viernes, 15 de julio de 2022

el juego

Yo no le hago el juego a nadie (que equivale a decir que lo hago en la misma medida en que todos somos parte de los juegos de los demás), pero me rehúso a no hacerle el contrajuego a quienes impunemente cuestionan el albedrío de otros para expresarse gratuitamente. La gratuidad es un concepto requeteviejo, de larga tradición cristiana, e incluso pagana: lo creado anda en gratis pasada por este mundo, sin necesidad de justificar su existencia ni su experiencia, salvo ante divina voluntad. Si todo aquel que disiente de la manera en que se desenvuelve la sociedad cubana (en el sucesivo presente), poniendo énfasis en la responsabilidad que atañe a la forma en que está estructurada y es conducida, si todos esos a priori resultan ser solo víctimas de un equívoco, unos equivocados: equivocados los argumentos, equivocadas las maneras, equivocadas las motivaciones, o equivocada la potestad porque inconsciente o voluntariamente se alinea con una agenda enemiga que también está equivocada, ¿acaso no se estará enunciando, por simple espíritu de contradicción, que ya se posee el camino hacia la verdad, el santo y seña de la perfección? De ahí a la Gracia Divina no falta mucho. Y eso arrojará inequívocamente de vuelta a la gratuidad. Como se ve, por reducción al absurdo, infalible método lógico-matemático, cualquiera de los pasos que completan este círculo, vicioso y viciado, es falso. Si ese no es el caso, matemáticamente existe otra posibilidad: lo que se posee, lo que se proclama, es el rotundo derecho a una rotunda equivocación… que si fuera cosa de uno solo, o de muchos como uno solo… pero no, repetidamente se demuestra que este no es el caso: se fracasa una y otra vez en el empeño de lograr el imán de un solo polo.

