viernes, 15 de julio de 2022

en el umbral

 A Fina García Marruz, en su muerte


Estás allí, al umbral, donde la luz,

nos cegará y la sombra suave cede,

donde el polvo suspenso su oro puede

mostrar, y el pecho alivia de su cruz.

 

Estás allí, en la verja a contraluz

del jardín que soñaste tantas veces,

y tus manos delgadas las ofreces

al jardinero apuesto, el buen Jesús.

 

Estás allí, dormida filigrana

que el Verbo traza en apariencia humana

repitiendo su eterno lee: cree.

 

Otra vida que nace a la Poesía,

es apenas tu casa quien se enfría,

y tu tiempo saciado quien se muere.

de economía, poder, y valores

 

A proposito de una entrada en OtraCita y algo que posteó Giordan:

tomo de referencia en tu post, el inciso c) ... "para resolver los complejos problemas que hemos acumulado, precisamente, durante los últimos 20 años", para hipotetizar que hace más de 20, cuando yo era un estudiante de cuarto año de medicina y vicepresidente de la FEU del Instituto, y el actual presidente de Cuba primer secretario del PCC en Villa Clara, que ya entonces mi respuesta a tus preguntas hubiera sido No (al cuadrado), como creo habría sido No también la de casi todos los que participábamos en aquellas reuniones con Diaz Canel. Los último 20 años se han sedimentado sobro otras décadas que, si bien tuvieron fortalezas, ya tenían corroídos algunos puntales de su arquitectura.  Mencionaré algunos pilares enclenques según mis consideraciones de entonces, avaladas por el hecho de haberla visto expresada de mejores y más publicas maneras con el paso de todos estos 20 años. Puntualizo que no hablaré de Economía, soy un neófito en la materia, como casi todos los cubanos que no habían cursado una carrera universitaria o estudio en ramas afines, pues hasta 12 grado era una materia ausente de los planes de estudio. Quizás ahí empieza el problema de la Economía, y este que menciono no es un problema económico, sino de valores (tonterías mías, como si la economía no se encargara precisamente de valores): las carreras de Economía y Contabilidad quedaban bien relegadas en las escalas de preferencia de los futuros universitarios. En aquellos años 90 y milenaristas no salían economistas por televisión o a sotto voce, los destinos de Cuba no parecían tan pendientes de sagacidad mercantil, fiscalización contable o pertinencia financiera, sino que todo había funcionado más o menos bien como por inspiración. De ahí que dichas carreras se asociaban con oficios-empleos poco codiciados: mira tú cuan diferentes llegamos a ser de los capitalistas, nuestros mejores estudiantes querían ser médicos, periodistas, ingenieros, estudiantes de lenguas (estas carreras cerraban con los promedios más altos) nunca banqueros, ni CEO, ni corredores de bolsa, o gerentes profesionales o especialistas de negocios; y Economía y Contabilidad eran casi siempre ocupadas por decantación, cuando el puntaje no alcanzaba para las primeras opciones. Tuve la oportunidad de conocer una economista, seguramente graduada de los 80 o 90 (ya esta anécdota la puse una vez aquí) que en una reunión con los secretarios de los núcleos del municipio Plaza daba una misa sobre los lineamientos, allá por el 2012 ó 2013. En esa reunión me atreví a decir, yo el más joven de la cofradía, que no necesitaba que me explicaran la letra de los lineamientos, cuál ya estaba cumplido, y cual parecía posible de cumplir, sino cuándo se verían los resultados de la aplicación de los lineamientos, que pronóstico hacían los economistas al respecto, para saber cuándo tendríamos