lunes, 11 de noviembre de 2019

la cuerda

De cualquier manera, lo que ha sucedido en Bolivia no había sido previsto, las proporciones del pueblo y el no-pueblo (este termino lo he empleado antes en circunstancias similares, cuando la polarización en Venezuela a inicios de año) tienden a la simetría. Ante dicha revelación de creciente oposición electoral... y postelectoral, las opciones son claras. Aferrar la victoria o no. Aferrar el poder o no. Pero esta dicotomía no tiene la misma implicación para alguien o algo q por vez primera llega a la cima, con su valores y propuestas y esperanzas de renovación y cambio, donde todo el capital que se defiende es futuro, a alguien o algo que se repite, que esta consolidado como alternativa y posibilidad, y cuyo capital es menos futuro que pasado, su historia como persona o identidad o movimiento o ideología. La decisión que se tome ingresara automáticamente en ese registro de lo q se es y se ha sido, pesando mas que cualquier promesa de futuro, cimentándolo como alternativa o vacunando al futuro contra si mismo, desdiciendo su pasado. Cómo, cuánto se puede tensar una cuerda, depende de circunstancias diversas: del material de la cuerda, de la edad de sus fibras, de la fuerza de las manos, del propósito de la cuerda.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

sectarios de un dios clemente


En 1762, en Francia, un tribunal, cegado por el fanatismo y la intolerancia, condenó a muerte tortuosa a un inocente. Ciertamente no fue la primera vez que con la espada de la justicia se asesinara, pero el caso de Jean Calas logró conmocionar al mundo occidental en los pórticos de la Edad de la Razón. Los hechos, situados en medio de la pugna entre católicos y protestantes, inspiraron a Voltaire, escritor, historiador, filósofo y abogado, uno de los principales representantes de la Ilustración, a escribir su “Tratado sobre la tolerancia”. Salvando las distancias de tiempo y circunstancias, aquellas palabras, consideradas en sus esencias, también a nosotros se refieren. Citaré en extenso las reflexiones de Voltaire (tomadas de http://pdfhumanidades.com/sites/default/ files/apuntes/Voltaire%20-%20Contra%20el%20fanatismo%20religioso_0.pdf, y cotejadas con http://www.gutenberg.org/cache/epub/42131/pg42131-images.epub?session_id=a80ea051a4608a75b876ba989479cb6b1c5b1f02) para afirmar, otra vez, que hay muy poco nuevo bajo el sol.

En el caso que ocupaba al iluminista francés, “si un padre de familia inocente es abandonado en manos del error, o de la pasión, o del fanatismo, si (…) no tiene otra defensa que su virtud, si los árbitros de su vida no corren otro riesgo al degollarle que el de equivocarse” entonces “se alza el clamor público, cada cual teme por sí mismo, se ve que nadie tiene seguridad”

“Osaré tomarme la libertad de invitar a los que están al frente del Gobierno, y a los que están destinados a cargos elevados, a que se sirvan examinar con detenimiento si en efecto hay que temer que la dulzura produzca las mismas revueltas que ha hecho nacer la crueldad; si lo que ha sucedido en determinadas circunstancias tiene que suceder en otras; ¿acaso son las épocas, la opinión, las costumbres siempre las mismas?”

Hace estas preguntas a raíz de los enfrentamientos por cuestiones de fe que durante los siglos XVII y XVIII convulsionaron la vida y la política francesas. Por ello reflexiona: “los hugonotes, sin duda, se han embriagado de fanatismo, y manchado de sangre como nosotros: pero la generación presente ¿es tan bárbara como sus padres? La época, la razón que ha hecho tantos progresos, los buenos libros, la templanza de la sociedad ¿no han penetrado nada en quienes conducen el espíritu de esos pueblos? ¿Y no nos damos cuenta de que casi toda Europa ha cambiado de rostro desde hace unos cincuenta años? El Gobierno se ha fortificado por todas partes, mientras que las costumbres se han suavizado.” (…) “A otros tiempos, otros cuidados. Hoy sería absurdo diezmar la Sorbona porque en otros tiempos presentara un requerimiento para que se quemase a la doncella de Orleans..”; “(…) el espíritu humano, al despertarse de su embriaguez, se ha asombrado de los excesos a los que le había llevado el fanatismo”.

