una oposición a sus métodos, y a veces a sus fines, pero más justificadamente, a sus esencias, a quienes son, o en quienes se convirtieron. La estrategia podría ser pasar de la discusión teórica, a la discusión práctica. Dejar de analizar la política y la economía y enjuiciar al político y a la decisión económica. Dejar en claro, que más allá del Sistema, o del Ideal, la concreción es defectuosa por inoperancia e incapacidad de los agentes, con nombres y apellidos. ¿Cómo es posible que se pueda analizar a un filósofo de hace dos siglos, y no al Primer Secretario de una provincia hace veinte años? Hay que decirles bien claro y sencillamente: el momento escogido para la tarea Ordenamiento demuestra desesperación, rigidez, vedettismo, y sobre todo falta de capacidad e inteligencia. Es un craso error aunque de aquí a tres años los resultados sean excelentes, y los trabajos de estos dos meses se hayan olvidado o sepultado, porque la tarea Ordenamiento pudo esperar tres meses más y los resultados serían excelentes de aquí a tres años y tres meses... Y si queremos más Socialismo, pues queremos tener un sistema de selección y prueba que permita dar más agencia a los más capaces de conducir al pueblo en pos de más y mejor Socialismo, que sea más eficiente que el actual, de la vía estrecha de la política de cuadros con filtros embudiformes que parecen obra de la bruja de Blancanieves. ¿Dime espejito mágico, esa persona tiene más carisma que yo, más capacidad de liderazgo, es más honesto, es más inteligente? Pues si así es, pongamos a esa persona -con ayuda de la Bruja de la Bella durmiente- a dormir entre las zarzas. ¿Dime espejito, esa persona es como yo o más bruta que yo, pero confiamos en que no nos tirará una ´podría´, en que gatopardianamente si se atreve a revolverlo todo será para dejarlo todo igual? Si así es, promovámoslo para la eternidad del Olimpo revolucionario. Se gasta la profesora Alina, se gasta LJC, se gasta la razón, y nada sucede, hasta que a una masa no se le gastan la confianza en la capacidad para el Bien de otro, y el miedo a la capacidad para el Mal de otro, y las dudas ante la incertidumbre del futuro confiando en que el presente es reparable y que alguien lo está reparando. Cuando eso se gasta, pues esa masa recurrirá a otros Otros, y esos Otros seran la Teoría, pero más que nada la Práctica que acaso permita convertir al futuro en un presente mejor que el que Ellos nos pueden ofrecer, nos han estado ofreciendo como el mejor posible.

martes, 22 de diciembre de 2020

carlos el desconocido-inconcluso

¿Por qué preocuparme por alguien que no conozco? 
Anoche me desperté a las dos de la mañana preocupado por él. Se llama Carlos Manuel Álvarez, y aunque si bien no lo conozco, siento que lo intuyo, lo adivino, lo creo. Creo que hay varias explicaciones para esa posibilidad de conocimiento de un desconocido. 
La primera: que quizás no somos tan diferentes, como no lo son de mí mis amigos, para quienes escribo esto, con la esperanza de que lo lean, sobre todo aquellos que desde las distancias de espacio, tiempo y circunstancias de la vida, parecen más alejados, aunque la memoria por eso también sea más pródiga con ellos. Y no solo la esperanza de que me lean a merced de tanta separada existencia que se ha ido metiendo en los intersticios del grupo que formábamos, sino que me lean especialmente con aquellos ojos donde yo podía encontrar cualquier necesaria pregunta e imprescindible respuesta, sino que me comprendan en la voz de aquel que yo era, que con ustedes y por ustedes, fui. ¿Cuánto diferentes podríamos ser de aquellos que una vez fuimos, amigos, siempre empotrados en el mismo milímetro del mapa galáctico, fluyendo en las mismas cuadrículas del almanaque, creciendo bajo los mismos cintillos de los periódicos y señales de televisión, páginas en los libros, comidas en los platos, urgencias en los cuerpos, modales en el corazón? Por eso pienso que tampoco es tan diferente de nosotros Carlos Manuel. Él también es de un pueblo de Cuba y por eso tal vez le dijeron guajiro o “palestino” en La Habana, también estudió en un IPVCE y por eso lo veían en su barrio como el “quemao”, además leía mucho y por eso tuvo fama de “polilla”. Y seguramente no se quedaba callado y por eso lo etiquetaron como “contestón”. Y quería ser periodista, poeta, escritor, actor y por eso fue un “loco”. Hasta que lo logró. La bella locura de las palabras ciertas, de las palabras que preñan y engendran y crecen. Solamente por ese logro, raro, el de soñar algo y poder hacerlo, como quien soñó hacerse doctor o abogado o barman o trovador, merece respeto. En todo eso él y ustedes se parecen, amigos míos.

