14 nov 2018
Estoy pensando que no debe ser otra vez la Patria, por boca de un grupo
de selectos (o seleccionados?) patriotas, la que grita por la dignidad
mancillada de los médicos cubanos en Brasil, sino que correponde a cada
de uno de esos médicos decidir, dignamente, si prefieren continuar alli
prestando su ayuda solidaria (con mejor salario y familia a su lado) a
regresar a Cuba en estampida para lavar no se sabe cual afrenta. No se
puede enarbolar la dignidad de la Nación por encima de la dignidad de
quienes la componen,
jueves, 28 de febrero de 2019
post referendo
Habemus nueva Constitución. Aunque creo que podríamos haber contado con
una mejor, sé que la recién aprobada es en mucho superior a la vieja.
Ahora comienza la otra batalla, la de hacer que su texto obre a través
de la mejor de las interpretaciones posibles, sin cierto tipo de
atemperaciones que en última instancia demostrarían la desconfianza de
los gobernantes hacia los gobernados, hacia nuestra capacidad para
tensarnos en pos de lo ideal sin destruirlo -de ese modo convirtiéndose
ellos por adelantado en los únicos sujetos de la paradoja. Transformar
sin medias tintas la constitución en leyes e instituciones que responden
al ideal de una Patria martiana donde se rinda culto a la dignidad
plena del hombre, sería lo verdaderamente revolucionario. Leyes,
acciones, que no aumenten el peso de las diferencias y la polarización,
en temas que no deben ser motivo de sectarismo ideológico, pues son
sencillamente consustanciales a lo que los seres humanos hemos llegado a
ser, en lo que hemos devenido. Como mismo no tiene defensa ideológica
en el mundo hoy, el tener esclavos y matarlos por ofender a su señor, no
la tiene el irrespeto al derecho de una persona de pensar y expresarse
sin temor ni hipocresía. Y las personas piensan y se expresan en función
de su capacidad de comunicación, la cual a su vez es una función de la
vida en sociedad. Quienes detentan el poder no pueden eximirse a sí
mismos (ni ser eximidos) de ser advertidos, cuestionados, emplazados y
reemplazados, por sus gobernados, refugiandose en la creencia obtusa de
que tienen una verdad absoluta y un encargo intransferible. Y no está a
la altura de la dignidad humana conseguida tras siglos de lucha y
pensamiento, impedir que los individuos logren consensos entre sí,
expresándose y comunicándose, para defender una idea, o para derrotarla.
Cuando Fidel habló de la posibilidad de que la Revolución fuese
destruida por los propios revolucionarios, llegó a una conclusión muy
antigua. En el Tao Te King ya alguien enunció: Ambas cosas, ser y
no-ser, tienen el mismo origen, aunque distinto nombre. En su Balada de
la Cárcel de reading Oscar Wilde testificó: Cada hombre mata lo que ama.
Marcos en su Evangelio recoge: El sábado se hizo para el hombre, y no
el hombre para el sábado. Puede ser destruida la Revolución por los
propios revolucionarios no porque estos se pasarían al bando enemigo
sino porque creyendo en su propia interpretación de lo que es la
Revolución y lo que es ser revolucionario, y de esas dos ideas
enamorados, se vuelven celosos del amor o el desamor de los otros, sin
ver que la Patria, en contra de lo que dicte la experiencia personal,
debe ser novia de todos. Y porque muchas veces esa interpretación de lo
que la Revolución es y lo que ser revolucionario es, se nutre demasiado
de lo sucedido en el pasado, y hacia la repetición de pasadas
circunstancias gloriosas se vuelve. Poco a poco las fórmulas que fueron
exitosas se convierten en rituales, se adscriben a un culto (lo cual es
propio de la naturaleza humana, constreñida por la biología de nuestro
cerebro) del cual los oficiantes tienden a olvidar la esencia. Una
Revolución se hace contra el pasado y es sobre todo una máquina de
futuro. Pongamos el instrumento que la Revolución es, que la nueva
Constitución es, al servicio de nuestro futuro, no a servicio de nuestro
pasado, lo cual no implica deshonrar nuestra memoria o nuestra
historia: nosotros no fuimos hechos para ellas, sino que ellas
acaecieron en nosotros y para nosotros.