“¿Seguiremos siendo los últimos en abrazar las sanas opiniones de otras naciones? Ellas se han corregido, ¿cuándo nos corregiremos nosotros? Han hecho falta sesenta años para hacer que adoptáramos lo que había demostrado Newton; (…) ¿cuándo empezaremos a practicar los verdaderos principios de la humanidad? ¿Y con qué cara podemos reprocharles a los paganos el haber causado mártires mientras que nosotros hemos sido culpables de la misma crueldad en las mismas circunstancias?”

En uno de los capítulos finales hace un resumen de testimonios contra la intolerancia. Por ejemplo:
“La religión forzada ya no es religión; hay que persuadir y no obligar. La religión no se ordena. (Lactancio, libro III).
Es una herejía execrable querer ganarse por la fuerza, por los golpes, por los encarcelamientos, a aquellos a los que no se ha podido convencer por la razón. (San Atanasio, libro I).
Acordaos de que las enfermedades del alma no se curan con la fuerza y la violencia. (Cardenal Le Camus, Instrucción pastoral de 1688).
La exacción forzada de una religión es una prueba evidente de que el espíritu que la guía es un espíritu enemigo de la verdad. (Dirois, doctor de la Sorbona, libro 6, cap. 4).
La violencia puede hacer hipócritas; no se persuade cuando se profieren amenazas por todas partes. (Tillemont, Historia eclesiástica, tomo 6).
Pasa con la religión como con el amor: con ordenarlo nada se consigue, con la obligación aún menos; nada hay más independiente que amar y creer. (Amelot de la Houssaye, sobre las Cartas del cardenal de Ossat).”

Algunas frases, por astutas, seguramente ya han resucitado en incontables citaciones: “La superstición es a la religión lo que la astrología es a la astronomía, la hija muy alocada de una madre muy prudente”. Para contextualizarla, agregaría: como el igualitarismo lo es a la justicia, el paternalismo al amor, el clientelismo a la entrega, la anuencia a la convicción.

“Pero, de todas las supersticiones, ¿no es la más peligrosa la de odiar al prójimo por sus opiniones?” “A menos dogmas, menos disputas; y a menos disputas, menos desgracias: si esto no es verdad, es que estoy equivocado.”

Como hombre con los pies en el mundo, y empeñado en hacer cambiar al mundo para mejor, reconocía que “sería el colmo de la locura pretender hacer que todos los hombres pensasen de una manera uniforme sobre la metafísica. Se podría subyugar con mucha mayor facilidad al universo entero mediante las armas que subyugar a todas las conciencias de una sola ciudad.”

“¡Oh, sectarios de un Dios clemente!”, solo me queda repetir además la plegaria de Voltaire al final del Tratado (excepto por un pequeño cambio de posesivo por artículo definido):
¡Que puedan todos los hombres acordarse de que son hermanos! ¡Que tengan horror de la tiranía ejercida sobre las almas, lo mismo que execran el bandidaje, que arrebata por la fuerza el fruto del trabajo y de la apacible industria! ¡Si las calamidades de la guerra son inevitables, no nos odiemos, no nos destrocemos los unos a los otros en el seno de la paz, y empleemos el instante de nuestra existencia en bendecir por igual, en mil lenguas diversas, desde Siam hasta California, la bondad, que nos ha dado este instante!

miércoles, 21 de agosto de 2019

sobre el mal uso del idioma (y la razón) por una Viceministra de Educación de Cuba