que volvernos a reunir para decidir si habían servido o no, y si no habían servido, pues promulgar otros. Ella no podría haberme respondido de una manera más tajante: los economistas no estamos para hacer pronósticos, de eso se ocupan los meteorólogos. Varios funcionarios se ensañaron conmigo, esa saña siempre ha sido vieja conocida mía, y valga la repetición, un viejo doctor saltó en mi defensa, en la defensa de la juventud y su derecho a pensar y expresarse de otra(s) manera(s). Aquí ejemplifiqué dos pilares rotos, blanditos, desde hace más de 20 años: políticos (políticas) que no prometen, y como no prometen no se comprometen, y nadie sabe si cumplen, y como no queda en evidencia que incumplen, se mantienen por demasiado tiempo. Y el otro, el rechazo, desde el poder político, al recurso de la diferencia. Esto último asume formas diversas, pero termina produciendo siempre el mismo resultado, tiene un fin particular: hacer más fácil y por consiguiente más duradero, estable, el ejercicio del poder. Produce una homogeneización de los decisores e instituciones políticas como estado previo a este facilismo. De aquellos que asistíamos a las reuniones con Diaz-Canel (así nos referíamos siempre a él) y ya hablábamos y discutíamos de crisis de valores, de pérdida de valores, achacándola sobre todo a la crisis económica del periodo especial, hubo unos cuantos que fueron aupados en la carrera política, llegando a ser, por ejemplo, segundo secretario o miembros del buró de la UJC nacional, rector de importante centro académico, funcionarios del MINSAP a todos los niveles. ¿Qué tendrían en común esos? ¿Eran los que más amaban la Patria, eran los más dispuestos a sacrificarse, eran los más capaces, eran los mejores estudiantes? No podría responder con certeza algunas de esas preguntas para cada uno de ellos. Pero lo que tenían en común no se manifestaría precisamente en dichas respuestas. Pero si me atrevo a decir que muy poco a nada cuestionaban aquel presente, perfectamente alineados con cualquier jerarquía superior, y por supuesto menos aún desconfiaban o cuestionaban el posible futuro cuya edificación ellos sentían que serían capaces de dirigir. Al parecer, durante todo este tiempo, ellos siempre estuvieron bien, en sus razones, y hemos sido nosotros los que hemos fallado. Nosotros los que nos atrevíamos a hacer preguntas incómodas, los que veíamos y denunciábamos problemas, no coyunturales, sino estructurales. Nosotros los que no sacrificamos diez o 15 años de juventud en interminables reuniones que roban tiempo de vida (para terminar teniendo autos y choferes, casas propias, asuntos de trabajo que permiten viajar subvencionadamente al extranjero) sino que decidimos sacrificar toda la vida en ómnibus atestados, casas compartidas o en crudo pulseo adquiridas o reconstruidas, y muchos infinitos otros detalles donde nos ha tocado diferenciarnos, no cuantitativamente, sino cualitativamente ( y de eso también ya he opinado en SC): la diferencia capitalista del millonario con múltiples autos y aviones y el obrero con un solo auto y la posibilidad de comprarse el ticket a cualquier lugar, y la diferencia capital entre el que tiene auto y chofer y el que no puede aspirar sobre legitimas bases reales en su empleo a tener (y mantener) ni una motocicleta. El recurso de la similaridad y el recurso de la diferencia son consustanciales a este Universo, sobre esas bases se organiza el mundo físico, el químico, el biológico, el cognoscitivo y por supuesto el ser humano y la sociedad humana. La política, el ejercicio