golpes

Golpes blandos…. puede ser… el hecho de usar la terminología en boga ya es en sí como otro suave golpecito, como cuando, según estipula el principio de incertidumbre de la física cuántica, al observar una magnitud, en la manera en que se realiza la precisa medición, se delimita un parámetro o propiedad de la partícula en detrimento de los otros. Con esta noción de golpe blando podría hacerse un análisis de toda la historia, ver cuantos golpes blandos y golpes duros ha habido en ella, cómo estos golpes han sido una y otra vez mecanismos para cambios importantes en cualquier sociedad. ¿Preparados acaso por la CIA o por el imperialismo? Quizás. Quizás desde el futuro, un futuro de dominio imperial donde ya existieren los viajes en el tiempo, con sus agentes viajando al pasado a organizarlos… Eso equivaldría a ya sentirnos derrotados de antemano, una nueva versión de Terminator. 
O eso que ha ocurrido tantas veces en el pasado no ha sido producto de golpes blandos, sino que, según repetían los libros por los que me tocó estudiar, simplemente ocurrió la coincidencia de un numero de factores objetivos con factores subjetivos, ninguno como obra de una sola y maquiavélica voluntad, sino de procesos difíciles de modelar que ocurren al interior de determinados grupos y épocas.Esto de culpar de cualquier cosa al golpe blando me suena como si ahora la política ya no fuera un marco de competencia de ideas y conductas-acciones para hallar la forma más beneficiosa de funcionamiento/organización del grupo social (o de quienes se empoderan a la cabeza del grupo) en un contexto específico, según la cosmovisión de ese contexto, (y sin la influencia de agentes que viajan en el espacio-tiempo), de la misma manera que en las ciencias se da la libre competencia de ideas y métodos para la explicación, modelación y predicción de las partes y el todo de la realidad, también acotado contextualmente, sin que nadie del futuro venga a soplarle a los científicos las óptimas respuestas.[Las diferencias entre ciencia y política deben ser muchas, pero hay una fundamental: el Poder. Aunque muchos no lo creen así, la política no gira solo en torno al poder, el poder es más bien un subterfugio, un atajo, una ventaja, que ayuda, con el menor esfuerzo posible, a convertir lo posible en probable, pero que con el uso, y el mal uso, se ha convertido en lo más importante de la política, como mismo el drogadicto no se puede sentir super sin formula mágica, y como mismo el orgasmo parece ser el santo grial del sexo.]
En política siempre ha habido perdedores y ganadores, y el devenir político pudiera mostrarse a través de la sucesión de múltiples mecanismos de ‘arbitraje’ para decidir quién gana o pierde el poder (destreza en la caza, favor de dios, guerras, sucesiones y linajes, votaciones, popularidad), mecanismos de arbitraje que han sido, durante milenios, sujetos de las más furibundas contiendas antes de que fuese seleccionado (al parecer) ese que llamamos democracia.
Pero la democracia no es solo eso, mecanismo de arbitraje para dirimir cual idea gana o pierde, qué personas detrás de las ideas serán vitoreadas en la palestra o saldrán abucheadas por el fondo, sino que sirve para acotar, delimitar, el espacio de acción de determinados poderes, y así balancear entre distintas manos esa brasa ardiente. La democracia no tanto como un ejercicio de toma conjunta de decisiones, de comprometimiento, representación e identificación grupal, sino como un mecanismo de rotación de poderes, donde ningún grupo queda del todo desahuciado, sino que quienes detentan un poder saben, han aceptado, que no es para siempre, y que quienes han perdido ese poder, también saben, confían, en que no han sido descartados del todo, no se les despoja de la esperanza de voltear el viento a su favor algún día, no se les arrebata el derecho a una lucha legítima para alcanzarlo. Y ese mecanismo, esa posibilidad de balance, esa necesidad de no ser siempre y para siempre perdedor, es esencial a la naturaleza humana. Incluso a la naturaleza. Si una especie evoluciona y se ubica por encima de otras en la cadena trófica, eso no la hace omnipotente, no la hace regodearse en tal victoria, como vicioso rey. Simplemente ha sido ocupado un nicho vacante en una ecología determinada cuya armonía sería imposible sin la existencia del resto de las especies. ¿No pastan las gacelas a la vera de los leones de algún modo sabiendo que solo es peligrosa el hambre?
Esa posibilidad de balance, de saber que quien pierde hoy podrá ganar mañana y viceversa, es esencial por la simple razón de que la psicología del homo sapiens, base de la conducta social humana (e interactuante con esta en varias escalas, todas contenidas en esa gran interfaz que llamamos cultura) tiene un anclaje biológico, también evolutivamente determinado. Y esa evolución es simplemente una lucha, tanto en el plano inmanente como en el plano trascendente (para decirlo con términos un poco lezamianos). Una lucha mientras se vive, para sobrevivir y poderse aparear y reproducir (cuerpos, conductas); y una lucha después que se vive, para si se quiere, sobremorir, persistiendo en la descendencia no solo a través de la reedición de formas y funciones comunes a la especie, y particulares del individuo, sino además como seres con identidad, historias, memorias, valores que querríamos ver replicados, redivivos. Y de esos imperativos no está exento nadie.
