viernes, 19 de agosto de 2022

el lamento

Ya no podré decir: éste es mi hijo.
Como un zarpazo, queda la ceniza,
cauce terrible en que mi mano atiza
los rescoldos que fueran su acertijo.

Horma de carne, pedestal vacío,
humo de sueño en la funesta brisa,
lenguas de fuego que abren su camisa
sin que el deseo goce señorío.

No lo sabía yo, ni este gentío:
nadie sabe quién porta la honda llama
cuando la vida algún campeón reclama
contra Muerte que avanza su albedrío.

Mas fuiste tú, soflama en la soflama,
otro guijarro en el enhiesto río
a quien tocó en la suerte corta rama
para ser ya de todos más que mío.

Lamento de la madre de uno de los muchachos bomberos que murió intentando sofocar el incendio en la base de supertanqueros de Matanzas, Cuba, agosto de 2022.
No como homenaje, sino para exorcizar el dolor, la pesadilla. Por todos y por cada uno de ellos.

jueves, 18 de agosto de 2022

politica bayesiana

lucha pacifica

 la lucha no violenta, conto con ciertas características

1-facilidad en la autoidentificacion de los miembros del grupo: negros en USA y Sudafrica, contrapuestos a blancos, y nacionales indios contrapuestos a ingleses, los intereses de este grupo en cuanto al objetivo a lograr estaban bien definidos y eran multitudinarios, no se dio escenario de guerra civil al interior de estos grupos, como sucedió en las revoluciones americanas

2-los sujetos que detentan el poder que es contestado en la lucha pacifica, no tienen mucho que perder como individuos o clase, los ingleses no dejarían de serlo, no perderían comodidades o puestos al regresar a la colonia, ni los norteamericanos blancos y mucho menos los dirigentes o legisladores, ni los blancos de Sudáfrica perderían sus ahorros, su estatus racial o de clase

3- un lider con autoridad moral claramente identificable

4- 


no hacemos cerebro no cambiamos ideas no modificamos sentimientos. todo tiene que surgir dentro. quizás minúscula, pero una pequeña vibración en nuestro interior tiene el poder de cambiar el próximo segundo. sin esa vibración seguiremos viendo, pensando y sintiendo lo mismo, no importa quien diga o haga qué. YTR



el gran problema

En este artículo (https://jovencuba.com/miedo-devora-alma/) hay un resumen bien claro de problemas que requieren ser atacados con medidas tan urgentes o más que las económicas si se pretende que despegue la economía del país. En mi caso, hace ya más de 10 años, comprendí que argüía, debatía, repetía, no frente a oídos sordos, sino más bien cómplices. Y que la solución no estaba en atreverse aisladamente a la discusión del tema Cuba en público. Sino en lograr mecanismos de convergencia y concertación de voluntades afines para detener los desmanes de los reinvolucionarios de oficio, para detener la decadencia y haitianización de la nación cubana. Esa posibilidad siempre es vilipendiada desde el poder, y ha sido ilegal o ilegalizada sistemáticamente -este no es un problema menor frente a los problemas economicos- como mecanismo de perpetuación de la propia estructura y sus adlateres que constituyen el gran problema a resolver.