del poder, descansan sobre un equilibrio de estos recursos. Cuando el entramado de ejercicio del poder de una sociedad se organiza para desterrar la posibilidad de la diferencia, de renovación a través de la diferencia, de oscilación entre diferencias, dicho entramado se osifica, se automatiza, cae en un círculo recursivo que se aleja de lo humano y se acerca a la (i)lógica maquinal, y tenderá al facilismo extremo en su agencia, desbrozando el camino entre la idea y la acción-ejecución, y tenderá a descomplejizar, reduciendo los matices, la casuística, definiéndolo todo en el lenguaje binario de conmigo o contra mí. En este facilismo, empiezan a aplicarse sucedáneos de más expedita formulación y réditos: por ejemplo, confundir justicia con igualdad, cuya aberración última es la igualación de juez y parte, expresión manifiesta de un cisma esquizoide de individuos que detentan el poder, y creen que no han sido sometidos por él. Poder es reducción del espacio de diferencia entre posibilidad y probabilidad. El poder hace lo posible probable, y lo probable seguro o cierto. El poder no acotado se desbocará, en movimiento concéntrico, en la igualación de ambos espacios, en su coincidencia. Pero este crecimiento del poder en unos pocos, no se da a expensas del desempoderamiento de muchos para los cuales ocurre justamente el fenómeno inverso: la ampliación de dicho espacio entre los posible y lo probable: te es posible emitir un criterio, pero es muy poco probable que te atrevas a hacerlo, o que sea escuchado, o que surta efecto; existe la posibilidad de que puedas tener un carro, es poco probable que lo logres. Estas cosas no son particulares de un sistema sociopolitico u otro. De hecho, la Revolución cubana redujo estas brechas, y “aterrizó” muchísimos y derechos y posibilidades en el corazón, la mente y los brazos de mayorías: ya no un comercial capitalista de que cualquiera con esfuerzo tiene la posibilidad de salir dsde la pobreza y, digamos, llegar a ser universitario, sino hacer probable que esto ocurra pues aun siendo pobres, ya no se es analfabeto y las escuelas no cuestan. Pero luego de esta eclosión inicial, todo esfuerzo para secuestrar más poder hacia una homogeneización, sin usar el recurso de la diferencia, tiene un camino prescrito, y a los ojos de la virtud y la razón también proscrito. Pues es un camino que conduce al debilitamiento de la justicia, o con palabras martianas, del decoro y la dignidad plenas de los seres humanos. Y cuando el valor justicia se debilita, se confunde, cambia todo el espectro de valores, pues la justicia es central a la arquitectura moral humana, como reflejo espiritual que es del principio de simetría físico, otro fundamento del Universo. La noción de lo justo permite dirimir lo que es un acto de valor de lo que es un acto de abuso, lo que es agradecimiento de lo que es sometimiento, de lo que es honestidad de lo que es cruel imprudencia… En triada perfecta con lo verdadero y con lo bello, ese dial de la justicia, de lo que es justo o no, con el que nacemos, y que se calibra durante nuestro recorrido vital, también es un mecanismo que se ajusta grupalmente: siglos hubo en que la justicia tuvo color y clase, excepto para unos pocos héroes siempre empujando la humanidad hacia el acierto. Hace más de 20 años en nuestra Patria, en quienes la constituimos y la continuamos, empezaron a abrirse grietas en estos ideales, que no se parchean con divisas ni por cuenta propia ni a crédito. Mucho menos con una comisión de cultura. Muy poco con lineamientos económicos.

