martes, 15 de septiembre de 2020
miércoles, 9 de septiembre de 2020
¿llegó la reunificación?-post en elaboración
en torno a la reunificacion monetaria, recuerdo claramente cuando empezo a
anunciarse. El paso de los anos me ha confirmado en la idea que entrevi en
aquel entonces. Mas importante que el imperativo economico para una
reunificacion, ha sido el trasfondo "ideologico" en torno a aquel.
Cuando se pregono la reunificacion inicialmente, se le de dieron visos de
panacea, quizas por ignorancia, quizas maquiavelicamente. Se levanto una falsa
esperanza, pero esperanza al fin, y para la mayoria neofita en asuntos
financieros, por demas acostumbrada al fidelismo milagrero, el dia cero seria
un salto casi tan conduntente como la zafra de los diez millones. O porque se
dieron cuenta en las altas esferas, escuchando voces sabias, de que no iba a
ser asi, o porque se dieron cuenta escuchando a sus interiores diablitos
acobardados de que el tanganazo de la decepcion no podrian resolverlo con
confituras eslavas o venezolanas, empezo otra campana sobre lo dificil y
complejo que resultaria el proceso de reunificacion. Empezo sotto voce a
colarse la informacion sobre las consecuencias que dejaria la anunciada panacea
para un sector, mayoritario y pobre: en el mejor de los casos solo seria un
placebo, nada cambiaria, pero sin despejar la duda si no resultaria en realidad
un veneno. Creo que tras bambalinas se armaria un corre corre, acelerando el
proceso de "exprimicion" del magro juguito del cuc y el cup para que
rindiera todo el usd posible, antes de que llegara el dia de la simbiosis. La
doble moneda es un mecanismo idoneo para el robo a dos manos, para el lavado de
ganancias, asi que los vivarachos del poder y los cucacarachos que medran a su
sombra, aceleraron los trapiches apercibidos de que ya estaba anunciado el fin
de la gallinita de los huevos de papel. Quizas el anuncio, y luego la
contencion solo sirvio para eso, para avisarle a los aviesos avisados. Han sido
seis anos, apuntalados por el intento de normalizacion auspiciado por San
Lazaro, en que el cuc exprimido acabo perdiendo todo su valor. Ya la gente tomo
nocion de que nada cambiara en lo inmediato y quizas mediato con la
reunificacion, asi que han vuelto los anuncios del dia 0, justo en el preciso
momento en que el 0 se ha vuelto realidad, ya caso no hay nada que reunificar,
pues solo nada puede reunificarse con la nada. Pero siempre la idea de un cambio,
en un lugar estatico, es algo noticeable no?
totalitarismos
lunes, 17 de agosto de 2020
los desterrados
Una patria es un aprendizaje
una patria es como un oficio
cambiar de patria es cambiar de oficio
nosotros fuimos más allá
cambiamos de patria y oficio a la vez
y aun así
no queríamos no pudimos
cambiar de nosotros
—otra vez reunidos en la experiencia
de cuerpos/hábitos/mentes,
países mutuos, parajes cómplices,
hallando belleza a pesar de todo
—de todo lo ausente y todo lo presente—
encadenados a la roca del tiempo
en la única tierra prometida.
viernes, 14 de agosto de 2020
monstruos de feria
Creo que el patrón que sigue este artículo podría también aplicarse a análisis sobre Hitler, Gerardo Machado, Duvalier, a todos los “buenos hombres hasta un día” en que matan, o roban, o maltratan a sus hijos, y así continuar haciendo la vista gorda a todas las caídas, las decadencias, los derrumbamientos, la frustración, los fracasos –no solo de un momento, en una tarea, sino de una utopía, de un ideal multigeneracional– con el propósito de resaltar la cualidad singular, feriable, de los déspotas. Como dijo el filósofo pesimista, “Fracasar en la vida, esto se olvida con demasiada frecuencia, no es tan fácil: se precisa una larga tradición, un largo entrenamiento, el trabajo de varias generaciones”. Y ahí estuvo el comandante, con su predecesor Batista, educando al menos a tres generaciones de cubanos en cómo convertir los reveses en victorias. Lo que reprocho es que se haya estado tan cerca de instaurar ese ideal y que el hubris narcisista nos empujase a una sima más profunda que no permite parir siquiera una nueva revolución, luego de decenios de adoctrinamiento en que se deslegitimó la lucha verdadera con la "luchita", y la justicia con el igualitarismo, y el pensamiento y su expresión valiente con el terror al enemigo y la construida infalibilidad unánime desde/para el liderazgo. Me parece cómplice usar lindas frases en el artículo como “ninguna estructura fue capaz de sujetar(lo)”, en vez de decir que se defecó estentóreamente en cada estructura que creó, lapsos enormes sin reunirse siquiera el consejo de estado, moviendo sus edecanes y aguantapalanganas desde el grupo de apoyo a los ministerios, a los boquirrubios desde soldados rasos a empresas por las que pasaba la sobrevivencia del país.