Lo primero que me llamó la atención de la declaración de la viceministra, es la pobre redacción. Da pena que una viceministra utilice tan mal el vocabulario y la flexibilidad gramatical del castellano, (más pena aún que los profesionales del lenguaje  de Cubadebate lo permitan).
El primer párrafo es una joya para cualquier manual de estilo y redacción, pues agrupa una cantidad tal de errores que podría usarse de ejemplo invariable en varios capítulos del hipotético manual: "La revisión de un texto circulando por las redes sociales sobre determinada “injusticia” a una profesora universitaria que usando “la crítica” ha sido expulsada de su centro nos motiva a realizar un recorrido por nuestra casa: la Educación Superior cubana, e intercambiar nuestra posición." El encabalgamiento de gerundios, las elipsis verbales y preposicionales, en el caso de Marta del Carmen Mesa Valenciano, casi constituyen marcas de estilo. Como la susodicha es arquitecta, podría decirse que su uso del lenguaje correspondería en lo arquitectónico al estilo de construcciones Girón, o al brutalismo.
El sintagma que termina el párrafo es extraordinario: intercambiar nuestra posición.¿Querría Marta intercambiar posición con Omara? ¿Se atrevería? Esta inédita versión de "El Príncipe y el Mendigo", todos sabemos que solo es posible gracias a nuestra imaginación y al estilo chapucero de Marta, que olvidó el uso de la preposición 'sobre'. Es imposible que para Marta funcione el argumento de Mark Twain, pues ella no desconoce la realidad del mendigo, la vida pobre y embozada. Simplemente la niega, la ha negado siempre, y en función de una supuesta verdad mayor, que la infatuó como el bombillo a la falena o el embarro a la cucaracha, ha luchado toda su vida, hablando lo necesario y callando lo innecesario, para ascender en las escalas del poder, autojustificandose como servidora de esa verdad que niega cualquier otra. Marta no ha llegado a donde está por ser diferente, sino por ser igual. A Omara le sucedió todo lo contrario. Y ambas lo saben, así que el supuesto ejercicio de intercambio sobra, pues Marta no es un Príncipe que desconoce una parte de la verdad del reino, sino una que se cree reina sentada sobre la verdad, y Omara no es una mendiga que se ufana ante la posibilidad de ser Príncipe, sino alguien cuya vida ha madurado en el coraje de destronar.
Luego de ese párrafo inicial de la proclama de Marta, que tan hábilmente desinvita a la lectura, mientras la vista retoza antes de definitivamente despegarse asqueada del artículo, se alcanza a vislumbrar esta agónica pregunta (cito): "¿Se podría ser un profesor que no defienda a ultranza cada paso que se da en la Revolución?" Y yo pregunto, como si solo me interesara el lenguaje, ¿en serio, cada paso que se da? Acaso Omara no está también dando pasos en la Revolución, la revolución que como un idioma, como un conjunto infinito, contiene cualquier operación, cualquier resultado, todas las palabras, a su favor o en su contra, sin más remedio para los que hemos vivido construyéndola o sirviéndola o usufructuándola o lamentándola. Seguramente saldrán, por obra y gracia del mal redactado decreto de Marta, miles de profesores a defender los pasos que en la Revolución están dando Omara, Julio Antonio, René Fidel y otros tantos. Quizás sería menos incluyente, y así más apropiado en la ideología marteana (que no Martiana) o martista o martillista, haber dicho: "cada paso que da la Revolución". Y como si no bastara defender "a ultranza" la Revolución, Martica tenía que poner más énfasis: cada paso. Por ejemplo, defender la prohibición de entrar los cubanos a los hoteles, de comprar o vender casas, de viajar libremente, de vivir conformes a su orientación sexual sin tapujos y sin persecución, la ruptura de país y familias al politizar abiertamente la emigración, la dependencia de poderes y economías foráneas... en fin, todas las aguas que tantos lodos nos han traido y seguirán trayendo.
La viceministra Marta, alejándose impunemente del principio martiano del culto a la dignidad plena del hombre y de una República "con todos y para el bien de todos", o del concepto fidelista de "Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio..." no ha dicho nada nuevo, nada que no sepamos, nada que no hayamos visto y escuchado y vivido y temido y lamentado demasiadas veces. Que lo diga ahora, en los tiempos de Trump, le quita aún más novedad al asunto, no parece otra cosa que su discípula.
Su proclama solo sirve, además de ejemplo en el mal uso del Castellano o la pobreza intelectual de un viceministro de Educación Superior en Cuba, para mostrarnos una vez más que no basta cambiar una Constitución si no existe un mecanismo para que la usen sus verdaderos dueños, impidiendo los desmanes de esos que antidemocrática y reaccionariamente de ella se adueñan; que siempre que la prensa sea controlada por un grupo en el poder, la sinrazón mal redactará los titulares y ocupará las cuartillas; y que eso que Marta cree que es la Revolución, no es la Revolución, pues entonces no la tendrían que dictar los profesores, sino que la cantarían los alumnos.
Que conste, primero, que Fidel se hizo revolucionario en la Universidad y no gracias a los profesores, y segundo, que si he usado demasiados gerundios es porque se me ha pegado de Marta.