martes, 16 de noviembre de 2021

moneda de una sola cara

Creo que al articulo del Dr. Agustin Lage (http://www.cubadebate.cu/opinion/2021/11/15/los-que-aman-y-los-que-odian/) tiene pobre revisión bibliográfica y llega (lleva) a sesgadas conclusiones. Intentar desacreditar la convocatoria de Archipiélago por una supuesta falta de programa, es facilismo extremo. El programa existe, desde el siglo XIX cubano, y tuvo en Martí al máximo exponente. Y las convocatorias desde los líderes del grupo han sido claras. ¿Habrá un programa más importante, más revolucionario y martiano, en la Cuba del siglo XXI, que la unidad entre cubanos, que la no discriminación por motivos de ideología, que el derecho a participar desde plurales posturas en la salvación y crecimiento de la Patria? Dijo el Apóstol: "Algo en el alma decide, en su cólera indignada, que es más vil que el que degrada a un pueblo, el que lo divide". A la división y polarización extremas entre cubanos nos han conducido: la insistencia del discurso oficial en estigmatizar como gusano, enemigo, mercenario y confundido a cualquiera que disiente y lo expresa; el uso de las leyes y sus garantes para la persecución por causas políticas; la negación del acceso a cualquier medio de difusión de ideas de quienes no forman parte de la selecta cofradía de alineados con el gobierno y sus métodos; el estancamiento económico y social del país; la no renovación de una casta dirigente, que a pesar de ser responsable de errores irreparables, sobre todo el de haber malbaratado las esperanzas y el tiempo de sus gobernados, es absolutamente capaz de autoperpetuarse mediante el veto de cualquier propuesta de liderazgo alternativo; y por último menciono, sin ser exhaustivo en esta enumeración, el no reconocimiento de la comunidad cubana en el exterior como parte indispensable de la nación, con igualdad de derechos, siempre vapuleada a pesar de su primordial contribución financiera. Dicha polarización ha sido fuente de inestabilidad en el pasado, y ofrece la mayor garantía de inestabilidad en el futuro, y alimentándose en ella continuarán al acecho los intereses imperialistas. Fomentar, justificar, ignorar, la división entre cubanos es también hacerle el juego a intereses foráneos. Y nada es más divisivo que la negación y el castigo de la pluralidad, de lo uno en lo diverso. “Sería el colmo de la locura pretender hacer que todos los hombres pensasen de una manera uniforme sobre la metafísica. Se podría subyugar con mucha mayor facilidad al universo entero mediante las armas que subyugar a todas las conciencias de una sola ciudad.” Esto lo dijo Voltaire en el siglo de las luces. Parece nuestros propios "iluminados", los que nunca se equivocan y tienen permiso para rectificar eternamente, han preferido, a sabiendas que no pueden subyugar las conciencias, usar el poder de las armas, de la chusmería, del griterío, de la intimidación, de la bajeza, para mantener en calma aparente una sociedad. Y algunos ilustres nombres se prestan para ello. Ya en la historia existen muchos científicos, artistas, figuras eminentes, cuyo lustre ha sido demasiado parcial, que se alinean, a pesar de la clarividencia que muestran para una faceta de la realidad, con las fuerzas oscuras que atacan perniciosamente la esencia humana. Esto lo digo no para buscar manchas en el sol, esas que provocan lluvias tenebrosas de partículas y son vigiladas por los astrónomos con minuciosidad debido al catastrófico impacto en la Tierra, sino para enfatizar en que la verdad no está en una sola cara de la moneda, que un hombre que acierta en la inmunología, con el mismo empeño puede desacertar en política o en derechos humanos, sobre todo si el fácil acceso que tiene a los medios de mayor alcance en la comunidad interesada, es usado para intentar sepultar más aún la voz de quienes no tienen ni han tenido derecho a réplica.

lunes, 16 de agosto de 2021

converger

Toca converger, dejar de lado ciertos escrúpulos. Para quienes han tratado de encontrar puntos de convergencia con las Instituciones, especialmente el PCC, eso solo ha significado impotencia. Ya el PCC y sus adalides han dado claros pasos para demostrar quiénes son, cuáles son sus límites, crecientes, centrífugos, fagocitantes. La convergencia tiene que ser entre nosotros, los que siempre estamos 'confundidos', a un lado y otro de las aguas saladas, contra esa autosuficiencia que todo lo convierte en amenaza, y usa la bajeza y la violencia para aplastarnos. Cuando seamos más fuertes, entonces no les quedará más remedio que asumirnos como interlocutores.