referendo constitucional 2
24 feb 2019
Si yo viviese en Cuba, o me fuese permitido votar fuera de ella, votaría no. Es el momento, aún dentro de la Revolución, aun creyendo en ella, sintiendo cuan necesario ha sido que la viviésemos, que le diésemos vida, y que debe seguir viviendo, en que creo que ese No tendría más utilidad que un Sí. No basta con la reforma propuesta, no basta con confiar en la buena voluntad de los máximos dirigentes, no basta con denunciar al enemigo externo y estar siempre alertas. Aquellas aguas trajeron estos lodos, de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno, cuando el infierno son los otros el paraíso no es uno mismo, el diablo está en los detalles. Todo lo que ha pasado antes pasó porque podía pasar, porque permitimos que pasara sin que se denunciara el quebrantamiento de una ley ni hiciera falta un juicio. Millones de veces y de voces callamos por respeto, por agradecimiento, por admiración, por dudar de nosotros mismos. Y si alzábamos la voz muy pronto se nos enseñaba la puerta. El vicio del poder, que es siempre hacer fácil su camino, de manera inocente si se quiere, cambió algunas esencias por sucedáneos. Más fácil instaurar el reino de la igualdad que el de la justicia, ¿no es cierto?. También poco a poco nos acostumbramos a que, en nombre de un ideal de justicia, era justo callar a algunos, era justo que los jueces fueran parte, era justo que desde una asimetría informativa desproporcionada se nos pidiese respaldar nuestros criterios... en fin, nos acostumbramos a que la nueva justicia tuviese tales cotas o acotaciones...se nos movió el dial de la justicia de lugar, y a partir de allí muchas cosas cambiaron, al ser el valor o ideal humano de justicia central a todos los demás ⸻lo que permite dirimir en nuestros corazones los matices de lo bueno y de lo malo: valentía/abuso, generosidad/despilfarro, agradecimiento/sometimiento... Cosas esencialmente injustas empiezan a tomarse por justas, y la dignidad se vuelve motivo de risa y atropello. Por eso aún creo que una orientación economicista no resuelve o resolverá los problemas nuestros, que son fundamentalmente éticos y políticos... como me decían mis abuelos, antes había más hambre y necesidad y la gente robaba menos. Los mismos dirigentes que hoy nos piden desesperadamente votar Sí porque es supuestamente la salvación de la Patria, son los mismos que durante años han atropellado la constitución del 76, los mismos que han soslayado y tratado de acallar las voces de los hombres que llevan décadas señalando la necesidad de una nueva constitución. Y como muchas veces antes, esos dirigentes llegan a tomar la decisión no por sabiduría o visión preclara, sino por necesidad, empujados por circunstancias que no han sabido prever ni manejar. Cuando los cubanos pudimos volver a entrar a los hoteles, y viajar sin permisos ni indagaciones sobre nuestra pureza ideológica, nadie dijo que ahora se permitiría porque era lo justo, pues habría sido equivalente a decir que antes esos propios dirigentes habían tomado decisiones injustas. Cuando formulan lineamientos e intentan cambiar una política no hacen promesas de cuando se verán los resultados, no empeñan su palabra para que los juzguemos por la palabra dada, como políticos que son, sino que siguen en el juego del para siempre y ad infinitum, una y otra vez intentando y achacando cada fallo al enemigo, o al pueblo que no aumenta la productividad, o a mantener una justicia superior a todas las conocidas, aunque vuelve a los hombres que entregan su vida al trabajo en ladrones "que resuelven" o en jubilados empobrecidos, que dependen de los hijos o amigos que alguna vez criticaron por querer ir a trabajar a otro lugar donde el trabajo rindiese mejores frutos. Esos mismos dirigentes que siempre piden el Sí por la Patria ayuntado al Sí para ellos mismos. Si hubiesen tenido razón al menos en los últimos 30 años, y cada Sí o cada No que nos pidieron hubiese llevado a Cuba a ser un país menos contradictorio, menos dependiente, más inclusivo y protector de todos sus hijos, donde el sueño más recurrente no hubiese llegado a ser el escapar, sino el estar y el ser, entonces esta vez habría que votar como ellos sugiriesen. Pero el más común de los sentidos me hace pensar que lo mejor sería esta vez votar en contra a como ellos quieren, quizás esa sea la solución, hacerles ver que existimos con un pensamiento diferente, con una alternativa, con una razón y una madurez propias. Ya firmamos el juramento de Baraguá, y estuvimos en mil y una marcha y tribunas abiertas y antimperialistas, votamos en elecciones sin opción de elegir, cumplimos misiones y porcientos. Pero ahora basta. Ahora no se trata de reafirmar, no se trata de espantar al enemigo que ruge en este momento, que no se ha escogido ni debida ni indebidmente, sino que es el momento quien nos ha escogido a nosotros, que de haberse hecho razonadamente debió haber sido hace muchos años, como lo saben y lo hicieron saber hombres anonimizados o escarniados por la prepotencia herida del Estado, en momentos de mayor bonanza económica y apoyo del bloque continental, y mayor neutralidad del enemigo. Y que si ahora hubiesemos hecho esta reforma constitucional de mejor manera, o se hiciese de mejor manera, que a tiempo estamos, pues podríamos decir No a este proyecto y empezar otra vez, no de cero, sino tomando en consideración lo propuesto, pues nos quitaría bastante preocupaciones sobre cualquier enemistad, al dejar, sin sombra de dudas, al pueblo empoderado, y no al grupo que con legitimidad históríca se empoderó una vez, pero que olvidó que hacer el bien un día no exime de la responsabilidad de hacer el bien (y hacer las cosas bien) todos los días, y desde hace años tuerce el decoro, la dignidad, la razón y la legalidad para continuar siendo ellos, ese grupo que detenta los poderes del Partido, el Estado y el Gobierno en Cuba, siendo ellos los que tienen la razón última, la primera prerrogativa, el total acierto, sobre los destinos de un pueblo. Ahora no se trata de reafirmar sino de crear un camino para un futuro postergado muchas veces siempre por coyunturas más urgentes. Es pedir que se vuelva sobre la nueva constitución y se haga aún mejor de lo que es, no con las adiciones sacadas del manual de “quienes quieren o intentan destruirnos”, sino con las propuestas hechas por los propios cubanos, las cuales, al buscar un mayor equilibrio al desenfreno del poder que nos gobierna, al querer una Cuba más inclusiva, pueden incidir de manera categórica en la continuidad de la Revolución y el proyecto de país a que nos conmina nuestra historia. La política en Cuba no puede seguir siendo un prolongado ejercicio de demostración de un teorema esbozado casi por inspiración, no puede seguirse haciendo para validar la razón o la bondad o la inteligencia, para absolver en definitiva, a quienes gobiernan o han gobernado el país, para que equivocándose y volviéndose a equivocar, rectifiquen o hasta que alguna circunstancia histórica favorable les haga parecer sabios. No puede seguirse haciendo política en que unos pocos arriman las brasas a su sartén, y los demás solo sirven de coro, de trasfondo uniforme, sobre el cual destacan las siluetas mesiánicas.