Se han acumulado hallazgos científicos suficientes para sustentar que los valores son parcialmente determinados biológicamente. Por ejemplo, se sabe que existe un mecanismo neurológico dependiente de circuitos que utilizan el neurotransmisor serotonina, cuya función es determinar qué posición, rango, estatus, ocupa el individuo en el grupo, y subyace al establecimiento de grupos jerárquicamente organizados. A más alto estatus, estos circuitos neurales incrementan el nivel de serotonina induciendo así más emociones positivas y disminuyendo las negativas. Por eso comporta tanta dificultad y tiene repercusiones adversas en los individuos el intento de sofocar, culturalmente (mediante presión social a través de educación, leyes, moralidad…), determinados valores humanos relacionados con la competitividad y el alcance de estatus (profesional, intelectual, económico, social, político…). Esas conductas, al parecer las llevamos profundamente incrustados en nuestros cerebros luego de millones de años de evolución, y sigue ahí porque han resultado ventajosas para la sobrevivencia de las especies. Frustrar la posible jerarquización de los individuos a partir de sus resultados-logros-triunfos-ganancias mediante la igualación forzosa (el igualitarismo), despojar a las personas de su capacidad para luchar por su autoafirmación (de sus ideas, su conciencia, su visión política), termina por desestructurar al grupo humano.
La disonancia de emociones entre quien alcanza el estatus superior, y quienes fracasan en el intento, se hace mayor cuanto mayores y arbitrarias son las diferencias de estatus. Cuando se obtiene una posición de mayor valencia jerárquica no a través de justa competencia, sino por influencias azarosas, los que resultan relegados reiteradamente por la exposición repetida a dichas circunstancias injustas, caen en el marasmo de la desesperanza aprendida, lo que coloquialmente se traduce en colgar los guantes, flotar, no coger ninguna lucha. Los aupados en esta repartición, son recompensados con una ducha de emociones positivas que lo reafirman como individuo. Uno y otro terminarán juzgando equivocadamente el proceso, desde los polos en que uno se sentirá maldito por la circunstancia y el otro un elegido sin nada que justificar. A la corta o a la larga, la vida se torna falta de sentido sin la capacidad de afirmar estos valores medulares, y se incrementa la polarización entre los individuos y los grupos. Despojar a personas o grupos de vías legítimas de acción que den cauce a esta necesidad vital de autoafirmación es un potente generador de descontento, y entre los miembros del grupo aparecerán individuos que, en lugar de reaccionar con inacción, se movilizaran, aun escogiendo cauces que implican peligro vital, sanción moral, ostracismo social, etc. Es solo cuestión de tiempo llegar a este estado dentro de un grupo donde se dan las premisas. El tiempo que demore lo biológico en expresarse en lo social. Me gustó esta frase de Víctor Hugo que parece resumirlo: No hay nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su tiempo.
Cuando ese tiempo ha llegado, las influencias externas al grupo, pudiesen hallar resonancia dentro de este con más facilidad. Un suave toquecito se puede amplificar. ¿Acaso no fueron las ideas de la revolución francesa y de la revolución americana las que resonaron en los patriotas del XIX? ¿No fueron las ideas de la revolución bolchevique las que resonaron a través del XX? ¿Por qué en el XXI no pueden resonar también ideas? ¿Se acabó la historia? Es como si quienes proclaman el fin de la historia fuesen aquellos que tanto se han opuesto (mal leyendo) a Fukuyama. Cualquier grupo cuyos reclamos entronquen con rasgos fundamentales de la naturaleza humana, más temprano o más tarde actuará en pos de sus ideas, y esas ideas se diseminarán y fortalecerán en torneo justo o injusto con otras ideas. Mientras más injusto sea dicho torneo, más probablemente se asociará la idea de justicia con las ideas reprimidas.
No se pude estructurar una sociedad para que no fluyan e influyan las ideas externas. Una vez que las ideas fluyen e influyen, no se puede estructurar una sociedad para mediante la coerción, limitar continuamente al grupo influido e influenciable por dichas ideas, sin tener como justificación una crítica razonada, axiomática, no susceptible de polémica, de dichas ideas, sino que la crítica tiene como sustento fundamental la simple oposición al origen de dichas ideas. Gene el Afilado no fue para nada innovador en su Pedal, recogió y le puso un nombrecito a lo que ya estaba desde milenios en el aire, desde que los procuradores romanos sembraban la discordia entre judíos (un ejemplo acaso), nombre a lo que ahora es mucho más fácil de orquestar con el sustento tecnológico de la globalización. No basta que algo venga del enemigo para que sea malo: habría que renunciar a demasiado libro, herramienta, medicamento, etc, que son buenos. Como mismo que algo venga del amigo no por ello resultará un bien de calidad. ¿No nos sobran de esto los ejemplos?