A la mente me viene un fragmento de Martí: “Y si a los españoles, por ser españoles, los ataco, mi padre saldría de la tumba, y me diría: parricida. Pero el mal gobierno, la opresión, la ignorancia en que vivimos, la miseria moral a que se nos condena, esto ¡padre mío! no eres tú, eso no es España, sino otro país; eso es infamia y abominación, y dondequiera que lo encontraras lo has de acabar.”
En el Tao Te King ya alguien enunció: Ambas cosas, ser y no-ser, tienen el mismo origen, aunque distinto nombre. En su Balada de la Cárcel de Reading Oscar Wilde testificó: Cada hombre mata lo que ama. Marcos en su Evangelio recoge: El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado.
En el artículo, como igual hizo la figura cuyo onomástico se pretende recordar, se olvida que hacer el bien un día no exime de la responsabilidad de hacer el bien (y hacer las cosas bien) todos los días. Si habría habido absolución hasta el punto en que nos arrimaron a la luz, habrá condena desde el punto en que nos devolvieron la sombra. La Historia y las historias están llenas de nombres, de gente que de eso necesita, y nosotros los repetimos, como hijos de esas historias. Apenas estamos saliendo de los siglos de la fuerza y la abominación y el oscurantismo, en que el tamaño de una espada ha bastado para convertirse en lección en las aulas. Siglos vendrán, en que terminaremos por aprender que hasta allá habremos llegado no gracias a esos, sino a pesar de ellos.
Y a propósito de las palabras finales, donde se avizora que la solución sería quizás la multiplicación del déspota, algo aplaudido por varios de los comentaristas ...
Lo estamos viviendo en Latinoamérica, cualquier intento de mejorar un “poquito” la vida de los ciudadanos, esos de los que hablo antes, es vilmente castigado por cualquier medio no importa cuán deshonesto, corrupto o salvaje sea. ¿Tenemos esperanza acaso los latinoamericanos? A veces pienso que otro Fidel haría falta en algunos lugares. No digo que la actual sociedad cubana está en sus mejores tiempos, por supuesto que no, desafortunadamente hasta podría decir que está en los peores. También me duele la miseria en mi país; aunque tiene ciertas características diferentes, es también miseria. Tenemos que mejorar ese estado a toda costa, pero no olvidando o minimizando muchas verdades objetivas y concretas.(..) Ojalá (..) podamos, a pesar de todo, construir una sociedad realmente mejor para todos. Sin copiar a esas sociedades donde reina la “libertad” y la “felicidad” solo para unos pocos. ¿Fidel multiplicado? Quizás por ahí va la solución.")
...pues repito que mi dolor es el de la esperanza malbaratada, casi un pueblo unánime confiando, dispuesto a sacrificios, agradecidos por la transformación que se obro en él. Para llegar al punto en que esa bondad, esa voluntad del pueblo, empieza a obrar contra el pueblo mismo. Siempre imagino una familia como representación del dilema de cuba, que no es único en la historia, sino repetido, y bien condensado en adagios "de buenas intenciones esta preñado el camino del infierno", "aquellas aguas trajeron estos lodos" "cuando el infierno son los demás el paraíso no es uno mismo" "el sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado". El caso de esa familia, es que tuvo un padre y una madre entregados, sabios, protectores, durante la infancia de ese hijo, pero el hijo crece y llega a adolescente, y el padre y la madre siguen tomando todas las decisiones, interviniendo en todos los asuntos, limitando las posibilidades de aprendizaje y desarrollo del hijo, y el hijo es adulto y los padres siguen siendo cada vez el eje, lo importante de la familia, ellos son la familia, el hijo es solo un comodín que les permite ser familia más allá de matrimonio, no puede mudarse de la casa, todo el tiempo depende del salario del padre y la madre, ellos median en todas sus interacciones. A esta altura de la historia de esa familia, el que fue niño feliz ya es un adulto infeliz e incapaz, que se resiente de sus padres, y aquí podrían redactarse otra vez la carta de kafka al padre o el cuento Amor filial de un parricida, de Proust. En la progresión del conflicto los padres dejan de ser buenos a los ojos del hijo y a los ojos externos, y los padres, lejos de ser recordados como garantes de una infancia feliz pasan a ser rencorosa memoria de una posibilidad de vida destruida. Podría estar de acuerdo con un fidel multiplicado si no fuera simultanea dicha replicación, si un nuevo fidel apareciera para relevar al fidel que empieza a envejecer y se obsesiona con prolongar el triunfo de sus visiones, decisiones y razones a pesar de la transformación de las circunstancias. Claro, de estos fideles secuenciales me preocuparía los