Tanto es así que hoy esos dirigentes caen en el sinsentido de orquestar o permitir una campaña donde optar por el No equivale a traicionar la Patria o la Revolución, que para ellos es lo mismo, cuando el No solo prorrogaría la vigencia de una constitución que ellos mismo impulsaron hace menos de 50 años, y que, antes de hoy, cualquiera que le hubiese sido tan abiertamente contrario como lo debemos ser ahora por decreto. pues habría terminado, o empezado, en la cárcel. Por supuesto mi voto negativo no sería un No estático, detenido, una acrobacia de psicología inversa, un intento de victoria pírrica. Sería un No que incitaría a continuar el movimiento, a profundizar en el intento, de hacer una Revolución, un cambio de formas viejas por nuevas, con total sentido del momento histórico, con la búsqueda de toda la justicia posible y de la probable felicidad cuando se dan los pueblos a sí mismos la oportunidad de soñar y conducir sus destinos. Yo ahora dijera no. Detengámonos. No sigamos de largo con las mismas rutinas que nos han traído hasta hoy, pues si hemos vencido sobre otros, aún no hemos vencido para nosotros mismos. Y la Revolución es grande y fue grande y lo será sobre todo por la que ha obrado en nosotros mismos. Nada se perderá, no hoy, por hacer lo que no se nos pide y lo que no se espera. Quizás más adelante en la cuesta ya no sirva de nada dar un respingo.
Si yo viviese en Cuba, o me fuese permitido votar fuera de ella, votaría no. Es el momento, aún dentro de la Revolución, aun creyendo en ella, sintiendo cuan necesario ha sido que la viviésemos, que le diésemos vida, y que debe seguir viviendo, en que creo que ese No tendría más utilidad que un Sí. No basta con la reforma propuesta, no basta con confiar en la buena voluntad de los máximos dirigentes, no basta con denunciar al enemigo externo y estar siempre alertas. Aquellas aguas trajeron estos lodos, de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno, cuando el infierno son los otros el paraíso no es uno mismo, el diablo está en los detalles. Todo lo que ha pasado antes pasó porque podía pasar, porque permitimos que pasara sin que se denunciara el quebrantamiento de una ley ni hiciera falta un juicio. Millones de veces y de voces callamos por respeto, por agradecimiento, por admiración, por dudar de nosotros mismos. Y si alzábamos la voz muy pronto se nos enseñaba la puerta. El vicio del poder, que es siempre hacer fácil su camino, de manera inocente si se quiere, cambió algunas esencias por sucedáneos. Más fácil instaurar el reino de la igualdad que el de la justicia, ¿no es cierto?. También poco a poco nos acostumbramos a que, en nombre de un ideal de justicia, era justo callar a algunos, era justo que los jueces fueran parte, era justo que desde una asimetría informativa desproporcionada se nos pidiese respaldar nuestros criterios... en fin, nos acostumbramos a que la nueva justicia tuviese tales cotas o acotaciones...se nos movió el dial de la justicia de lugar, y a partir de allí muchas cosas cambiaron, al ser el valor o ideal humano de justicia central a todos los demás ⸻lo que permite dirimir en nuestros corazones los matices de lo bueno y de lo malo: valentía/abuso, generosidad/despilfarro, agradecimiento/sometimiento... Cosas esencialmente injustas empiezan a tomarse por justas, y la dignidad se vuelve motivo de risa y atropello. Por eso aún creo que una orientación economicista no resuelve o resolverá los problemas nuestros, que son fundamentalmente éticos y políticos... como me decían mis abuelos, antes había más hambre y necesidad y la gente robaba menos. Los mismos dirigentes que hoy nos piden desesperadamente votar Sí porque es supuestamente la salvación de la Patria, son los mismos que durante años han atropellado la constitución del 76, los mismos que han soslayado y tratado de acallar las voces de los hombres que llevan décadas señalando la necesidad de una nueva constitución. Y como muchas veces antes, esos dirigentes llegan a tomar la decisión no por sabiduría o visión preclara, sino por necesidad, empujados por circunstancias que no han sabido prever ni manejar. Cuando los cubanos pudimos volver a entrar a los hoteles, y viajar sin permisos ni indagaciones sobre nuestra pureza ideológica, nadie dijo que ahora se permitiría porque era lo justo, pues habría sido equivalente a decir que antes esos propios dirigentes habían tomado decisiones injustas. Cuando formulan lineamientos e intentan cambiar una política no hacen promesas de cuando se verán los resultados, no empeñan su palabra para que los juzguemos por la palabra dada, como políticos que son, sino que siguen en el juego del para siempre y ad infinitum, una y otra vez intentando y achacando cada fallo al enemigo, o al pueblo que no aumenta la productividad, o a mantener una justicia superior a todas las conocidas, aunque vuelve a los hombres que entregan su vida al trabajo en ladrones "que resuelven" o en jubilados empobrecidos, que dependen de los hijos o amigos que alguna vez criticaron por querer ir a trabajar a otro lugar donde el trabajo rindiese mejores frutos. Esos