en el umbral

 A Fina García Marruz, en su muerte


Estás allí, al umbral, donde la luz,

nos cegará y la sombra suave cede,

donde el polvo suspenso su oro puede

mostrar, y el pecho alivia de su cruz.

 

Estás allí, en la verja a contraluz

del jardín que soñaste tantas veces,

y tus manos delgadas las ofreces

al jardinero apuesto, el buen Jesús.

 

Estás allí, dormida filigrana

que el Verbo traza en apariencia humana

repitiendo su eterno lee: cree.

 

Otra vida que nace a la Poesía,

es apenas tu casa quien se enfría,

y tu tiempo saciado quien se muere.

de economía, poder, y valores

 

A proposito de una entrada en OtraCita y algo que posteó Giordan:

tomo de referencia en tu post, el inciso c) ... "para resolver los complejos problemas que hemos acumulado, precisamente, durante los últimos 20 años", para hipotetizar que hace más de 20, cuando yo era un estudiante de cuarto año de medicina y vicepresidente de la FEU del Instituto, y el actual presidente de Cuba primer secretario del PCC en Villa Clara, que ya entonces mi respuesta a tus preguntas hubiera sido No (al cuadrado), como creo habría sido No también la de casi todos los que participábamos en aquellas reuniones con Diaz Canel. Los último 20 años se han sedimentado sobro otras décadas que, si bien tuvieron fortalezas, ya tenían corroídos algunos puntales de su arquitectura.  Mencionaré algunos pilares enclenques según mis consideraciones de entonces, avaladas por el hecho de haberla visto expresada de mejores y más publicas maneras con el paso de todos estos 20 años. Puntualizo que no hablaré de Economía, soy un neófito en la materia, como casi todos los cubanos que no habían cursado una carrera universitaria o estudio en ramas afines, pues hasta 12 grado era una materia ausente de los planes de estudio. Quizás ahí empieza el problema de la Economía, y este que menciono no es un problema económico, sino de valores (tonterías mías, como si la economía no se encargara precisamente de valores): las carreras de Economía y Contabilidad quedaban bien relegadas en las escalas de preferencia de los futuros universitarios. En aquellos años 90 y milenaristas no salían economistas por televisión o a sotto voce, los destinos de Cuba no parecían tan pendientes de sagacidad mercantil, fiscalización contable o pertinencia financiera, sino que todo había funcionado más o menos bien como por inspiración. De ahí que dichas carreras se asociaban con oficios-empleos poco codiciados: mira tú cuan diferentes llegamos a ser de los capitalistas, nuestros mejores estudiantes querían ser médicos, periodistas, ingenieros, estudiantes de lenguas (estas carreras cerraban con los promedios más altos) nunca banqueros, ni CEO, ni corredores de bolsa, o gerentes profesionales o especialistas de negocios; y Economía y Contabilidad eran casi siempre ocupadas por decantación, cuando el puntaje no alcanzaba para las primeras opciones. Tuve la oportunidad de conocer una economista, seguramente graduada de los 80 o 90 (ya esta anécdota la puse una vez aquí) que en una reunión con los secretarios de los núcleos del municipio Plaza daba una misa sobre los lineamientos, allá por el 2012 ó 2013. En esa reunión me atreví a decir, yo el más joven de la cofradía, que no necesitaba que me explicaran la letra de los lineamientos, cuál ya estaba cumplido, y cual parecía posible de cumplir, sino cuándo se verían los resultados de la aplicación de los lineamientos, que pronóstico hacían los economistas al respecto, para saber cuándo tendríamos que volvernos a reunir para decidir si habían servido o no, y si no habían servido, pues promulgar otros. Ella no podría haberme respondido de una manera más tajante: los economistas no estamos para hacer pronósticos, de eso se ocupan los meteorólogos. Varios funcionarios se ensañaron conmigo, esa saña siempre ha sido vieja conocida mía, y valga la repetición, un viejo doctor saltó en mi defensa, en la defensa de la juventud y su derecho a pensar y expresarse de otra(s) manera(s). Aquí ejemplifiqué dos pilares rotos, blanditos, desde hace más de 20 años: políticos (políticas) que no prometen, y como no prometen no se comprometen, y nadie sabe si cumplen, y como no queda en evidencia que incumplen, se mantienen por demasiado tiempo. Y el otro, el rechazo, desde el poder político, al recurso de la diferencia. Esto último asume formas diversas, pero termina produciendo siempre el mismo resultado, tiene un fin particular: hacer más fácil y por consiguiente más duradero, estable, el ejercicio del poder. Produce una homogeneización de los decisores e instituciones políticas como estado previo a este facilismo. De aquellos que asistíamos a las reuniones con Diaz-Canel (así nos referíamos siempre a él) y ya hablábamos y discutíamos de crisis de valores, de pérdida de valores, achacándola sobre todo a la crisis económica del periodo especial, hubo unos cuantos que fueron aupados en la carrera política, llegando a ser, por ejemplo, segundo secretario o miembros del buró de la UJC nacional, rector de importante centro académico, funcionarios del MINSAP a todos los niveles. ¿Qué tendrían en común esos? ¿Eran los que más amaban la Patria, eran los más dispuestos a sacrificarse, eran los más capaces, eran los mejores estudiantes? No podría responder con certeza algunas de esas