miércoles, 4 de diciembre de 2019

la línea divisoria


(a partir del post de Alina "Castigar y proteger").
Tengo una "teoría", que no es nueva, es parte de los mitos actuantes en este mundo, sobre como ocurrirá un cambio en el alma de la nación, para detener el proceso de decadencia. Se necesita algo que conmueva, no una razón u otra idea o un despegue económico. El atropello de una Víctima. Un Sacrificio. A los opositores tradicionales les ha faltado carácter muchas veces, o han sido descaracterizados, y el contexto comunicacional les ha sido adverso, muchas veces no les ha faltado razón, lo cual no quiere decir que la hayan tenido en todo ni todos. Estoy seguro que no todos son seres sin alma vendepatrias ambiciosos y mezquinos, y que el castigo, muchísimas veces, ha sobrepasado al delito, o al posible delito. Pero a pesar de eso muy pocos, casi nadie, ha alzado su voz para pedir justicia para ellos -al contrario, han sido tomados como comodín de afirmación revolucionaria: si los critico, si marco la línea divisoria contra ellos, pues puedo decir algo, atenúo sospechas, pertenezco al grupo de los revolucionarios-. No se han alzado voces por ellos porque no han conmovido, una “masa crítica” no se ha conmovido, los ha ignorado. Pero cuando el atropello sea cometido contra alguien que no encaje en el canon tradicional, que pueda ser visto o vista y haya sido visto o vista, en su papel de ciudadano, de ser social trabajador, de ser humano con familia, con una razón que defender, con una inocencia que no necesita probar y con un valor para asumir su destino, empezará la reacción en cadena. Habrá cautela de parte de los que tienen la cautela por oficio, pero la misma mediocridad que se ha instilado en la trama social, el mismo vicio del atropello y de la fuerza unilateral y la razón superior, los llevará a proferir el manotazo, el tapaboca. Pero esta vez lo veremos muchos, lo testimoniaremos muchos, y nos dolerá a nosotros también, y el impudor en que hasta ahora habíamos vivido, dejando que otros fueran los chivos expiatorios, los que se buscaran los problemas de verdad, nos golpeará también en la cara. Y entonces diremos no. Y veremos cuan endebles son algunas razones para cimentar una línea divisoria entre el adentro y el afuera, entre el aquí y el allá, entre el ellos y el nosotros. Este ser sacrificial, ya está entre nosotros, ya lo conocemos. Puede ser un profesor expulsado de una escuela, una joven periodista atrevida y bonita, una mujer bíblicamente astuta y sabia, o un muchacho cualquiera que, como en el poema ruso de mis lecturas de primaria, se levanta en medio de la clase, aun cuando no fuese el mejor alumno.





Por otra parte, habría que remitirse a la historia de Cuba, para ver que han hecho los cubanos en circunstancias en que los gobiernos o poderes en la isla les han impedido manifestar su oposición al estado de cosas en la Patria, o promover una alternativa diferente. ¿Podrían l@s ´mulas´ de Miami, como antaño los tabaqueros, reunir dinero para enviarlo a alguien en Cuba que promueva una campana de reforma aduanal? ¿Qué hacer cuando las inconformidades de quienes están dentro coinciden con las de quienes están fuera: deben renunciar a estar inconformes los de adentro para no ser vistos como alineados o cómplices de los de fuera? ¿Acaso no será esto una estrategia, mantener la línea divisoria entre cubanos adentro y afuera, para poder aplastar cualquier intento de "alineada" oposición? ¿Cuál es el delito, que los de afuera piensen como los de adentro o los adentro como los de afuera? ¿De dónde vinieron los ideales que inspiraron la Revolución independentista? ¿De Casilda, de Artemisa, de Santiago, de Matanzas? ¿O de Francia, y de Norteamérica, y de Suramérica? ¿Dónde bebieron sus ideales Céspedes y Agramonte y Martí? ¿Dónde se buscó dinero para el Granma, y para el desembarco en Playitas? ¿Qué papel jugó Lázaro Cárdenas y México en la Revolución cubana? ¿Antes sí porque todo estaba mal, y ahora no, porque todo está bien? ¿O ayer no, porque llegaríamos al hoy, y hoy tampoco, porque llegaremos a mañana? ¿Quién va a ser árbitro de la historia, sino la historia misma, el decursar, el tiempo...? ¿Habrá historia con hombres y mujeres que no la quieren hacer, que se dejan llevar, anuentes a una supranarrativa donde está todo dicho, donde ya ha sido acordada una teleología que asigna como único rol la ferviente creencia en el superior destino? ¿No somos acaso los revolucionarios, las revoluciones, los que impugnamos el Fin de la Historia?