métodos que emplearían para destronar al anterior, dudas no me caben de que fidel habría sido su más inveterado opositor, pero el exceso de beligerancia en la personalidad de cualesquiera de estos clones hace más que previsible una inestabilidad cíclica bien agotadora para la historia de ese experimento de país. Si aparecieron juntos todos los fideles multiplicados en el mismo país, sería un gran desastre, sin dudas pelearían entre ellos por monopolizar la atención y la conducción de la acción, cada uno convencido de la preponderancia de sus brillantes ideas sobre las de los otros, o por el contrario, cada clon lograría obsesionar a algún otro de la camada con alguna de sus ideas, uno con el pastoreo racional Voisin, otro con la zeolita, otro con la moringa, otro con la biotecnología, otro con la revolución energética, otro con la voluntad hidráulica, otro con la impagable deuda externa, etc..ad infinitum, y así cada cubano tendría que ser abanderado de infinitos proyectos, o cada cubano especializarse en un fidel-proyecto a la vez hasta la extenuación. Una vez escuche a alguien decir que, si las ideas del budismo sobre la reencarnación fuesen ciertas, pues le gustaría que fidel reencarnara como fidel, que volviera al sansara con su mismo nombre y aspecto, para poder reconocerlo rápidamente, y que apenas lo reconociese, pues mudarse a otro país. Era por supuesto una broma, pero que encierra una cuestión filosófica profunda, la de si ya el fin está encerrado, contenido en el principio, la de si, como dicen los viejos, todo está escrito, la de si, como en el cuento árabe sobre aquel que trata de burlar la muerte, un destino acaece ineluctablemente, no importa el devaneo de las circunstancias, pues cualquier acción resultará en una sumatoria vectorial que conducirá a su impostergable consecución. Usted dice que se ve tentada de decir "después se verá", el problema sería cuándo se verá, si a los diez o las veinte o a los sesenta o a los cien años, y además que cantidad de mal es equiparable a qué cantidad de bien. De otro modo se dice "el fin justifica los medios", pero cuál es el fin? cuáles medios?.
martes, 11 de agosto de 2020
pusilanimidad
Como está prohibido cambiar la realidad desde “abajo”, y solo es lícito seguir órdenes, campañas, movilizaciones, iniciativas, convocatorias, desde “arriba”, pues le hemos cambiado el significado a las palabras, de común acuerdo plebeyos y poder. En la calle, en los barrios, tras las paredes de Cuba, se lucha, el cubano dentro de sí mismo lucha, el “sistema” lucha, somos luchadores, cada uno solo, blandiendo la nueva acepción de la palabra, darwinismo lexical, contra los demás, contra el compatriota, en una lucha que es de todos contra todos y contra uno mismo también. Luchar es propina y es soborno, es hurtar y acaparar, es prostituirse y traficar, es cohechar y transigir. Luchar implica ahora, en su nueva esencia, entregarse, capitular, hacer lo que no se debe o no se quiere, hacer lo que no se ama. Ya luchar no es enarbolar un ideal, un acto noble de afirmación del ser, sino entregarse a un vicio, en un ejercicio falaz de albedrío frente a la contingencia estructural, cuando el individuo cree que no puede, ni osa, intentar resquebrajar la estructura. En esta diseminada concepción de lucha no se reacciona contra esencias sino a formas, a manifestaciones; se ha abdicado de la capacidad humana para lo elevado, lo general, lo primordial, lo trascendente, para entronizar lo particular, lo concreto, lo inmanente, lo casuístico. Si bien esta nueva lucha sigue siendo aparentemente un acto transicional para llegar a otro estado más favorable, ahora, además, es un acto transaccional, pues ha dejado de considerarse como un valor en sí mismo para conferírsele valor solo por su rendimiento inmediato en términos egocéntricos, onfalopáticos. La nueva acepción de luchar no ha sido más que una rendición capitalizable, calculada. El cubano lucha por dinero. Es un mercenarismo. Esta es la noria, aquí está la trampa donde las palabras terminan por abracarnos, donde el poder se sale otra vez con la suya y con la tuya. La voz omnipresente del régimen incrimina a todos los que luchan por Cuba sin un certificado oficial. La palabra mutó, los verdaderos mercenarios del día a día dicen que “luchan”. Quienes se oponen a la estructura que ha creado un pueblo de “luchadores” orgullosos de serlo, porque creen en otra posibilidad de realización y belleza, en otra manera de conquistar el futuro, en distinta estrategia para ser consecuentes con lo que ha legado la Historia, son llamados mercenarios por reclamar para sí el derecho a usar la vieja acepción de la palabra lucha, por atreverse a decir que luchan, por atreverse a luchar en verdad.