Hay otra segunda explicación para esa sensación de cercanía con Carlos Manuel. Y es que lo he leído. Hace años vengo leyéndolo. Sin recomendación, sin una fe previa, inmerso en el ruido de los cientos de párrafos que deben cruzarme los ojos cada día. Hasta que poco a poco, como en un coro una voz, la suya se me hizo distinta, y empecé a buscarla, a perseguirla. A veces me molestaba lo que decía, pero ya para siempre estaba convencido del valor de su escritura, de su autenticidad. Y luego pues, más allá de la forma, empecé a ver un pensamiento, un generador de ideas, alguien con la capacidad de darle vueltas a las cosas para presentarlas como si fueran nuevas, de dar el salto sobre multiplicaciones y sumas hasta la potenciación infinita de parir, crear. Por mucho que alguien se oculte al escribir, hay en el buen periodista y en el buen escritor un grado de nudismo superior al de cualquier profesión. Los temas que se escogen y los que se descartan, el ángulo desde donde se presentan, los análisis, las denuncias, sirven de confesión, revelan una pasión. Y la pasión es como el plumaje de un individuo, lo que lo hace volar, lo que lo envuelve y da belleza. Sobre su pasión, eso al menos, y no es poco, lo sé, lo aprendí, leyendo a Carlos Manuel: su pasión por escribir, por la literatura, por algunos deportes. Ustedes, amigos míos, que también saben de mi pasión, siempre me han dado la posibilidad de recomendarles autores y lecturas. Por eso ahora, otra vez, les recomiendo con fervor leer a Carlos Manuel, y aclaro que ese fervor no nace de las circunstancias actuales en que, a él, por morbosidad de esas circunstancias, lo han vuelto una figura impúdica más que pública.

Y aquí entronca la tercera explicación posible. Yo siento que dadas las mismas circunstancias, no me quedaría alternativa que reaccionar como él. Para poder seguir siendo el que ustedes creen que alguna vez fui. Para poder seguir mirándolos con aquellos ojos a aquellas mismas miradas donde me dibujaban alguien cierto y distinto. 

Las posibles razones son bien sencillas. El miedo a que lo que se desencadene sera peor que lo que se tiene. O la indiferencia absoluta. O el aferramiento a tener razón, 

miércoles, 2 de diciembre de 2020

pobres gentes

Hay gente que no puede cambiar como piensa porque no está dispuesta a cambiar como vive. Que alguna vez defendió la justicia para terminar defendiendo al juez. Que empezó admirando a los líderes de una revolución para terminar amando los cargos. Que se entrega a una revolución para convertirse en gendarme contra revoluciones futuras. Eso tiene nombre: se le puede llamar oportunismo, se le puede llamar mediocridad, se le puede llamar pusilanimidad, se le puede llamar cobardía o traición. Pero esa gente prefiere hablar de su madurez, su responsabilidad, su compromiso, su incondicionalidad, porque aunque una vez defendieron un camino para otros, ahora creen que el camino es solo de ellos.

la libra en pie