mismos dirigentes que siempre piden el Sí por la Patria ayuntado al Sí para ellos mismos. Si hubiesen tenido razón al menos en los últimos 30 años, y cada Sí o cada No que nos pidieron hubiese llevado a Cuba a ser un país menos contradictorio, menos dependiente, más inclusivo y protector de todos sus hijos, donde el sueño más recurrente no hubiese llegado a ser el escapar, sino el estar y el ser, entonces esta vez habría que votar como ellos sugiriesen. Pero el más común de los sentidos me hace pensar que lo mejor sería esta vez votar en contra a como ellos quieren, quizás esa sea la solución, hacerles ver que existimos con un pensamiento diferente, con una alternativa, con una razón y una madurez propias. Ya firmamos el juramento de Baraguá, y estuvimos en mil y una marcha y tribunas abiertas y antimperialistas, votamos en elecciones sin opción de elegir, cumplimos misiones y porcientos. Pero ahora basta. Ahora no se trata de reafirmar, no se trata de espantar al enemigo que ruge en este momento, que no se ha escogido ni debida ni indebidmente, sino que es el momento quien nos ha escogido a nosotros, que de haberse hecho razonadamente debió haber sido hace muchos años, como lo saben y lo hicieron saber hombres anonimizados o escarniados por la prepotencia herida del Estado, en momentos de mayor bonanza económica y apoyo del bloque continental, y mayor neutralidad del enemigo. Y que si ahora hubiesemos hecho esta reforma constitucional de mejor manera, o se hiciese de mejor manera, que a tiempo estamos, pues podríamos decir No a este proyecto y empezar otra vez, no de cero, sino tomando en consideración lo propuesto, pues nos quitaría bastante preocupaciones sobre cualquier enemistad, al dejar, sin sombra de dudas, al pueblo empoderado, y no al grupo que con legitimidad históríca se empoderó una vez, pero que olvidó que hacer el bien un día no exime de la responsabilidad de hacer el bien (y hacer las cosas bien) todos los días, y desde hace años tuerce el decoro, la dignidad, la razón y la legalidad para continuar siendo ellos, ese grupo que detenta los poderes del Partido, el Estado y el Gobierno en Cuba, siendo ellos los que tienen la razón última, la primera prerrogativa, el total acierto, sobre los destinos de un pueblo. Ahora no se trata de reafirmar sino de crear un camino para un futuro postergado muchas veces siempre por coyunturas más urgentes. Es pedir que se vuelva sobre la nueva constitución y se haga aún mejor de lo que es, no con las adiciones sacadas del manual de “quienes quieren o intentan destruirnos”, sino con las propuestas hechas por los propios cubanos, las cuales, al buscar un mayor equilibrio al desenfreno del poder que nos gobierna, al querer una Cuba más inclusiva, pueden incidir de manera categórica en la continuidad de la Revolución y el proyecto de país a que nos conmina nuestra historia. La política en Cuba no puede seguir siendo un prolongado ejercicio de demostración de un teorema esbozado casi por inspiración, no puede seguirse haciendo para validar la razón o la bondad o la inteligencia, para absolver en definitiva, a quienes gobiernan o han gobernado el país, para que equivocándose y volviéndose a equivocar, rectifiquen o hasta que alguna circunstancia histórica favorable les haga parecer sabios. No puede seguirse haciendo política en que unos pocos arriman las brasas a su sartén, y los demás solo sirven de coro, de trasfondo uniforme, sobre el cual destacan las siluetas mesiánicas.
Tanto es así que hoy esos dirigentes caen en el sinsentido de orquestar o permitir una campaña donde optar por el No equivale a traicionar la Patria o la Revolución, que para ellos es lo mismo, cuando el No solo prorrogaría la vigencia de una constitución que ellos mismo impulsaron hace menos de 50 años, y que, antes de hoy, cualquiera que le hubiese sido tan abiertamente contrario como lo debemos ser ahora por decreto. pues habría terminado, o empezado, en la cárcel. Por supuesto mi voto negativo no sería un No estático, detenido, una acrobacia de psicología inversa, un intento de victoria pírrica. Sería un No que incitaría a continuar el movimiento, a profundizar en el intento, de hacer una Revolución, un cambio de formas viejas por nuevas, con total sentido del momento histórico, con la búsqueda de toda la justicia posible y de la probable felicidad cuando se dan los pueblos a sí mismos la oportunidad de soñar y conducir sus destinos. Yo ahora dijera no. Detengámonos. No sigamos de largo con las mismas rutinas que nos han traído hasta hoy, pues si hemos vencido sobre otros, aún no hemos vencido para nosotros mismos. Y la Revolución es grande y fue grande y lo será sobre todo por la que ha obrado en nosotros mismos. Nada se perderá, no hoy, por hacer lo que no se nos pide y lo que no se espera. Quizás más adelante en la cuesta ya no sirva de nada dar un respingo.
sobre el referendo1
18 feb 2019
Unos ciudadanos cubanos en el extranjero podrán votar en el referendo y otros no, según preferencia del estado. Ese es el viejo problema con la nueva constitución: que puede ser vulnerada. Y que así nace.