lunes, 3 de junio de 2019

misiones en conflicto


Con relación al escrito que encabeza la entrada, yo -que soy médico también, y cumplí misión en Haití, y luego fui de Colaboración a Trinidad y Tobago, casado con una doctora que cumplió misión en Venezuela, con decenas de amigos y conocidos con los que compartí vivencias o que me hicieron conocer, de primera mano, sus experiencias en otras colaboraciones y misiones-; yo veo, además del problema global de la corrupción, el problema específico cubano, relacionado con la manera en que está organizada nuestra cooperación internacional en salud, el cual es una expresión de otros problemas nuestros, vinculados con los derechos laborales, la concepción que tenemos de lo que es la dignidad humana, y el vaivén de lo individual a lo colectivo,  asuntos estos que, mal comprendidos o peor implementados, son combustible de una corrupción que puede alcanzar cotas sistémicas. La corrupción a "pequeña escala", por llamarla de alguna manera, a la que algunos, se han referido en comentarios precedentes, en Cuba se practica con la misma astucia y casi con el mismo derecho conque los de Fuenteovejuna gritaron "todos a una". No creo que pertenezca a la misma categoría de la verdadera Corrupción, cuyo fin último es el lucro y el empoderamiento de un individuo o un grupo. Los cubanos "de a pie", que no roban sino "luchan", que comercian en especie, en favores y en influencias de poca monta para obtener magras ganancias, casi siempre en satisfacción de necesidades simples (no de la codicia), son más que nada víctimas y culpables de una devaluación ética: la pobreza, la necesidad, se ha vuelto la justificación última del hurto, de la indolencia, del ventajismo, y cada cual encuentra la coartada perfecta en la coralidad de la práctica. Vuelvo a decirlo: antes de 1959, que había más pobreza, el pobre presumía de las riquezas de ser limpio, decente y honrado. Ahora, igual que antes de 1959, los que más roban son los ricos. 
¿Qué es ser rico en Cuba hoy, o hace 5 años, o hace 20 ó 30 años? Esta es otra pregunta que, convenientemente, siempre se ha mal respondido. Las viejas categorías de la dialéctica sobre lo cualitativo y lo cuantitativo se han mantenido cautelarmente fuera de este ámbito, y se ha preferido asociar la riqueza a cantidades enumerables: que si un carro o que si dos, que si una casa o que si dos, mil pesos o cincuenta mil... Y así, dejamos de percibir, o lo hicimos conformistamente, diferencias cualitativas, diferencias de posibilidad, que cavan un abismo aún más grande que el que existe entre el rico y el pobre de los tan desiguales países allende los mares. Un jefe en Cuba tiene un carro, o un carro y un chofer, además de la gasolina; la mayoría de los cubanos apenas si ha podido permitirse soñar con un carro, condenados de por vida y generaciones a un ineficiente transporte público y a su bicicleta. Pueda el rico en otra latitud andar en limusina o en el carro del año, que el pobre también puede sobre cuatro ruedas propias transitar las mismas carreteras. Pueda en otra latitud el rico viajar en su jet privado, que el pobre también podrá sacar su pasaje aéreo solo por la curiosidad de probar el pájaro de metal; mientras entre nosotros, despegarse del suelo patrio hasta hace muy poco era un privilegio. Podría poner ejemplos que incluirían vacaciones en Varadero o en el campismo, la eliminación de gratuidades y estímulos sindicales para "todos" menos para algunos sectores, el acceso a hospitales con cuartos individuales o salas como albergues cuyos profesionales también difieren en posibilidades de superación y de ejercicio de la profesión. Visto de esta manera, en Cuba siempre ha habido ricos y pobres.  Y lo peor: bajo la égida de la igualdad. Pero obviamente una igualdad donde nosotros somos iguales a nosotros y ellos son iguales a ellos, con las reglas para transitar ese largo trecho, del nosotros al ellos, nunca estrictamente definidas. Pero, si se me diera dado formularla, creo que la esencia sería contraria a la propaganda sobre el sacrifico, la entrega y la incondicionalidad revolucionarias, estaría no en dar lo mejor de cada cual, en tensar nuestra capacidad o potencialidad para servir al pueblo, sino en tratar de actuar lo más parecidamente a Ellos para ser aprobados. Pues bien, creo que en Cuba aun los que más roban son los ricos, y esa es la verdadera corrupción, la que empobrece al país, la que lo desangra, la que alimenta la decadencia ética de los de a pie. Esa es la más dañina al sistema, no porque lo destruye como un cáncer, sino porque lo subvierte, lo transforma y lo pone a su servicio: como hace un parásito, como hace un virus. Eventualmente llega el colapso, pero ya para entonces el organismo corruptor está listo para implantarse en otro sitio.