domingo, 24 de noviembre de 2019

dirigir en Cuba

Dirigir un país es difícil, pero en Cuba, sin oposición, con leyes que se aprueban unánimemente, con decretos que se promulgan sin divulgación previa, sin escrutinio de la prensa, con ocupantes de cargos públicos designados, con un pueblo en su mayoría agradecido y leal, con garantías para la continuación en los periodos y políticas de gobierno, las cuales pueden regular u organizar todas las esferas de la sociedad, la económica, la cultural, la ideológica…, casi sin parangón histórico, pues la vida de la nación ha transcurrido mayormente dentro del coloniaje, estructuración republicana e injerencia neocolonial, de modo que la ineditez del pasado reciente de Cuba o su presente, tienen una ventaja rotunda cuando se comparan con lo anterior a 1959, y han ido desapareciendo de la memoria social lo hitos de comparación (tal gobierno es mejor que mascual, tal partido me conviene mas que mascual)… es difícil dirigir un país, pero los dirigentes cubanos la han tenido más fácil. Es cierto que ha existido y existe la oposición del más poderoso enemigo, pero dicha oposición ha engendrado el apoyo de poderosos amigos también. Es cierto que el enemigo trata de imponérsenos injustamente, que nuestro pecado original es existir, ser, querer ser, distintos, independientes, libres, pero también lo es que algunas circunstancias particulares de nuestra vida política, del modo en que se han facilitado la "actividad dirigentil" nuestros dirigentes, engendran más oposición que otras, de parte de nuestro enemigo; y que esas mismas cosas no son consustanciales a lo que somos, sino que forman parte más bien de lo que fuimos, del pasado contra el cual luchamos y que creímos vencido: dependencia económica e ideológica de una metrópoli extranjera, división entre cubanos, férreo control de la actividad política por parte de los cubanos.. en fin, los vestigios de los colonialismos o los tutelajes.

martes, 12 de noviembre de 2019

orgullo aquilino

silvio dijo...
Zenon, eso que tu llamas "orgullo aquilino" yo lo veo un poco más para acá en la geografía mediterránea, porque el sentido del honor es muy español, y muy romántico. Ese orgullo arraigado a veces nos impide entender a otras culturas. Y mal que nos pese eso nos emparenta con la lógica de la conquista, que jamás se empató con la idiosincracia del indio. Por eso, además de despojarlos, los discriminaron con un racismo que todavía se manifiesta ferozmente en Bolivia. Cada vez que queremos que un autóctono americano se porte como nosotros, hay algo del conquistador que se nos sale. 11 de noviembre de 2019, 20:56 

Y sí, Silvio, llevas mucha razón, la diferencia de culturas condiciona posiciones diferentes ante el mismo hecho. Como ejemplo, traigo a colación el recuerdo de como en Mexico me repetían "el que se enfada pierde", no se valía la vehemencia cubana para defender una razón, y el uso de nuestras llanas frases sonaban imperativas órdenes: "alcánzame el libro", "siéntate aquí", dichos a iguales. Mis colegas mexicanos siempre decían, "¿disculpa, me podrías alcanzar el libro?", o "podrías sentarte aquí".