preguntas para cada uno de ellos. Pero lo que tenían en común no se manifestaría precisamente en dichas respuestas. Pero si me atrevo a decir que muy poco a nada cuestionaban aquel presente, perfectamente alineados con cualquier jerarquía superior, y por supuesto menos aún desconfiaban o cuestionaban el posible futuro cuya edificación ellos sentían que serían capaces de dirigir. Al parecer, durante todo este tiempo, ellos siempre estuvieron bien, en sus razones, y hemos sido nosotros los que hemos fallado. Nosotros los que nos atrevíamos a hacer preguntas incómodas, los que veíamos y denunciábamos problemas, no coyunturales, sino estructurales. Nosotros los que no sacrificamos diez o 15 años de juventud en interminables reuniones que roban tiempo de vida (para terminar teniendo autos y choferes, casas propias, asuntos de trabajo que permiten viajar subvencionadamente al extranjero) sino que decidimos sacrificar toda la vida en ómnibus atestados, casas compartidas o en crudo pulseo adquiridas o reconstruidas, y muchos infinitos otros detalles donde nos ha tocado diferenciarnos, no cuantitativamente, sino cualitativamente ( y de eso también ya he opinado en SC): la diferencia capitalista del millonario con múltiples autos y aviones y el obrero con un solo auto y la posibilidad de comprarse el ticket a cualquier lugar, y la diferencia capital entre el que tiene auto y chofer y el que no puede aspirar sobre legitimas bases reales en su empleo a tener (y mantener) ni una motocicleta. El recurso de la similaridad y el recurso de la diferencia son consustanciales a este Universo, sobre esas bases se organiza el mundo físico, el químico, el biológico, el cognoscitivo y por supuesto el ser humano y la sociedad humana. La política, el ejercicio del poder, descansan sobre un equilibrio de estos recursos. Cuando el entramado de ejercicio del poder de una sociedad se organiza para desterrar la posibilidad de la diferencia, de renovación a través de la diferencia, de oscilación entre diferencias, dicho entramado se osifica, se automatiza, cae en un círculo recursivo que se aleja de lo humano y se acerca a la (i)lógica maquinal, y tenderá al facilismo extremo en su agencia, desbrozando el camino entre la idea y la acción-ejecución, y tenderá a descomplejizar, reduciendo los matices, la casuística, definiéndolo todo en el lenguaje binario de conmigo o contra mí. En este facilismo, empiezan a aplicarse sucedáneos de más expedita formulación y réditos: por ejemplo, confundir justicia con igualdad, cuya aberración última es la igualación de juez y parte, expresión manifiesta de un cisma esquizoide de individuos que detentan el poder, y creen que no han sido sometidos por él. Poder es reducción del espacio de diferencia entre posibilidad y probabilidad. El poder hace lo posible probable, y lo probable seguro o cierto. El poder no acotado se desbocará, en movimiento concéntrico, en la igualación de ambos espacios, en su coincidencia. Pero este crecimiento del poder en unos pocos, no se da a expensas del desempoderamiento de muchos para los cuales ocurre justamente el fenómeno inverso: la ampliación de dicho espacio entre los posible y lo probable: te es posible emitir un criterio, pero es muy poco probable que te atrevas a hacerlo, o que sea escuchado, o que surta efecto; existe la posibilidad de que puedas tener un carro, es poco probable que lo logres. Estas cosas no son particulares de un sistema sociopolitico u otro. De hecho, la Revolución cubana redujo estas brechas, y “aterrizó” muchísimos y derechos y posibilidades en el corazón, la mente y los brazos de mayorías: ya no un comercial capitalista de que cualquiera con esfuerzo tiene la posibilidad de salir dsde la pobreza y, digamos, llegar a ser universitario, sino hacer probable que esto ocurra pues aun siendo pobres, ya no se es analfabeto y las escuelas no cuestan. Pero luego de esta eclosión inicial, todo esfuerzo para secuestrar más poder hacia una homogeneización, sin usar el recurso de la diferencia, tiene un camino prescrito, y a los ojos de la virtud y la razón también proscrito. Pues es un camino que conduce al debilitamiento de la justicia, o con palabras martianas, del decoro y la dignidad plenas de los seres humanos. Y cuando el valor justicia se debilita, se confunde, cambia todo el espectro de valores, pues la justicia es central a la arquitectura moral humana, como reflejo espiritual que es del principio de simetría físico, otro fundamento del Universo. La noción de lo justo permite dirimir lo que es un acto de valor de lo que es un acto de abuso, lo que es agradecimiento de lo que es sometimiento, de lo que es honestidad de lo que es cruel imprudencia… En triada perfecta con lo verdadero y con lo bello, ese dial de la justicia, de lo que es justo o no, con el que nacemos, y que se calibra durante nuestro recorrido vital, también es un mecanismo que se ajusta grupalmente: siglos hubo en que la justicia tuvo color y clase, excepto para unos pocos héroes siempre empujando la humanidad hacia el acierto. Hace más de 20 años en nuestra Patria, en quienes la constituimos y la continuamos, empezaron a abrirse grietas en estos ideales, que no se parchean con divisas ni por cuenta propia ni a crédito. Mucho menos con una comisión de cultura. Muy poco con lineamientos económicos.