Hace muchos años se sabe que es una necesidad contar con otra constitución, la de 1976 ha sufrido demasiados "incumplimientos" de parte de quienes debían haber velado por defenderla. Pero creo que el Poder comprende esa necesidad de una manera distinta a como la comprenden muchos cubanos desde su simple decoro: desde "arriba", la necesidad, la urgencia, lo imperioso, es ampliar el espacio de maniobra con apariencia de legalidad, pero sin pedir disculpas, ni hacer recuento crítico, ni apartarse de la toma de decisiones, dejando así a otros menos comprometidos con graves errores del pasado (que nos han traído hasta donde estamos) el intento de enderezar los caminos. "Abajo", la necesidad es otra: ampliar derechos innecesariamente vulnerados, curar injusticias, hacer las cosas bien... Pero la Constitución que vendrá, y la que hubo, adolecen del mismo defecto: para defenderlas, modificarlas, mejorarlas, solo pueden alzar la voz algunos elegidos. No habrá tribunal de garantías constitucionales, no podremos usar los medios públicos para lograr consenso, no podremos protestar públicamente, a no ser que seamos convocados a criticar los desmanes de otros o a ensalzar nuestros propios aciertos. Se cocinarán infinidad de leyes complementarias que podrán, constitucionalmente, regularla, meterla en horma, podándole algunas de sus más promisorias ramas. Seguirá habiendo ciudadanos de primera y de segunda, como ya se ve: los que tienen que votar, como soldados de la patria, y los que acaso podrían votar, como hijos huérfanos. Aunque ahora votar por el "no" parece que es pecado, a pesar de que la única consecuencia inmediata es que se mantendría vigente la constitución de 1976 por un tiempo más, la cual nunca ha sido tildada de contrarrevolucionaria, o de ser culpable del estado de decadencia del país, sino que según algunos, bajo ella llegamos a ser el país más culto del mundo y la nación más justa de la tierra; considero que a cualquier voto negativo le sobraría como fundamento tener esperanzas de que es posible contar con una constitución mejor, menos indefensa, menos perentoria y con garantías de más larga existencia y agencia para el futuro que nos merecemos; o que cualquier voto negativo se podría argumentar con la sospecha de que el compromiso de quienes nos dirigen no ha de ser para con el proyecto que a ellos les conviene, sino con el que nos conviene a nosotros, y que si nosotros desaprobamos un proyecto que ellos proponen, pues a ellos les tocará proponer otro más cercano a lo que nosotros pensamos, necesitamos y queremos. No se trata ahora de convertir la Constitución más larga que hemos defendido, vivido, sostenido y padecido los cubanos, en el "Coco", sino que, con elocuente necesidad de una nueva, nos propondremos hacer la mejor de que seamos capaces, con más énfasis en que sea ella la que nos defienda y sostenga a nosotros como pueblo -- que ya también aprendimos eso del "sábado para el hombre y no el hombre para el sábado". Y para que la constitución nos sirva, esté a nuestro servicio, pues tiene que darnos herramientas para poder dignamente estar al servicio de ella. Para que la constitución sirva a todos, y no solo a un grupo, tiene que ser letra viva, molde de conducta de los gobernados, pero más aún de quienes nos gobiernan. Los que detentan el poder, los dirigentes y las instituciones del gobierno, el partido y la impartición de justicia, han de ser los primeros encargados de cumplirla, porque son los que más gravemente podrían vulnerarla. Por eso la constitución que nazca debería otorgarnos a nosotros el poder de vigilarlos a ellos, y revelar sus desvíos o desvaríos, y de rebelarnos contra estos. Es al estado, a sus instituciones, a sus funcionarios, a quienes les corresponde demostrar de primeros su compromiso con lo que ha de venir, con el espíritu de lo que se quiere inculcar. Desde ya, desde ahora, no dando continuidad a estrategias fundamentadas en el privilegio ideológico, la anatemización de las posturas no obedientes y la exaltación del peligro foráneo. Habrá un espacio de años en tierra de nadie entre el día del referendo y el día en que las frases "establecida o determinada por la (futura) ley" (repetidas más de 80 veces en el nuevo texto constitucional) dejen de ser enlaces (links) al vacío. ¿Con cuál espíritu viviremos ese tiempo, con el de la espera, o con el de antaño, o con el del nuevo tiempo que se declara? En consonancia con ese espíritu, que ha de ser el del nuevo momento, el nuevo pacto refrendado, el Estado debe exhibir un accionar irreprochablemente hacia la Constitución, si no, estaríamos otra vez en la vieja tierra del haz lo que yo digo y no lo que hago, de donde dije digo digo Diego, del marco constitucional como espacio de conveniencia y no de simultánea obediencia. Por ello creo que ahora, hoy, ayer, mañana, el estado debe de proveer garantías para el ejercicio del voto a todos los ciudadanos cubanos por igual, y no intentar otra vez secuestrar un "sí" que al parecer resulta harto necesario menos por compromiso hacia la constitución que se propone, que como método de autovalidación de quienes se mantienen en el poder, en estas épocas de aguas especialmente turbias. Otra vez el fantasma del enemigo esgrimido como mal mayor, para que soslayemos los males aparentemente menores. Pero como dice un viejo refrán, el diablo está en los detalles, y no puedo dejar de señalar que ha sido esa erosión discreta de principios que nunca deben desgastarse, la que nos tiene enfrentados desde hace décadas a la decadencia de nuestro proyecto de nación. No es una cosa menor que la constitución no contemple herramientas para su propia defensa, para que nosotros podamos defenderla, para que puedan aunarse las voluntades que, sintiéndola vulnerada, quieran saltar a la palestra, sin que en ese momento ni un sí ni un no puedan ser convertidos en falaces motivos de acusación y división. Nuestros dirigentes debían empezar por ser consecuentes, esa palabra que en tanto discurso vano se ha usado, con el espíritu de la constitución hacia la cual reclaman un Sí como única salvación de la patria, confundiendo otra vez a la patria con ellos mismos.