En cuanto a lo de "aquiliano", traje ese ejemplo pues Aquiles es modelo por antonomasia del héroe que asume un destino fatal con plena conciencia. Su madre Thetis había sido advertida de que Aquiles o bien viviría la más gloriosa de las vidas y moriría joven, recordado por siempre, o tendría una larga y oscura destinada al olvido. A tales extremos llegó ella como madre para protegerlo que hasta quiso reeducarlo como señorita, enviándolo a vivir disfrazado de doncella en la corte de un rey amigo, donde lo encontró Odiseo y lo reclutó para la guerra contra Troya. Cuando, ya en la guerra, Aquiles decide salir a vengar la muerte de Patroclo, le pide a su caballo Xantus que no lo deje muerto en la llanura sino lo traiga salvo de regreso al campamento griego. El caballo le responde que así será, pero que su día aciago no está lejos. Aquiles le dijo al caballo: ya lo sé, pero no dejaré el campo. Esta disyuntiva de vida oscura o muerte gloriosa no fue seguramente un descubrimiento de Homero, es un hecho simple y recurrente en la experiencia humana, individual y colectiva, desglosado en mitos y cantado en himnos.

Como escribió Borges: Entre las cosas hay una / De la que no se arrepiente / Nadie en la tierra. Esa cosa / Es haber sido valiente. Y también: Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es. El asunto es que, o por lo que bien tú dices, Silvio, a las 20:56, o por otras variaciones en el punto de vista o el momento en que se juzga una decisión, la pertinencia o el valor de esta puede no ser absoluto. Dentro de un individuo, en una circunstancia particular, inmolarse puede ser lo más fácil, el primer impulso, con la garantía de que se ha de ser considerado valiente. Tomar la decisión de la posible vida obscura, dejar pasar el momento de gloria, puede, en otro momento dado, ser la más difícil decisión. Cuando pasa el tiempo, la pertinencia de esas decisiones, también cobrará matices. Me viene a la mente ahora Fidel en el Moncada. ¿Debió haberse inmolado, o haber sobrevivido para tener la posibilidad de su autodefensa? Según quien observe, y el momento en que lo haga, el 53, los 60, los 90, las primeras dos décadas del siglo XXI o el año tres mil, se podrán obtener juicios diferentes. La verdad, más que una solución matemática, es una cuestión de fe. Lo que ha estado en juego, no es la gloria de uno, sino la vitalidad de una idea, de una posibilidad de humanidad y mundo.