martes, 16 de noviembre de 2021

moneda de una sola cara

Creo que al articulo del Dr. Agustin Lage (http://www.cubadebate.cu/opinion/2021/11/15/los-que-aman-y-los-que-odian/) tiene pobre revisión bibliográfica y llega (lleva) a sesgadas conclusiones. Intentar desacreditar la convocatoria de Archipiélago por una supuesta falta de programa, es facilismo extremo. El programa existe, desde el siglo XIX cubano, y tuvo en Martí al máximo exponente. Y las convocatorias desde los líderes del grupo han sido claras. ¿Habrá un programa más importante, más revolucionario y martiano, en la Cuba del siglo XXI, que la unidad entre cubanos, que la no discriminación por motivos de ideología, que el derecho a participar desde plurales posturas en la salvación y crecimiento de la Patria? Dijo el Apóstol: "Algo en el alma decide, en su cólera indignada, que es más vil que el que degrada a un pueblo, el que lo divide". A la división y polarización extremas entre cubanos nos han conducido: la insistencia del discurso oficial en estigmatizar como gusano, enemigo, mercenario y confundido a cualquiera que disiente y lo expresa; el uso de las leyes y sus garantes para la persecución por causas políticas; la negación del acceso a cualquier medio de difusión de ideas de quienes no forman parte de la selecta cofradía de alineados con el gobierno y sus métodos; el estancamiento económico y social del país; la no renovación de una casta dirigente, que a pesar de ser responsable de errores irreparables, sobre todo el de haber malbaratado las esperanzas y el tiempo de sus gobernados, es absolutamente capaz de autoperpetuarse mediante el veto de cualquier propuesta de liderazgo alternativo; y por último menciono, sin ser exhaustivo en esta enumeración, el no reconocimiento de la comunidad cubana en el exterior como parte indispensable de la nación, con igualdad de derechos, siempre vapuleada a pesar de su primordial contribución financiera. Dicha polarización ha sido fuente de inestabilidad en el pasado, y ofrece la mayor garantía de inestabilidad en el futuro, y alimentándose en ella continuarán al acecho los intereses imperialistas. Fomentar, justificar, ignorar, la división entre cubanos es también hacerle el juego a intereses foráneos. Y nada es más divisivo que la negación y el castigo de la pluralidad, de lo uno en lo diverso. “Sería el colmo de la locura pretender hacer que todos los hombres pensasen de una manera uniforme sobre la metafísica. Se podría subyugar con mucha mayor facilidad al universo entero mediante las armas que subyugar a todas las conciencias de una sola ciudad.” Esto lo dijo Voltaire en el siglo de las luces. Parece nuestros propios "iluminados", los que nunca se equivocan y tienen permiso para rectificar eternamente, han preferido, a sabiendas que no pueden subyugar las conciencias, usar el poder de las armas, de la chusmería, del griterío, de la intimidación, de la bajeza, para mantener en calma aparente una sociedad. Y algunos ilustres nombres se prestan para ello. Ya en la historia existen muchos científicos, artistas, figuras eminentes, cuyo lustre ha sido demasiado parcial, que se alinean, a pesar de la clarividencia que muestran para una faceta de la realidad, con las fuerzas oscuras que atacan perniciosamente la esencia humana. Esto lo digo no para buscar manchas en el sol, esas que provocan lluvias tenebrosas de partículas y son vigiladas por los astrónomos con minuciosidad debido al catastrófico impacto en la Tierra, sino para enfatizar en que la verdad no está en una sola cara de la moneda, que un hombre que acierta en la inmunología, con el mismo empeño puede desacertar en política o en derechos humanos, sobre todo si el fácil acceso que tiene a los medios de mayor alcance en la comunidad interesada, es usado para intentar sepultar más aún la voz de quienes no tienen ni han tenido derecho a réplica.