Toca converger en acciones de emplazamiento público del gobierno, para abocarlo a su irresolutividad, no solo desde trincheras ideológicas o deontológicas sino pragmatistas, tales como: el papel fundamental de la emigración en el sostén económico y cultural de la nación (incluso los otaolistas en su mayoría viajan a Cuba y remesan); errores en la conducción que han derivado en desaprovechamiento de oportunidades, actuaciones a destiempo, (y esto sería más eficaz si se hace a partir de pronunciamientos grupales emanados de los diversos sectores calificados, como los economistas, los artistas, los médicos); exposición de la crisis de liderazgo dentro de las filas continuistas y re-involucionarias, mediante análisis de sus decisiones particulares, modo de vida, los equipos formados durante el desempeño de responsabilidades anteriores (llenos de 'tronados', corruptos, emigrantes), lazos de intereses y favoritismos creados, y sobre todo, de su connivencia en el pasado con otras estrategias fallidas que demuestran su falta de creatividad, su pasividad a lo largo del tiempo para poder mantenerse en la esfera de la dirigencia: ahi están los periódicos, los videos, donde se vería al propio Diaz Canel atando las fuerzas productivas. Más importante aún sería la divulgación de los posibles liderazgos emergentes. Yo creo en los apabullados centristas, y solo pido de ustedes que salten al centro, que asuman ese liderazgo sin tapujos, aunque pareciera que eso los empuja fuera del centro. Si no se hace, queda un vacío, ha ido quedando un vacío, que es ocupado por figuras cuya veleidad narcisista es más fuerte que el deseo de servir. Quizá ese temor al vacío sea el punto en común más fuerte con el estamento decadentista-continuista.

Es necesario converger, intentar llegar a los espacios que fuera de Cuba, pero con extraordinario consumo adentro, intentan nuclear a los cubanos en dos polos que se quieren opuestos. Mostrar los rostros en Miami de quienes desde dentro de Cuba, están dispuestos a transitar el viacrucis para arrancar la nación del vórtice re-involucionario. Habrá que llegar a Otaola, y sobre todo, a Carlos Lazo, ambos mancomunados en su adscripción a un solo lado de las cosas. Yo estoy contra el bloqueo, creo que es el sentir que prima en este Archipiélago, y la anexión me parece un sueño de niños amedrentados. Pero no entiendo que Carlos Lazo no use el capital político amasado en Cuba para decir siquiera que los cubanos también tienen derecho a protestarle al gobierno cubano, derecho gracias al cual él puede en USA hacer campaña contra leyes y políticas, y que el reconocimiento de ese derecho a los cubanos sería el paso más cierto contra el bloqueo. Que no reconozca que el propio Diaz Canel, con su llamado a la violencia y al enfrentamiento entre cubanos, fue quien le dio el mayor puntapié a sus Puentes de Amor, me parece o demasiado cálculo frío o egolatría.

Toca converger en torno a un relato común, que no inició ni el 11 de julio, ni el 27 de noviembre, ni en la comuna de San Isidro, sino antes, cuando todos los gestos heroicos y contestarios caían en el vacío. Hay que apelar a los que han sobrevivido, muchas veces agotados, a una vida de oposición, en Cuba o ya en el extranjero, y con más fuerza aún, a los que ya están muertos. Y a eso tienen que atreverse las voces más autorizadas, las más analíticas, dejando de ver a Cuba solo como un problema antropológico, o como un dilema económico/sentimental. Verla como un país en plena efervescencia de la que todos somos parte, con plena conciencia de que lo que se diga desde las tribunas que su conocimiento y valor personal ha logrado agenciarles, no es para ocupar espacio en libros, sino para movilizar el corazón de más personas en pos de un bien común, de un destino para la Patria ajeno a círculos viciosos, cuadros omnipotentes, indolencia ciudadana o pusilanimidad intelectual.

Converjamos en el reconocimiento de que el estado de decadencia de la nación es multifactorial y que el presente es resultado de nuestras cubanas y propias acciones o abstenciones en el pasado. Algunas de las causas fundamentales a mi criterio serían: 1) el país ha sido mal conducido económicamente en medio del asedio norteamericano, con estrategias voluntaristas, dependentistas y tremendistas, 2) se ha sembrado división por motivos geográficos y políticos entre los cubanos, 3) se ha desconfiado de la capacidad de todos para el autogobierno, adulterando las vías democráticos de competencia y participación, predeterminando la elección de los decisores mediante mecanismos monárquicos, demagógicos y clientelistas que priorizan como criterios de selección la fidelidad, sumisión, no confrontación, y la ¨pureza¨ ideológica, por sobre los talentos para la solución creativa y eficiente de los problemas, 4) porque se ha subordinado la salida del subdesarrollo material al facilismo de contar con una homogeneidad ideológica y se ha preferido la seguridad paternalista al respeto a la dignidad y la libertad creadoras.