Estas cosas en relación con las misiones me duelen profundamente, desde lo anecdótico en mi carne o en la de otros a quienes quiero y respeto. Pondré solo un ejemplo más, que no es puntual, sino forma parte de la ecología de la corrupción y específicamente de los hombres corruptos. Conozco tres mujeres, doctoras independientes e inteligentes, una Intensivista de La Benéfica, una Oftalmóloga del Pando Ferrer, una endocrinóloga por la Universidad de Nueva York, víctimas de acoso sexual por sus jefes en la misión médica en Venezuela. ¿Era visto como acoso por parte de la mayoría? No. Era visto como lo normal, y ellas como las anormales, que perdían la oportunidad de los favores del jefe, que incluyen casas mejores e independientes, carro, más posibilidades de ahorro, envío preferencial de paquetería a Cuba… ¿Podían rebelarse? Quizás. A su manera lo hicieron. Una escogió "desertar" de la misión, claro que no solo por eso, pero algo así termina siendo detonante de la decisión. Otra decidió terminarla antes de tiempo, eternamente agradecida de lo mucho que la apoyó la familia venezolana que la acogió aquellos tres años cuando fue incomprendida por sus compañeros cubanos. La tercera le pagó al jefe con la misma moneda, lo chantajeó a él para que la dejara tranquila. ¿Existe una estructura de denuncia? Quizás. ¿Es eficaz? No. Son casos aislados. No. Fueron grandes jerarcas los que abusaron de su posición. No. Muchas veces seres anónimos asumen una función en la estructura, con más o menos experiencia previa, y poco a poco asimilan códigos malsanos, incentivados por la innegable ventaja de la posición que ocupan. Empiezan a dejarse de sentirse ellos mismos como "recursos humanos", o "medios básicos", la seria broma deprecativa con que los profesionales de la salud se identifican a sí mismos. El sistema esta sellado, el control de las misiones es monopólico, solo se puede ser altruista de una sola manera, bajo una sola iniciativa y con un solo permiso. Los que están de misión también están "luchando", no solo la nobleza del internacionalismo los empuja a ellas, sino las necesidades en casa, y el deseo de aventura vital (no se olvide que durante largo tiempo fue casi la única manera que tuvimos los de "a pie" para conocer otro horizonte del mundo). Los "cooperantes" no quieren señalarse en un terreno que a veces resulta más estrecho que el del sectorial de salud de un municipio, pero otras mucho más holgado. Además, hay una jerarquía de misiones, y no señalarse en una donde pagan 300 dólares, es buen inicio para ganarse otra donde pagarán mil quinientos. Además de estos tópicos pedestres, se podrían discutir otros elevados, pero igual de borrascosos, como los reportes estadísticos adulterados para alimentar un discurso. Un día el jefe de la misión médica en Haití, hace 20 años dijo: "señores, aflojen, que horita no se puede caminar en este país sin caerse en un hueco". Una de los números que debíamos entregar era la cantidad de letrinas sanitarias abiertas por pacientes luego de las charlas sanitarias del personal de salud cubano… y se habían reportado tantas. No estoy viendo las manchas del sol: estoy mostrando desechos radioactivos.



miércoles, 1 de mayo de 2019

Hace falta una carga.....con Rubén

Hace falta una carga para matar bribones, para acabar la obra.
Para levantar todo lo que falta y derribar todo lo que sobra.
Para escribir otra vez la palabra justicia allí donde el padre
promulgó ley pareja, nos golpeó en la boca, pudo ser juez y parte.
Porque otra vez sea el turno del ofendido, de un callado profeta,
de los hijos que no huyeron del castigo materno con la chancleta,
de los que entendieron que no hacía falta para ser mejores
ni el carro del año, ni doscientos canales, ni caros doctores.
De los que maldicen cada vez que alguien dice que algo les toca,
de los que no han nacido con la ubre de la patria en su boca,
de los que no tienen ninguna fecha señalada en los calendarios
y las más de las veces reciben rencores como honorarios:
rencor del hijo que no va a la escuela con un celular en la cadera,
rencor de la mujer que se levanta pensando que echar en la caldera,
rencor del jefe y del secretario porque en una reunión del partido
les dijo que codo con codo ya no van los obreros sino los bandidos.
(...)
Hace falta un millón de gargantas sin cargo ni cuartel
un puño de razones que golpee en la mesa del poder,
--si acaso es que el poder escucha o razona
si acaso tanta herida no se encona y perdona--
(...)
Ay, mi pequeño país, juguete preferido, patria clara y oscura,
donde un aula es gratis, gratis la cura y gratis la sepultura,
donde no habitan fieras en el monte ni se teme al frío
donde no roban niños ni asaltan bancos ni se escuchan tiros,
donde duran las guerras cuanto más diez años
y aún menos dura el odio porque nadie es extraño,
donde nos enseñaban a todos en la escuela
que nunca podía tocar el piso la bandera,
y todos compartíamos el mismo simple anhelo
de amor, patria, familia, carrera, y Varadero,
donde no se avergonzaba un hombre de su bolsillo,
porque baila o batea o estudia o es bueno o es pillo,
y la peor ofensa para una mujer es ser una cualquiera
según las madres buenas de los buenos hijos y las malas nueras.
Ay, mi enorme país, mi caimán dormido, mi pájaro preso,
dónde están tus nidos, dónde están tus madres repletas de besos,
mi pequeño país, mundo dividido, sueños compartidos,
bajo el mismo cielo y en el mismo ruido,...