Unos ciudadanos cubanos en el extranjero podrán votar en el referendo y otros no, según preferencia del estado. Ese es el viejo problema con la nueva constitución: que puede ser vulnerada. Y que así nace.
Hace muchos años se sabe que es una necesidad contar con otra constitución, la de 1976 ha sufrido demasiados "incumplimientos" de parte de quienes debían haber velado por defenderla. Pero creo que el Poder comprende esa necesidad de una manera distinta a como la comprenden muchos cubanos desde su simple decoro: desde "arriba", la necesidad, la urgencia, lo imperioso, es ampliar el espacio de maniobra con apariencia de legalidad, pero sin pedir disculpas, ni hacer recuento crítico, ni apartarse de la toma de decisiones, dejando así a otros menos comprometidos con graves errores del pasado (que nos han traído hasta donde estamos) el intento de enderezar los caminos. "Abajo", la necesidad es otra: ampliar derechos innecesariamente vulnerados, curar injusticias, hacer las cosas bien... Pero la Constitución que vendrá, y la que hubo, adolecen del mismo defecto: para defenderlas, modificarlas, mejorarlas, solo pueden alzar la voz algunos elegidos. No habrá tribunal de garantías constitucionales, no podremos usar los medios públicos para lograr consenso, no podremos protestar públicamente, a no ser que seamos convocados a criticar los desmanes de otros o a ensalzar nuestros propios aciertos. Se cocinarán infinidad de leyes complementarias que podrán, constitucionalmente, regularla, meterla en horma, podándole algunas de sus más promisorias ramas. Seguirá habiendo ciudadanos de primera y de segunda, como ya se ve: los que tienen que votar, como soldados de la patria, y los que acaso podrían votar, como hijos huérfanos. Aunque ahora votar por el "no" parece que es pecado, a pesar de que la única consecuencia inmediata es que se mantendría vigente la constitución de 1976 por un tiempo más, la cual nunca ha sido tildada de contrarrevolucionaria, o de ser culpable del estado de decadencia del país, sino que según algunos, bajo ella llegamos a ser el país más culto del mundo y la nación más justa de la tierra; considero que a cualquier voto negativo le sobraría como fundamento tener esperanzas de que es posible contar con una constitución mejor, menos indefensa, menos perentoria y con garantías de más larga existencia y agencia para el futuro que nos merecemos; o que cualquier voto negativo se podría argumentar con la sospecha de que el compromiso de quienes nos dirigen no ha de ser para con el proyecto que a ellos les conviene, sino con el que nos conviene a nosotros, y que si nosotros desaprobamos un proyecto que ellos proponen, pues a ellos les tocará proponer otro más cercano a lo que nosotros pensamos, necesitamos y queremos. No se trata ahora de convertir la Constitución más larga que hemos defendido, vivido, sostenido y padecido los cubanos, en el "Coco", sino que, con elocuente necesidad de una nueva, nos propondremos hacer la mejor de que seamos capaces, con más énfasis en que sea ella la que nos defienda y sostenga a nosotros como pueblo -- que ya también aprendimos eso del "sábado para el hombre y no el hombre para el sábado". Y para que la constitución nos sirva, esté a nuestro servicio, pues tiene que darnos herramientas para poder dignamente estar al servicio de ella. Para que la constitución sirva a todos, y no solo a un grupo, tiene que ser letra viva, molde de conducta de los gobernados, pero más aún de quienes nos gobiernan. Los que detentan el poder, los dirigentes y las instituciones del gobierno, el partido y la impartición de justicia, han de ser los primeros encargados de cumplirla, porque son los que más gravemente podrían vulnerarla. Por eso la constitución que nazca debería otorgarnos a nosotros el poder de vigilarlos a ellos, y revelar sus desvíos o desvaríos, y de rebelarnos contra estos. Es al estado, a sus instituciones, a sus funcionarios, a quienes les corresponde demostrar de primeros su compromiso con lo que ha de venir, con el espíritu de lo que se quiere inculcar. Desde ya, desde ahora, no dando continuidad a estrategias fundamentadas en el privilegio ideológico, la anatemización de las posturas no obedientes y la exaltación del peligro foráneo. Habrá un espacio de años en tierra de nadie entre el día del referendo y el día en que las frases "establecida o determinada por la (futura) ley" (repetidas más de 80 veces en el nuevo texto constitucional) dejen de ser enlaces (links) al vacío. ¿Con cuál espíritu viviremos ese tiempo, con el de la espera, o con el de antaño, o con el del nuevo tiempo que se declara? En consonancia con ese espíritu, que ha de ser el del nuevo momento, el nuevo pacto refrendado, el Estado debe exhibir un accionar irreprochablemente hacia la Constitución, si no, estaríamos otra vez en la vieja tierra del haz lo que yo digo y no lo que hago, de donde dije digo digo Diego, del marco constitucional como espacio de conveniencia y no de simultánea obediencia. Por ello creo que ahora, hoy, ayer, mañana, el estado debe de proveer garantías para el ejercicio del voto a todos los ciudadanos cubanos por igual, y no intentar otra vez secuestrar un "sí" que al parecer resulta harto necesario menos por compromiso hacia la constitución que se propone, que como método de autovalidación de quienes se mantienen en el poder, en estas épocas de aguas especialmente turbias. Otra vez el fantasma del enemigo esgrimido como mal mayor, para que soslayemos los males aparentemente menores. Pero como dice un viejo refrán, el diablo está en los detalles, y no puedo dejar de señalar que ha sido esa erosión discreta de principios que nunca deben desgastarse, la que nos tiene enfrentados desde hace décadas a la decadencia de nuestro proyecto de nación. No es una cosa menor que la constitución no contemple herramientas para su propia defensa, para que nosotros podamos defenderla, para que puedan aunarse las voluntades que, sintiéndola vulnerada, quieran saltar a la palestra, sin que en ese momento ni un sí ni un no puedan ser convertidos en falaces motivos de acusación y división. Nuestros dirigentes debían empezar por ser consecuentes, esa palabra que en tanto discurso vano se ha usado, con el espíritu de la constitución hacia la cual reclaman un Sí como única salvación de la patria, confundiendo otra vez a la patria con ellos mismos.