lunes, 16 de agosto de 2021

converger

Toca converger, dejar de lado ciertos escrúpulos. Para quienes han tratado de encontrar puntos de convergencia con las Instituciones, especialmente el PCC, eso solo ha significado impotencia. Ya el PCC y sus adalides han dado claros pasos para demostrar quiénes son, cuáles son sus límites, crecientes, centrífugos, fagocitantes. La convergencia tiene que ser entre nosotros, los que siempre estamos 'confundidos', a un lado y otro de las aguas saladas, contra esa autosuficiencia que todo lo convierte en amenaza, y usa la bajeza y la violencia para aplastarnos. Cuando seamos más fuertes, entonces no les quedará más remedio que asumirnos como interlocutores.

Toca converger en acciones de emplazamiento público del gobierno, para abocarlo a su irresolutividad, no solo desde trincheras ideológicas o deontológicas sino pragmatistas, tales como: el papel fundamental de la emigración en el sostén económico y cultural de la nación (incluso los otaolistas en su mayoría viajan a Cuba y remesan); errores en la conducción que han derivado en desaprovechamiento de oportunidades, actuaciones a destiempo, (y esto sería más eficaz si se hace a partir de pronunciamientos grupales emanados de los diversos sectores calificados, como los economistas, los artistas, los médicos); exposición de la crisis de liderazgo dentro de las filas continuistas y re-involucionarias, mediante análisis de sus decisiones particulares, modo de vida, los equipos formados durante el desempeño de responsabilidades anteriores (llenos de 'tronados', corruptos, emigrantes), lazos de intereses y favoritismos creados, y sobre todo, de su connivencia en el pasado con otras estrategias fallidas que demuestran su falta de creatividad, su pasividad a lo largo del tiempo para poder mantenerse en la esfera de la dirigencia: ahi están los periódicos, los videos, donde se vería al propio Diaz Canel atando las fuerzas productivas. Más importante aún sería la divulgación de los posibles liderazgos emergentes. Yo creo en los apabullados centristas, y solo pido de ustedes que salten al centro, que asuman ese liderazgo sin tapujos, aunque pareciera que eso los empuja fuera del centro. Si no se hace, queda un vacío, ha ido quedando un vacío, que es ocupado por figuras cuya veleidad narcisista es más fuerte que el deseo de servir. Quizá ese temor al vacío sea el punto en común más fuerte con el estamento decadentista-continuista.

Es necesario converger, intentar llegar a los espacios que fuera de Cuba, pero con extraordinario consumo adentro, intentan nuclear a los cubanos en dos polos que se quieren opuestos. Mostrar los rostros en Miami de quienes desde dentro de Cuba, están dispuestos a transitar el viacrucis para arrancar la nación del vórtice re-involucionario. Habrá que llegar a Otaola, y sobre todo, a Carlos Lazo, ambos mancomunados en su adscripción a un solo lado de las cosas. Yo estoy contra el bloqueo, creo que es el sentir que prima en este Archipiélago, y la anexión me parece un sueño de niños amedrentados. Pero no entiendo que Carlos Lazo no use el capital político amasado en Cuba para decir siquiera que los cubanos también tienen derecho a protestarle al gobierno cubano, derecho gracias al cual él puede en USA hacer campaña contra leyes y políticas, y que el reconocimiento de ese derecho a los cubanos sería el paso más cierto contra el bloqueo. Que no reconozca que el propio Diaz Canel, con su llamado a la violencia y al enfrentamiento entre cubanos, fue quien le dio el mayor puntapié a sus Puentes de Amor, me parece o demasiado cálculo frío o egolatría.