jueves, 28 de febrero de 2019

post referendo

Habemus nueva Constitución. Aunque creo que podríamos haber contado con una mejor, sé que la recién aprobada es en mucho superior a la vieja. Ahora comienza la otra batalla, la de hacer que su texto obre a través de la mejor de las interpretaciones posibles, sin cierto tipo de atemperaciones que en última instancia demostrarían la desconfianza de los gobernantes hacia los gobernados, hacia nuestra capacidad para tensarnos en pos de lo ideal sin destruirlo -de ese modo convirtiéndose ellos por adelantado en los únicos sujetos de la paradoja. Transformar sin medias tintas la constitución en leyes e instituciones que responden al ideal de una Patria martiana donde se rinda culto a la dignidad plena del hombre, sería lo verdaderamente revolucionario. Leyes, acciones, que no aumenten el peso de las diferencias y la polarización, en temas que no deben ser motivo de sectarismo ideológico, pues son sencillamente consustanciales a lo que los seres humanos hemos llegado a ser, en lo que hemos devenido. Como mismo no tiene defensa ideológica en el mundo hoy, el tener esclavos y matarlos por ofender a su señor, no la tiene el irrespeto al derecho de una persona de pensar y expresarse sin temor ni hipocresía. Y las personas piensan y se expresan en función de su capacidad de comunicación, la cual a su vez es una función de la vida en sociedad. Quienes detentan el poder no pueden eximirse a sí mismos (ni ser eximidos) de ser advertidos, cuestionados, emplazados y reemplazados, por sus gobernados, refugiandose en la creencia obtusa de que tienen una verdad absoluta y un encargo intransferible. Y no está a la altura de la dignidad humana conseguida tras siglos de lucha y pensamiento, impedir que los individuos logren consensos entre sí, expresándose y comunicándose, para defender una idea, o para derrotarla. Cuando Fidel habló de la posibilidad de que la Revolución fuese destruida por los propios revolucionarios, llegó a una conclusión muy antigua. En el Tao Te King ya alguien enunció: Ambas cosas, ser y no-ser, tienen el mismo origen, aunque distinto nombre. En su Balada de la Cárcel de reading Oscar Wilde testificó: Cada hombre mata lo que ama. Marcos en su Evangelio recoge: El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado. Puede ser destruida la Revolución por los propios revolucionarios no porque estos se pasarían al bando enemigo sino porque creyendo en su propia interpretación de lo que es la Revolución y lo que es ser revolucionario, y de esas dos ideas enamorados, se vuelven celosos del amor o el desamor de los otros, sin ver que la Patria, en contra de lo que dicte la experiencia personal, debe ser novia de todos. Y porque muchas veces esa interpretación de lo que la Revolución es y lo que ser revolucionario es, se nutre demasiado de lo sucedido en el pasado, y hacia la repetición de pasadas circunstancias gloriosas se vuelve. Poco a poco las fórmulas que fueron exitosas se convierten en rituales, se adscriben a un culto (lo cual es propio de la naturaleza humana, constreñida por la biología de nuestro cerebro) del cual los oficiantes tienden a olvidar la esencia. Una Revolución se hace contra el pasado y es sobre todo una máquina de futuro. Pongamos el instrumento que la Revolución es, que la nueva Constitución es, al servicio de nuestro futuro, no a servicio de nuestro pasado, lo cual no implica deshonrar nuestra memoria o nuestra historia: nosotros no fuimos hechos para ellas, sino que ellas acaecieron en nosotros y para nosotros.