poemas a revivir
de antes de 1800

la carta rimada de Martí a Nestor Ponce de León:

los poemas de Kavafis "Che fece…", "Esperando a los bárbaros" y "Terminados"
De Hermann Hesse en El Lobo Estepario:
Imagínese un jardín con cien clases de árboles, con mil especies de frutas y otros tantos géneros de hierbas. Pues bien: si el jardinero de este jardín no conoce otra diferenciación botánica que lo "comestible" y la "mala hierba", entonces no sabrá que hacer con nueve décimas partes de su jardín, arrancará las flores más encantadoras, talará los árboles más nobles, o los odiará y mirará con malos ojos.
La vida humana se convierte en verdadero dolor, en verdadero infierno sólo allí donde dos épocas, dos culturas o religiones se entrecruzan. Hay momentos en los que toda una generación se encuentra extraviada entre dos épocas, entre dos estilos de vida, de tal suerte que tienen que perder toda naturalidad, toda norma, toda seguridad e inocencia.

la carta rimada de Martí a Nestor Ponce de León:

De Hermann Hesse en El Lobo Estepario:
Imagínese un jardín con cien clases de árboles, con mil especies de frutas y otros tantos géneros de hierbas. Pues bien: si el jardinero de este jardín no conoce otra diferenciación botánica que lo "comestible" y la "mala hierba", entonces no sabrá que hacer con nueve décimas partes de su jardín, arrancará las flores más encantadoras, talará los árboles más nobles, o los odiará y mirará con malos ojos.
La vida humana se convierte en verdadero dolor, en verdadero infierno sólo allí donde dos épocas, dos culturas o religiones se entrecruzan. Hay momentos en los que toda una generación se encuentra extraviada entre dos épocas, entre dos estilos de vida, de tal suerte que tienen que perder toda naturalidad, toda norma, toda seguridad e inocencia.
Silvio Rodriguez dijo
10 ene 2019
Silvio Rodriguez posteó en su blog Segunda Cita (y cito):
"Lo espantoso es que a muchos de esos "otros" para los que supuestamente se estaba haciendo la Revolución, según lo que dice la canción, no les interesó el resultado y se fueron, o se quieren ir. Por lo que pienso que, al menos en el final de la canción, yo estaba rotundamente equivocado: no era "para otros" que se hacía, sino para autocomplacencia de quienes la hacían. No digo que esté mal lo que se hacía, sólo que obviamente no tiene el alcance imaginado". (9 de enero de 2019, 9:39)
Alude al final de su canción "Nunca he creido en alguien que me odia", 1972, que copio a seguidas (tomado del propio post):
"Siempre tendré un enemigo con el semblante arrugado y más cansado que yo. El que al largo de su sombra quiera cortar la medida de cada revolución. Y ya se dijo que es más grande que el más grande de nosotros. Y ya se dijo que se hace para otros".
Silvio Rodriguez posteó en su blog Segunda Cita (y cito):
"Lo espantoso es que a muchos de esos "otros" para los que supuestamente se estaba haciendo la Revolución, según lo que dice la canción, no les interesó el resultado y se fueron, o se quieren ir. Por lo que pienso que, al menos en el final de la canción, yo estaba rotundamente equivocado: no era "para otros" que se hacía, sino para autocomplacencia de quienes la hacían. No digo que esté mal lo que se hacía, sólo que obviamente no tiene el alcance imaginado". (9 de enero de 2019, 9:39)
Alude al final de su canción "Nunca he creido en alguien que me odia", 1972, que copio a seguidas (tomado del propio post):
"Siempre tendré un enemigo con el semblante arrugado y más cansado que yo. El que al largo de su sombra quiera cortar la medida de cada revolución. Y ya se dijo que es más grande que el más grande de nosotros. Y ya se dijo que se hace para otros".
triste conversacion en el muro de los rostros
YMV> No entiendo por qué hablas así. Sabes
cuanto te quiero, en verdad hablas con un resentimiento tan grande, que
me aleja mucho de la imagen que tengo de ti, por favor no hagas eso.