Converjamos en torno a nuestro deseo de una nación verdaderamente democrática en la que haya balance entre la dignidad de los individuos y la de la patria, en la que estos puedan participar de modo directo en la elección de sus representantes sin ningún censor del juicio político de los ciudadanos; de una nación elevada sobre la unión del espíritu y la participación de obra y palabra de los cubanos dondequiera que estén, y de la vigencia e imprescriptibilidad de sus derechos de nacimiento a lo largo del territorio nacional, y de la defensa de sus derechos humanos dondequiera se encuentran. Una nación donde se premie el servicio de los diferentes talentos, primero que nada, con la ilimitada posibilidad de su ejercicio en cualquiera de los ámbitos de la vida nacional y desde cualquier nivel jerárquico del estado y la sociedad, este ejercicio solo restringido por principios éticos que tengan como pilares el respeto a la dignidad humana y al arbitrio de la conciencia. Una nación donde los políticos, los decisores, los administradores, los asesores, tengan que prometer y comprometerse, y luego someterse al enjuiciamiento de su desempeño, por parte de superiores y subordinados, siendo el pueblo, sin distinciones de credo, raza, sexo o deseo, mediante elecciones, denuncias, manifestaciones, quién ejercerá la máxima potestad como único soberano. Y finalmente una nación que declarará y obrará según su irrevocable vocación y adscripción hacia una política de respeto mutuo entre naciones, mediante el reconocimiento de diferencias de cultura, geografía, historia y grado de desarrollo, pero con absoluta fe en la posibilidad de aprendizaje, perfeccionamiento, emulación, que sirven a la construcción de una particular identidad, siempre minimizando los antagonismos en pos de la colaboración y la paz.

viernes, 23 de julio de 2021

sin dudas

Yo quería ser un hombre para el placer,

de esos que escoge dios para los paraísos y los ángeles

de esos que escoge Darwin para proteger la especie

de esos que convierten a las madres en alcahuetas

y a los padres en viejos envidiosos,

de esos que convierten a los muchachos en muchachas,

y a las muchachas en pececitas arqueadas

apretándose el vientre para el desove,

cual pétalos suicidas que, en su empeño de regalar polen,

solo llegan a ser el regalo de un muchacho artero

que nunca se pregunta si es amado o no.