lunes, 11 de noviembre de 2019

un continuo oleaje

Duele mucho ver lo que está sucediendo en Bolivia. He leído la exegesis del modus operandi de la derecha, las preguntas de Giordan que apuntan a no creerse que estamos descubriendo el agua tibia. Creo que hay un modus operandi de la izquierda que es también nocivo para sus propósitos, sobre todo porque entra en el juego de las profecías autocumplidas. Por supuesto me refiero a las profecías de quienes profetizan la maldad intrínseca de la izquierda, el comunismo, y sus líderes. Ante las profecías, hay tres cursos posibles. El de la Bella Durmiente o el de la bruja de Blancanieves, que da la razón al que profetiza, donde a pesar de todo lo que se haga, todas las medidas que se tomen, siempre se dará el paso fatal hasta la afilada punta de la rueca (para dejar al reino sumido en sopor y espinas por 100 años) o alguien crecerá en fuerza y belleza para hacerte sentir derrotada ante tu propio reflejo. Es una historia de fatalidad en la que los caracteres son inocentes, las circunstancias que no pueden prever ordenan su caída. El caso de la esposa de Barbazul o el del héroe Aquiles son todo lo contrario. Ellos contrarían las circunstancias que podrían desviar el curso fatal de sus destinos a sabiendas, para que este se cumpla, abren la puerta del cuarto que no deben o aceptan la provocación para entrar en la contienda que los llenará de gloria pero que conducirá a su muerte, siendo agentes activos en el cumplimiento de la profecía. Un tercer camino, raro camino, es el de Jean Valjean en Los miserables. Decide ir justamente contra la circunstancia externa y contra la ira interna, ambas empujándolo a delinquir, hasta que el propio Javert comprende que se ha equivocado. El juego obvio contra las revoluciones y sus líderes ha sido anatematizarlas de antemano. Tomando como antecedente lo peor del estalinismo, se profetiza todo el mal que traerán. Los aderechados, los que se sienten con ventaja, escogidos por selección natural, despreciadores de todo lo que consideran inferior en sus escalas, y sus acólitos que aspiran al ascenso y aceptan las reglas rapaces para lograrlo, vocearán contra los impulsores de un nuevo orden. La revolución es mala, la izquierda es criminal, ahí viene el coco, ha renacido Stalin, comienzan a vocear. En esa hora del mundo la derecha en pánico es incapaz de recordar todo lo que, desde la izquierda del mundo, se ha conseguido. No ven el ineluctable corrimiento al rojo de las estrellas y las humanidad, que pasito a pasito, terminó con la esclavización como orden moral, y con el analfabetismo como estado natural, y con la ostentación de abolengo como justicia universal. No digo que no exista función para las fuerzas conservadoras, aquí con Martí hago pausa y repito aquello de política hombre y política mujer y de locomotora con caldera y con freno que la detenga a tiempo. A la izquierda le sobra Historia de triunfo y realización, y también de oposición, ensañamiento y sangre. Muchas reglas del juego en este mundo son también conquistas de la izquierda. La derecha hace y hará todo lo posible porque la izquierda, la revolución, su líder, tropiecen y caigan, porque cumplan la profecía. El caso de la revolución cubana, perseguida por Estados Unidos, es paradigma de este insidioso guion. Siempre ha de tener el líder la voluntad de ser como Jean Valjean, en el instante en que sienta que empieza a parecerse a la profecía. A veces ha predominado la inocencia de ser como la Bella Durmiente, dando pasos en la escalera que conduce al cuarto desconocido, pero más veces ha predominado el orgullo aquiliano, la llamada del heroísmo, o el paso desafiante de quien no quiere dejar cerrada ninguna puerta. De cualquier manera, quizá el error primigenio es tener un nombre y defenderlo, querer ser el carácter, el nombre, de una realización, y no permitir que la realización más importante sea la idea. Este es el hubris que, ya consuetudinariamente, persigue a la izquierda en esta parte del mundo. Un movimiento no puede ser un hombre o su nombre, para romper un muro se necesita un continuo oleaje, aunque una ola sea mucho más alta que las otras.

la cuerda

De cualquier manera, lo que ha sucedido en Bolivia no había sido previsto, las proporciones del pueblo y el no-pueblo (este termino lo he empleado antes en circunstancias similares, cuando la polarización en Venezuela a inicios de año) tienden a la simetría. Ante dicha revelación de creciente oposición electoral... y postelectoral, las opciones son claras. Aferrar la victoria o no. Aferrar el poder o no. Pero esta dicotomía no tiene la misma implicación para alguien o algo q por vez primera llega a la cima, con su valores y propuestas y esperanzas de renovación y cambio, donde todo el capital que se defiende es futuro, a alguien o algo que se repite, que esta consolidado como alternativa y posibilidad, y cuyo capital es menos futuro que pasado, su historia como persona o identidad o movimiento o ideología. La decisión que se tome ingresara automáticamente en ese registro de lo q se es y se ha sido, pesando mas que cualquier promesa de futuro, cimentándolo como alternativa o vacunando al futuro contra si mismo, desdiciendo su pasado. Cómo, cuánto se puede tensar una cuerda, depende de circunstancias diversas: del material de la cuerda, de la edad de sus fibras, de la fuerza de las manos, del propósito de la cuerda.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