IAH> Lo
que nos ha pasado, a mi y a otros, es vivir. Ninguno de aquella aula
del Yabú éramos retrasados mentales ni malos de corazón. Piensa tu
cuántos ahora tienen otras visiones, cuantos viven en otros lugares. Que
yo sepa a ninguno nos ha atacado aun la demencia
ni nos hemos hecho millonarios,.Con mas o menos suerte hemos navegado
la vida y hemos hecho elecciones empujados por la circunstancias. Hay
una eleccion muy facil, que es la de quedar callado, y hay otra aun mas
fácil e igual de tenebrosa; la de pensar que el que habla esta poseido o
animado por un impulso diferente al de quien escucha, un impulso que lo
convierte en distinto, en ajeno, en extraño, y así de esa manera, le
quitamos valor a lo que pueda decir, a lo que pueda pensar. No creo que
se nos haya enfermado a nosotros, a aquellos compañeros del pre, el
corazón. Habria mas utilidad en acreditar que a ese que ahora habla
quizás algo distinto, aun lo anima la inquietud, la honestidad, el
decoro, el amor, la inocencia y la inteligencia que compartiéramos con él antaño.
contrastes
6 de diciembre de 2018
AMLO dijo, en su discurso de toma de posesión algo con honda raíz martiana: “Nuestro pueblo no es flojo, no es perezoso, no es indolente, por el contrario, es de las sociedades más trabajadoras del mundo, y ahí está el ejemplo de nuestros paisanos migrantes que por necesidad han ido a ganarse la vida a Estados Unidos y ahora están enviando a sus familiares 30 mil millones de dólares anuales. Esas remesas son la principal fuente de ingresos de nuestro país y el dinero de mayor beneficio social que recibimos del extranjero. (Tomado de CubaDebate http://www.cubadebate.cu/…/la-gran-protesta-de-lopez-obra…/…)
Y sin embargo en Cuba, donde ¨después de los ingresos por venta de servicios profesionales al extranjero, la mayor fuente de divisas son las remesas, seguidas de cerca por el turismo, el gobierno no publica cifras sobre su valor. Estimados hechos por varios años consecutivos del valor de las remesas en efectivo indican que estas aumentaron consistentemente en 143 por ciento, desde US$1,447 millones en 2008 a US$3,515 millones en 2017, ninguna otra fuente de divisas puede compararse a este salto, de hecho, las otras se han estancado o disminuido. Los ingresos anuales por remesas en efectivo representan la mitad de los ingresos totales, superior al volumen de los salarios de los sectores estatal y no estatal. Una comparación de las remesas por habitante en ocho países latinoamericanos con gran número de emigrantes ordena a Cuba en quinto: Costa Rica US$806, El Salvador US$627, República Dominicana US$482, Guatemala US$404, Cuba US$308, Honduras US$243, México US$172 y Nicaragua US$160. (Según análisis de Carmelo Mesa Lago publicado en CubaPosible https://cubaposible.com/informe-la-economia-cubana-situaci…/)
Los cambios recientes e insuficientes de las politicas migratorias cubanas son un reconocimiento tácito de la injusticia y el error. Un gobierno que siente que el mundo le debe disculpas debería por comenzar haciendo explícito su error y pedir disculpas a sus migrantes. Los cubanos tendríamos que empezar pidiendo disculpas a a nuestros hermanos. Solo así puede comenzar la sanación de la Patria.
AMLO dijo, en su discurso de toma de posesión algo con honda raíz martiana: “Nuestro pueblo no es flojo, no es perezoso, no es indolente, por el contrario, es de las sociedades más trabajadoras del mundo, y ahí está el ejemplo de nuestros paisanos migrantes que por necesidad han ido a ganarse la vida a Estados Unidos y ahora están enviando a sus familiares 30 mil millones de dólares anuales. Esas remesas son la principal fuente de ingresos de nuestro país y el dinero de mayor beneficio social que recibimos del extranjero. (Tomado de CubaDebate http://www.cubadebate.cu/…/la-gran-protesta-de-lopez-obra…/…)
Y sin embargo en Cuba, donde ¨después de los ingresos por venta de servicios profesionales al extranjero, la mayor fuente de divisas son las remesas, seguidas de cerca por el turismo, el gobierno no publica cifras sobre su valor. Estimados hechos por varios años consecutivos del valor de las remesas en efectivo indican que estas aumentaron consistentemente en 143 por ciento, desde US$1,447 millones en 2008 a US$3,515 millones en 2017, ninguna otra fuente de divisas puede compararse a este salto, de hecho, las otras se han estancado o disminuido. Los ingresos anuales por remesas en efectivo representan la mitad de los ingresos totales, superior al volumen de los salarios de los sectores estatal y no estatal. Una comparación de las remesas por habitante en ocho países latinoamericanos con gran número de emigrantes ordena a Cuba en quinto: Costa Rica US$806, El Salvador US$627, República Dominicana US$482, Guatemala US$404, Cuba US$308, Honduras US$243, México US$172 y Nicaragua US$160. (Según análisis de Carmelo Mesa Lago publicado en CubaPosible https://cubaposible.com/informe-la-economia-cubana-situaci…/)
Los cambios recientes e insuficientes de las politicas migratorias cubanas son un reconocimiento tácito de la injusticia y el error. Un gobierno que siente que el mundo le debe disculpas debería por comenzar haciendo explícito su error y pedir disculpas a sus migrantes. Los cubanos tendríamos que empezar pidiendo disculpas a a nuestros hermanos. Solo así puede comenzar la sanación de la Patria.
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