anticomunismo

 Y no soy anticomunista por ninguna razón, ni ideológica, ni política, ni moral, ni histórica. Mi padre es militante, muy buenos amigos lo son, personas a las que respeto y admiro lo son, algunos incluso han sido cuadros en los niveles más básicos. A mi manera, creer que la utopía comunista es la culpable de los desmanes que puedan haberse cometido en su nombre es como culpar a Jesús de los desmanes que puedan haber cometido en su nombre los humanos. Lo he repetido antes aquí: el Sábado para el hombre y no el hombre para el Sábado (Marcos 2:27). También lo he repetido aquí: los valores, las virtudes, los antivalores, los vicios, se dan en un continuo muchas veces, en un espectro. Por ejemplo. firmeza, persistencia, perseverancia, obstinación, inflexibilidad, encaprichamiento, dogmatismo. Y la justicia, bien calibrada dentro de cada cual, permite ubicar el dial hacia un extremo o el otro a la hora de juzgar una acción. La buena política es el arte de saber obrar en el instante para poder obrar con mayor libertad-certeza-armonía-belleza-justicia, en el futuro. Y ahí la palabra clave es ´futuro´. Un futuro de un año, de cinco, de quince, de cincuenta, de cien…? En ciertos aspectos la política, así como la describo en este párrafo no es diferente de cualquier acción humana, excepto que la mayoría de las acciones humanas se circunscriben a un futuro bien cercano y personal, y si lejano, no más que una o dos generaciones emparentadas por delante. Por eso la buena política debería también tener ciertas cotas de tiempo, tomando como fundamento cuánto dura la vida humana. No hablo aquí de comprometer un futuro lejano en pos de uno cercano, si bien en el largo plazo eso ha ocurrido demasiado poco en la historia, pues las abundancias, las inopias, suelen alternarse, y el destino del mundo es cada vez más colectivo, (siempre lo fue o no: fuimos esclavistas a la vez, feudales a la vez, terraplanistas a la vez…etc). La mayoría de las decisiones políticas no son de ese ´transhumano´calibre, y tampoco hay que temer que los hombres y mujeres del futuro serán de algodón, sino que también llegaran a ser dueños de sus destinos y que tomaran decisiones políticas oportunas para ellos, y para enderezar los entuertos que les dejemos nosotros (se del peligro climático, del nuclear, esas damoclesianas espadas que penden sobre el desarrollo y la soberbia humanas). Pero la buena política no puede ser como la del faraón que quiere construir su pirámide, gran obra, maravilla del mundo, increíble, eterna, sin nada que se le oponga excepto la propia piedra, pesada, o escasa. El político tiene que saber bajar la cabeza, y echarse a un lado, o ponerse al frente de los suyos, o criticar a otros idos o por venir, si así logra domeñar el instante en pos de ese futuro que es bueno o mejor para los otros: para los otros que están a su lado, y que son el cuerpo que está realmente capeando los instantes. La política no puede hacerse siempre a la sombra de la calamidad futura, ni a la sombra de la pirámide, para cuando la contemplen esos que vivirán de aquí a cuántos años.

El comunismo es tan bueno para navegar como lo fueron las especias o el vellocino, pero hay que navegar con barcos de palo y con marineros ávidos de tesoros y aventuras y sabiendo que hay piratas y ciclones y aunque los barcos de palo los fabrique gente que muchas veces no navega. Yo creo que el proceso histórico de la revolución, con Fidel al frente, ha sido el culmen de nuestra historia. Me regaló a mí, como cubano, un sentido de identidad, de pertenencia, de esencia y agencia en el sistema mundo, como no pueden lograrlo ni diez mil congas ni puercos asados ni juegos de pelota. Yo sé que sí existen los hombres nuevos. Que no son perfectos. Y tampoco son carneros amaestrados para aplaudir. Que han querido estudiar y trabajar solo por el placer de hacerlo y servir bien y no para ganar un renombre y mucho menos dinero. Que no ven a gente inferior ni superior por su color, o su nacimiento, o su caudal, pues nunca se interesan por esas cosas, sino por la índole especialmente buena o desgraciadamente jodida de cada quien. Un nuevo ser humano más bien estoico, que no ve su propia vida mejor o peor segun la falta de abundancia, que no se juzga a sí mismo por las cosas materiales que logra acopiar. En fin, esos con los que se podría navegar hasta la eternidad. Pero navegar, no remar. Navegar, y si toca estar al pairo esperando el buen viento, aplaudir al viento y no al capitán. Y cuando aparecen Escilas y Caribdis, no evitarán el paso entre los dos monstruos, ni dividirán al barco en dos, ni escogerán cual monstruo es más heroicamente conveniente para luchar o dejarse devorar, sino que navegarán y dejarán a cada monstruo su propio afán. Cuando hablo de reinvolución y decadencia, no estoy esgrimiendo razones anticomunistas. A mi criterio, algunas de las causas fundamentales del deterioro económico, social y de valores en el país, conjuntamente con el irresuelto diferendo con los EEUU, y con la comunidad cubana en el exterior, serian: 1) el país ha sido mal conducido económicamente en medio del asedio y bloqueo norteamericano, con estrategias voluntaristas, dependentistas y tremendistas; 2) se ha sembrado división por motivos políticos entre los cubanos; 3) se ha desconfiado de la capacidad para el autogobierno, adulterando vías de participación popular, y predeterminando la elección de los decisores mediante mecanismos pseudomonárquicos, que priorizan como criterios de selección la fidelidad, la ¨pureza¨ ideológica, por sobre los talentos para la solución creativa y eficiente de los problemas; 4) se ha subordinado la salida del subdesarrollo material al facilismo de contar con una homogeneidad ideológica y se ha preferido la seguridad paternalista al respeto a la dignidad y la libertad creadoras, desvirtuando el balance que debe existir entre la dignidad de los individuos y la dignidad de la patria; 5) se ha adulterado la noción de justicia y de lo justo en las personas y en la sociedad a partir de acciones refrendadas desde un poder incontestado que obra como juez y parte, castiga y vilipendia cualquier forma de crítica, oposición justificada o iniciativa política, propone sucedáneos facilistas-reduccionistas, tales como igualdad, unanimidad, populismo, como indicadores de  justicia social, o métodos de autovalidación y construcción de consensos; 6) autoindulgencia perpetua bajo el credo de plaza sitiada. Creo en el papel del estado garantizando derechos, con socialización de la educación, la salud, la seguridad social. Pero también en la fiscalización de la actividad de gobierno a través de prensa pública y la acción concertada de los ciudadanos. En un modelo donde los dirigentes no puedan ser juez y parte, ´hackeando´ los mecanismos de concertación para mantenerse como paladines. Un modelo donde la nación no esté dividida por factores de geografía, ideología, metodología, capacidad de simulación, o sintonía con los líderes. En un modelo antiinjerencista, antiguerrerista, con conciencia ambiental, y con absoluta fe en la posibilidad de aprendizaje de los pueblos, perfeccionamiento, y emulación de ejemplos en la historia del mundo, en servicio para la construcción de una particular identidad, minimizando antagonismos, maximizando la colaboración y la paz.