Toca converger en torno a un relato común, que no inició ni el 11 de julio, ni el 27 de noviembre, ni en la comuna de San Isidro, sino antes, cuando todos los gestos heroicos y contestarios caían en el vacío. Hay que apelar a los que han sobrevivido, muchas veces agotados, a una vida de oposición, en Cuba o ya en el extranjero, y con más fuerza aún, a los que ya están muertos. Y a eso tienen que atreverse las voces más autorizadas, las más analíticas, dejando de ver a Cuba solo como un problema antropológico, o como un dilema económico/sentimental. Verla como un país en plena efervescencia de la que todos somos parte, con plena conciencia de que lo que se diga desde las tribunas que su conocimiento y valor personal ha logrado agenciarles, no es para ocupar espacio en libros, sino para movilizar el corazón de más personas en pos de un bien común, de un destino para la Patria ajeno a círculos viciosos, cuadros omnipotentes, indolencia ciudadana o pusilanimidad intelectual.

Converjamos en el reconocimiento de que el estado de decadencia de la nación es multifactorial y que el presente es resultado de nuestras cubanas y propias acciones o abstenciones en el pasado. Algunas de las causas fundamentales a mi criterio serían: 1) el país ha sido mal conducido económicamente en medio del asedio norteamericano, con estrategias voluntaristas, dependentistas y tremendistas, 2) se ha sembrado división por motivos geográficos y políticos entre los cubanos, 3) se ha desconfiado de la capacidad de todos para el autogobierno, adulterando las vías democráticos de competencia y participación, predeterminando la elección de los decisores mediante mecanismos monárquicos, demagógicos y clientelistas que priorizan como criterios de selección la fidelidad, sumisión, no confrontación, y la ¨pureza¨ ideológica, por sobre los talentos para la solución creativa y eficiente de los problemas, 4) porque se ha subordinado la salida del subdesarrollo material al facilismo de contar con una homogeneidad ideológica y se ha preferido la seguridad paternalista al respeto a la dignidad y la libertad creadoras.

Converjamos en torno a nuestro deseo de una nación verdaderamente democrática en la que haya balance entre la dignidad de los individuos y la de la patria, en la que estos puedan participar de modo directo en la elección de sus representantes sin ningún censor del juicio político de los ciudadanos; de una nación elevada sobre la unión del espíritu y la participación de obra y palabra de los cubanos dondequiera que estén, y de la vigencia e imprescriptibilidad de sus derechos de nacimiento a lo largo del territorio nacional, y de la defensa de sus derechos humanos dondequiera se encuentran. Una nación donde se premie el servicio de los diferentes talentos, primero que nada, con la ilimitada posibilidad de su ejercicio en cualquiera de los ámbitos de la vida nacional y desde cualquier nivel jerárquico del estado y la sociedad, este ejercicio solo restringido por principios éticos que tengan como pilares el respeto a la dignidad humana y al arbitrio de la conciencia. Una nación donde los políticos, los decisores, los administradores, los asesores, tengan que prometer y comprometerse, y luego someterse al enjuiciamiento de su desempeño, por parte de superiores y subordinados, siendo el pueblo, sin distinciones de credo, raza, sexo o deseo, mediante elecciones, denuncias, manifestaciones, quién ejercerá la máxima potestad como único soberano. Y finalmente una nación que declarará y obrará según su irrevocable vocación y adscripción hacia una política de respeto mutuo entre naciones, mediante el reconocimiento de diferencias de cultura, geografía, historia y grado de desarrollo, pero con absoluta fe en la posibilidad de aprendizaje, perfeccionamiento, emulación, que sirven a la construcción de una particular identidad, siempre minimizando los antagonismos en pos de la colaboración y la paz.