sectarios de un dios clemente


En 1762, en Francia, un tribunal, cegado por el fanatismo y la intolerancia, condenó a muerte tortuosa a un inocente. Ciertamente no fue la primera vez que con la espada de la justicia se asesinara, pero el caso de Jean Calas logró conmocionar al mundo occidental en los pórticos de la Edad de la Razón. Los hechos, situados en medio de la pugna entre católicos y protestantes, inspiraron a Voltaire, escritor, historiador, filósofo y abogado, uno de los principales representantes de la Ilustración, a escribir su “Tratado sobre la tolerancia”. Salvando las distancias de tiempo y circunstancias, aquellas palabras, consideradas en sus esencias, también a nosotros se refieren. Citaré en extenso las reflexiones de Voltaire (tomadas de http://pdfhumanidades.com/sites/default/ files/apuntes/Voltaire%20-%20Contra%20el%20fanatismo%20religioso_0.pdf, y cotejadas con http://www.gutenberg.org/cache/epub/42131/pg42131-images.epub?session_id=a80ea051a4608a75b876ba989479cb6b1c5b1f02) para afirmar, otra vez, que hay muy poco nuevo bajo el sol.

En el caso que ocupaba al iluminista francés, “si un padre de familia inocente es abandonado en manos del error, o de la pasión, o del fanatismo, si (…) no tiene otra defensa que su virtud, si los árbitros de su vida no corren otro riesgo al degollarle que el de equivocarse” entonces “se alza el clamor público, cada cual teme por sí mismo, se ve que nadie tiene seguridad”

“Osaré tomarme la libertad de invitar a los que están al frente del Gobierno, y a los que están destinados a cargos elevados, a que se sirvan examinar con detenimiento si en efecto hay que temer que la dulzura produzca las mismas revueltas que ha hecho nacer la crueldad; si lo que ha sucedido en determinadas circunstancias tiene que suceder en otras; ¿acaso son las épocas, la opinión, las costumbres siempre las mismas?”

Hace estas preguntas a raíz de los enfrentamientos por cuestiones de fe que durante los siglos XVII y XVIII convulsionaron la vida y la política francesas. Por ello reflexiona: “los hugonotes, sin duda, se han embriagado de fanatismo, y manchado de sangre como nosotros: pero la generación presente ¿es tan bárbara como sus padres? La época, la razón que ha hecho tantos progresos, los buenos libros, la templanza de la sociedad ¿no han penetrado nada en quienes conducen el espíritu de esos pueblos? ¿Y no nos damos cuenta de que casi toda Europa ha cambiado de rostro desde hace unos cincuenta años? El Gobierno se ha fortificado por todas partes, mientras que las costumbres se han suavizado.” (…) “A otros tiempos, otros cuidados. Hoy sería absurdo diezmar la Sorbona porque en otros tiempos presentara un requerimiento para que se quemase a la doncella de Orleans..”; “(…) el espíritu humano, al despertarse de su embriaguez, se ha asombrado de los excesos a los que le había llevado el fanatismo”.

“¿Seguiremos siendo los últimos en abrazar las sanas opiniones de otras naciones? Ellas se han corregido, ¿cuándo nos corregiremos nosotros? Han hecho falta sesenta años para hacer que adoptáramos lo que había demostrado Newton; (…) ¿cuándo empezaremos a practicar los verdaderos principios de la humanidad? ¿Y con qué cara podemos reprocharles a los paganos el haber causado mártires mientras que nosotros hemos sido culpables de la misma crueldad en las mismas circunstancias?”