contrato social reinvolucionario

 A Jorge Luis Borges le gustaba repetir (más de 5 veces en diferentes ensayos) aquello de Coleridge de que "la fe poética es una suspensión voluntaria de la incredulidad." A Eduardo Heras le escuche hablar del contrato ficcional, de ese tácito acuerdo entre autor y lector, donde el segundo echará a un lado el descreimiento para revivir la historia que le propone el primero. En esos planteamientos hay pistas claras de lo que la ficción es. En la posverdad ambas partes no son conscientes de lo acordado. Borges, analizando Don Quijote, hacía el siguiente hincapié, sin asegurar que se cumpliera para toda la literatura: "no sé si podemos encontrar un solo libro, un buen libro, del que aceptemos el argumento aunque no aceptemos los personajes. Creo que eso no ocurre nunca, creo que para aceptar un libro tenemos que aceptar a su personaje central. Y podemos pensar que estamos interesados en las aventuras, pero en realidad estamos más interesados en el héroe." Según han dicho varios, la realidad imita a la ficción. Yo creo que sí, que hay momentos en cualquier historia personal o colectiva, cuya intensidad desborda la realidad minuciosa, toda esa madeja de tiranías simultáneas que supone vivir de instante a instante. Entonces, como en una novela, todo parece posible, se embridan las dudas, acaece el héroe, acaso el héroe somos nosotros. Pero el género ficción, y el género realidad, generalmente están bien delimitados. Siempre hay un nicho para posverdades en ese limbo entre ambos, donde, con el gancho rutilante de la heroico y del héroe, haciéndonos sentir que todo es original y acuciante, alguien intentará cosechar para sí el beneficio de nuestra suspendida incredulidad. El contrato social de los cubanos se ha convertido en la relación del buen lector con un mal autor, que alguna vez fue amigo: ponemos en suspenso todas nuestras dudas, y de la mano de su trama aceptamos las nuevas convenciones, pero poco a poco dejan de gustarnos los personajes, las inconsistencias del relato producen con demasiada frecuencia intromisiones del sentido común de la realidad, descubrimos que el propio autor no creía en su mundo, sino que lo formulaba por el mero placer de elevarse por encima de nosotros, de someternos en él. Y lo que empezó como inducción, ahora es obligación, exigencia, como a la entrada del Infierno de Dante, donde además del abandono de la esperanza, es necesario el abandono del juicio, para que parezca valedero lo que se inventa.