jueves, 22 de julio de 2021

mi teoría de la conspiración

En su blog SegundaCita, el 11 de julio a la 1.08pm, Silvio Rodríguez publicó: “según me dijo alguien del pueblo (San Antonio de los Baños), estaba convocada la protesta para hoy a las 11 en el parque de la iglesia”. En el artículo de Carla Colomé publicado en El Estornudo (https://revistaelestornudo.com/san-antonio-de-los-banos-protestas-11-julio-cuba/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=san-antonio-de-los-banos-protestas-11-julio-cuba), se esclarece un muy probable origen de las protestas en ese pueblo, las cuales se extendieron por toda Cuba, siguiendo un efecto dominó, al parecer a partir de que muchas personas que pudieron ver en las redes sociales lo que estaba ocurriendo en San Antonio, decidieron imitar a los ariguanabenses, confluyendo en manifestaciones en dispersos lugares de la isla. Dos o tres días después de ese domingo cubano de resurrección, empezaron a tomar forma en mi cabeza ciertas preguntas inquietantes. Si hasta Silvio sabía de las protestas, cómo no lo sabía la Seguridad del Estado. Si la Seguridad del Estado sabía, por qué las permitió. Si no pudieron impedir que las protestas ocurrieran, por qué no cortaron la internet a tiempo para evitar que se propagasen y divulgaran. Si el bloqueo es la causa de todos los males, por qué Diaz-Canel escogió la represión violenta, malbaratando así la posibilidad de echar abajo los decretos de la era Trump, oportunidad que se veía cercana a partir de la conjunción de buenas o pragmáticas voluntades en el gobierno de Biden con la crisis humanitaria que se empollaba en Cuba y los puentes que ha querido extender siempre una parte de la emigración. Si no es el bloqueo la causa de todos los males, solo una excusa de un gobierno incompetente, y la invasión norteamericana nada más que el ‘ahí viene el coco’ con que se asusta al pueblo aniñado, por qué la parte más visible de la emigración se lanzó a pedir invasión a grito pelado, en perfecto antifonal con los argumentos de plaza sitiada, la pose de David contra Goliat, que justifican la sociedad militarizada, las purgas antimercenaristas y las simpatías internacionales hacia el gobierno y el pueblo que no claudican ante la amenaza feroz del Imperio. Y finalmente, si el imperativo de Diaz-Canel para sucumbir a su impulso despótico era demostrar que el gobierno contaba con el apoyo de una mayoría ´revolucionaria´, dispuesta hasta a estrangular la voz de mujeres y adolescentes entre los bíceps de agentes entrenados y disfrazados como robocops o bodegueros, por qué desatar además una cacería alevosa de cuanta cabeza se distinguió en los videos de las manifestaciones, o había alcanzado cierta notoriedad aún antes del 11 de julio, en las acciones de San Isidro, frente al ministerio del galletazo, desde el periodismo independiente, la franca disidencia o el artivismo; y y sin embargo no han sido descubiertos ni atrapados y entregados a la picota del Noticiero los posibles cabecillas de la revuelta original en San Antonio de los Baños, ahora quizás entrevistos por una muchacha que escribe al vuelo del súbito viento que expele una nariz en Nueva York o México.


En Macondo habría sido posible que todo se concatenara como un malhadado tren de torpezas a la cual ya nos tienen acostumbrados nuestros dirigentes, casi siempre actores a destiempo, reactivos, especialistas en hacer las crisis más profundas, y salir de ellas sin ningún rédito distribuible, solo el cacareado fogueo en resistencias a la adversidad. El pueblo una y otra vez había salido de estas crisis más empobrecido, más dependiente y sombrío, pero, y esta es la verdadera ganancia del gobierno, más depurado de sus elementos inquietos, emprendedores, revolucionarios en el sentido lato de la palabra, a los que no solo se les mostró cada vez la puerta de salida, sino que se les dio un empellón para que cayesen en otro lado más productivo. Los príncipes del gobierno siempre se habían presentado agónicos, salvíficos, desvelados al lado de la masa sufrida, luego de haber convertido el revés en victoria -frase que parece antitética y esperanzadora pero no lo es, pues la masa nunca llega a saborear ese triunfo inesperado, sino la desabrida realidad que sin disimulo se enuncia: la victoria es el revés. Esta vez el país se acercaba también al fondo, pero al fondo fondo, a aquella sima del picadillo de cáscara de plátano burro, con el añadido de que no queda Caballo, que una enfermedad china se ha cebado en los cubanos, y que gracias a internet la gente ha visto fotos y videos de los príncipes al lado de la mesa surtida con langostas y vinos. Esta vez, además, las puertas están cerradas. La cerraron nuestros paladines obligatorios, luego de lustros clamando contra la injusta ley de Ajuste Cubano y la política de pies secos y mojados, que permitía el crecimiento expedito y legítimo de una comunidad cubana fructuosa en EEUU. De ahí que resulta inobjetable adivinar una pregunta que mantenía sin sueño a los que se dieron por oficio soñar por nosotros, soñar nuestro futuro. Cómo apagar la llama que empecinada intentaba calentar el aire atrapado en el globo que es la isla para hacerla elevarse sobre los miasmas. Cómo arrojar este nuevo lastre de gente esperanzada, creativa, luchadora, capaz de capitalizar la tamaña incompetencia de los cuadros redondos y los líderes soporíferos. Cómo silenciar a esta gente agotada de que los mismos cómplices de las crisis sean quienes proclamen, a costa de tapar bocas y oídos y expulsar del país a quienes discrepan de ellos, la victoria de su revés.