Algún día será, otra vez, como en esas piñaseras de cuando niño, en que el otro ganó, y te tiene abracado, y si te atreves a seguir moviéndote, te pega más, y ya eso deja de ser bronca y se convierte en abuso, y los que están alrededor, achuchando, mirando, divirtiéndose, de pronto dejan de verle sentido a la cosa, pues lo que los apasionaba era la lucha precisamente, y ahora se apiadan de ti y le gritan al guapetón que te deje, se ponen de tu parte porque, además, no pueden evitar admirar tu espíritu que no claudica e insiste en levantarse aún con la boca rota. Y luego de ese día, no será más piedad, sino que la admiración poco a poco abrirá el resquicio al respeto, a la comprensión, a la simpatía, a la confraternidad, a la cooperación. Pero todavía no. Luchar sigue siendo la otra cosa, repetida hasta el cansancio, cansancio que es el triunfo de quien le arrebató el significado a la palabra lucha. Ahora el otro todavía es un abusador, y te sigue dando y dando puño contra el suelo cada vez que te mueves o que intentas levantarte, y los que miran también te agreden, o son unos pusilánimes, que solo se atreverán a corear la victoria del abusador, nunca a identificarse con la víctima, por miedo a convertirse en víctimas ellos también de ese ser rabioso que solo quiere tener acólitos, súbditos, y que es capaz de amenazar incluso a los inocentes, familia, amigos, con tal de humillar y asustar aún más al que está en suelo, a los que están mirando… o a los que simplemente no miran, porque ya saben que eso no es una pelea, sino el acto de uno solo, donde todo está trucado de antemano (como dijo Prévert en su poema del combate contra el ángel). Y así, el peleador del piso también está solo, siempre ha estado solo. Condenado al ostracismo o al destierro. Aunque en ambos casos, dichos castigos, ostracismo y destierro, dichas palabras para designarlos, también designan otra cosa, al carecer del apropiado ideal de civilidad precedente, pues también este ideal, esta palabra, ha sido castrada. En consecuencia, el castigo que sobreviene al que está en el piso, al destruido pero jamás derrotado según el axioma heminwayano, ese castigo es algo más parecido a la jaula en la plaza pública del medioevo, porque lleva escarnio, movimientos vigilados a perpetuidad, ya que la culpa por haber luchado en la vieja y verdadera acepción de la palabra, que es siempre resistir al abusador, plantarle mente y cuerpo a la injusticia, ni expira ni se expía. Lo mismo en la isla que lejos de ella (en Miami especialmente) se ha construido una gran jaula en la mente colectiva de quienes habitan Cuba, una picota, una pasarela, a donde todavía se arrojan huevos, improperios, consignas, golpes. Por eso la mayoría aun volteamos la cara, nos alejamos de la palestra, apartamos, cómplices, nuestras vidas de esa pelea sucia. Por eso cambiamos el significado a las palabras, "luchando" cuando aceptamos que toda lucha que no esté al servicio de los poderosos “iluminados” está deslegitimada, llamando "enemigo", "mercenario", "contrarrevolucionario", "hipercrítico" a los que como preclaros doctores han predicho y denunciado el advenimiento de la decadencia de un pueblo, de un ideal de Patria, quitándoles con saña el mérito de auténticos luchadores, contingentemente desventurados. Y por eso, creyendo que nos salvamos frente al espejo, nos proclamamos luchadores nosotros, solo que a la manera de encantadas historias medievales, como solitarios héroes medievales, cada cual por su parte enfrentado contra las siete cabezas de un dragón que a cada mandoble se multiplican, tardos en comprender que la lucha en verdad comienza cuando nos atrevamos a arremeter todos juntos contra el podrido corazón.