En uno de los capítulos finales hace un resumen de testimonios contra la intolerancia. Por ejemplo:
“La religión forzada ya no es religión; hay que persuadir y no obligar. La religión no se ordena. (Lactancio, libro III).
Es una herejía execrable querer ganarse por la fuerza, por los golpes, por los encarcelamientos, a aquellos a los que no se ha podido convencer por la razón. (San Atanasio, libro I).
Acordaos de que las enfermedades del alma no se curan con la fuerza y la violencia. (Cardenal Le Camus, Instrucción pastoral de 1688).
La exacción forzada de una religión es una prueba evidente de que el espíritu que la guía es un espíritu enemigo de la verdad. (Dirois, doctor de la Sorbona, libro 6, cap. 4).
La violencia puede hacer hipócritas; no se persuade cuando se profieren amenazas por todas partes. (Tillemont, Historia eclesiástica, tomo 6).
Pasa con la religión como con el amor: con ordenarlo nada se consigue, con la obligación aún menos; nada hay más independiente que amar y creer. (Amelot de la Houssaye, sobre las Cartas del cardenal de Ossat).”

Algunas frases, por astutas, seguramente ya han resucitado en incontables citaciones: “La superstición es a la religión lo que la astrología es a la astronomía, la hija muy alocada de una madre muy prudente”. Para contextualizarla, agregaría: como el igualitarismo lo es a la justicia, el paternalismo al amor, el clientelismo a la entrega, la anuencia a la convicción.

“Pero, de todas las supersticiones, ¿no es la más peligrosa la de odiar al prójimo por sus opiniones?” “A menos dogmas, menos disputas; y a menos disputas, menos desgracias: si esto no es verdad, es que estoy equivocado.”

Como hombre con los pies en el mundo, y empeñado en hacer cambiar al mundo para mejor, reconocía que “sería el colmo de la locura pretender hacer que todos los hombres pensasen de una manera uniforme sobre la metafísica. Se podría subyugar con mucha mayor facilidad al universo entero mediante las armas que subyugar a todas las conciencias de una sola ciudad.”

“¡Oh, sectarios de un Dios clemente!”, solo me queda repetir además la plegaria de Voltaire al final del Tratado (excepto por un pequeño cambio de posesivo por artículo definido):
¡Que puedan todos los hombres acordarse de que son hermanos! ¡Que tengan horror de la tiranía ejercida sobre las almas, lo mismo que execran el bandidaje, que arrebata por la fuerza el fruto del trabajo y de la apacible industria! ¡Si las calamidades de la guerra son inevitables, no nos odiemos, no nos destrocemos los unos a los otros en el seno de la paz, y empleemos el instante de nuestra existencia en bendecir por igual, en mil lenguas diversas, desde Siam hasta California, la bondad, que nos ha dado este instante!

miércoles, 21 de agosto de 2019

sobre el mal uso del idioma (y la razón) por una Viceministra de Educación de Cuba

Lo primero que me llamó la atención de la declaración de la viceministra, es la pobre redacción. Da pena que una viceministra utilice tan mal el vocabulario y la flexibilidad gramatical del castellano, (más pena aún que los profesionales del lenguaje  de Cubadebate lo permitan).
El primer párrafo es una joya para cualquier manual de estilo y redacción, pues agrupa una cantidad tal de errores que podría usarse de ejemplo invariable en varios capítulos del hipotético manual: "La revisión de un texto circulando por las redes sociales sobre determinada “injusticia” a una profesora universitaria que usando “la crítica” ha sido expulsada de su centro nos motiva a realizar un recorrido por nuestra casa: la Educación Superior cubana, e intercambiar nuestra posición." El encabalgamiento de gerundios, las elipsis verbales y preposicionales, en el caso de Marta del Carmen Mesa Valenciano, casi constituyen marcas de estilo. Como la susodicha es arquitecta, podría decirse que su uso del lenguaje correspondería en lo arquitectónico al estilo de construcciones Girón, o al brutalismo.
El sintagma que termina el párrafo es extraordinario: intercambiar nuestra posición.¿Querría Marta intercambiar posición con Omara? ¿Se atrevería? Esta inédita versión de "El Príncipe y el Mendigo", todos sabemos que solo es posible gracias a nuestra imaginación y al estilo chapucero de Marta, que olvidó el uso de la preposición 'sobre'. Es imposible que para Marta funcione el argumento de Mark Twain, pues ella no desconoce la realidad del mendigo, la vida pobre y embozada. Simplemente la niega, la ha negado siempre, y en función de una supuesta verdad mayor, que la infatuó como el bombillo a la falena o el embarro a la cucaracha, ha luchado toda su vida, hablando lo necesario y callando lo innecesario, para ascender en las escalas del poder, autojustificandose como servidora de esa verdad que niega cualquier otra. Marta no ha llegado a donde está por ser diferente, sino por ser igual. A Omara le sucedió todo lo contrario. Y ambas lo saben, así que el supuesto ejercicio de intercambio sobra, pues Marta no es un Príncipe que desconoce una parte de la verdad del reino, sino una que se cree reina sentada sobre la verdad, y Omara no es una mendiga que se ufana ante la posibilidad de ser Príncipe, sino alguien cuya vida ha madurado en el coraje de destronar.
Luego de ese párrafo inicial de la proclama de Marta, que tan hábilmente desinvita a la lectura, mientras la vista retoza antes de definitivamente despegarse asqueada del artículo, se alcanza a vislumbrar esta agónica pregunta (cito): "¿Se podría ser un profesor que no defienda a ultranza cada paso que se da en la Revolución?" Y yo pregunto, como si solo me interesara el lenguaje, ¿en serio, cada paso que se da? Acaso Omara no está también dando pasos en la Revolución, la revolución que como un idioma, como un conjunto infinito, contiene cualquier operación, cualquier resultado, todas las palabras, a su favor o en su contra, sin más remedio para los que hemos vivido construyéndola o sirviéndola o usufructuándola o lamentándola. Seguramente saldrán, por obra y gracia del mal redactado decreto de Marta, miles de profesores a defender los pasos que en la Revolución están dando Omara, Julio Antonio, René Fidel y otros tantos. Quizás sería menos incluyente, y así más apropiado en la ideología marteana (que no Martiana) o martista o martillista, haber dicho: "cada paso que da la Revolución". Y como si no bastara defender "a ultranza" la Revolución, Martica tenía que poner más énfasis: cada paso. Por ejemplo, defender la prohibición de entrar los cubanos a los hoteles, de comprar o vender casas, de viajar libremente, de vivir conformes a su orientación sexual sin tapujos y sin persecución, la ruptura de país y familias al politizar abiertamente la emigración, la dependencia de poderes y economías foráneas... en fin, todas las aguas que tantos lodos nos han traido y seguirán trayendo.
La viceministra Marta, alejándose impunemente del principio martiano del culto a la dignidad plena del hombre y de una República "con todos y para el bien de todos", o del concepto fidelista de "Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio..." no ha dicho nada nuevo, nada que no sepamos, nada que no hayamos visto y escuchado y vivido y temido y lamentado demasiadas veces. Que lo diga ahora, en los tiempos de Trump, le quita aún más novedad al asunto, no parece otra cosa que su discípula.
Su proclama solo sirve, además de ejemplo en el mal uso del Castellano o la pobreza intelectual de un viceministro de Educación Superior en Cuba, para mostrarnos una vez más que no basta cambiar una Constitución si no existe un mecanismo para que la usen sus verdaderos dueños, impidiendo los desmanes de esos que antidemocrática y reaccionariamente de ella se adueñan; que siempre que la prensa sea controlada por un grupo en el poder, la sinrazón mal redactará los titulares y ocupará las cuartillas; y que eso que Marta cree que es la Revolución, no es la Revolución, pues entonces no la tendrían que dictar los profesores, sino que la cantarían los alumnos.
Que conste, primero, que Fidel se hizo revolucionario en la Universidad y no gracias a los profesores, y segundo, que si he usado demasiados gerundios es porque se me ha pegado de Marta.