martes, 26 de mayo de 2020

dice Martí...



la autoridad de la razón, lección en El Principito


El Principito, el capítulo 10:
– Majestad – le dijo… – le pido disculpas por interrogarlo…
– Te ordeno interrogarme – se apresuró a decir el rey.
– Majestad… sobre qué reina usted ?
– Sobre todo – respondió el rey, con una gran simplicidad.
– Sobre todo ?
El rey con un gesto discreto señaló su planeta, los otros planetas y las estrellas.
– Sobre todo eso ? – dijo el principito.- Sobre todo eso, respondió el rey.
Porque no sólo era un monarca absoluto sino que era un monarca universal.
– Y las estrellas le obedecen ?
– Por supuesto – le dijo el rey. – Obedecen enseguida. No tolero la indisciplina.
Semejante poder maravilló al principito. Si él mismo lo hubiera tenido, habría podido asistir, no a cuarenta y cuatro, sino a setenta y dos, o incluso a cien, o incluso a doscientas puestas de sol en el mismo día, sin tener que correr nunca su silla! Y como se sentía un poco triste por el recuerdo de su pequeño planeta abandonado, se atrevió a solicitar una gracia al rey:
– Quisiera ver una puesta de sol… Tenga la bondad… Ordénele al sol ocultarse…
– Si ordenara a un general volar de una flor a otra como una mariposa, o escribir una tragedia, o convertirse en ave marina, y si el general no ejecutara la orden recibida, quién estaría en falta, él o yo ?
– Sería usted – dijo con firmeza el principito.
– Exacto. Debe exigirse de cada uno lo que cada uno puede dar – prosiguió el rey. – La autoridad se fundamenta en primer lugar en la razón. Si ordenas a tu pueblo que se tire al mar, hará la revolución. Yo tengo el derecho de exigir obediencia porque mis órdenes son razonables.

hurto y sacrificio

Sigo pensando que el caso más estúpido de los «delitos que la ley comete» en Cuba, es el relacionado con la carne de res. Lo que la ley codifica como delitos relacionados con la carne de res, solo son formas eufemísticas para condenar, castigar, punir, al verdadero delito: el ejercicio irrestricto del ganadero de sus derechos sobre su propiedad (privada), la res. El ganadero es pues solo un administrador-peón de los bienes, al servicio del verdadero y único propietario, que para mantener el control monopólico, codifica como delito cualquier ejercicio de posible competencia. La espiral de ineficiencia en que cae este propietario absoluto, «laRevolución-elPueblo», le impide la cabal satisfacción de las necesidades que empujaron a nuestros antepasados a la domesticación del ganado. Como las necesidades siguen siendo las mismas, el ganado sigue siendo apto para satisfacerlas, y además existe el plus de que ya están domesticados tanto el ganado como el ganadero, «elPueblo-laRevolución», empieza a ejecutar un programa alternativo de esquizoide autofagia, Buscando el aumento del número de cabezas, de leche, de carne, de cueros, lo que se logra es el aumento de la población penitenciaria (con impactos económicos negativos también) y el irrespeto a la ley (otro impacto negativo mas). Los administradores-oráculos de la voluntad última de «laRevolución-elPueblo» no dan su brazo a torcer, siguen torciendo el de los otros, empeñados en tener razón y construir una geometría alternativa, émulos de Lobachevski, cimentada en la refutación del axioma einsteniano de que es imposible hacer cada vez lo mismo y esperar resultados diferentes. El asunto es que después que ha pasado un cierto tiempo de maleficencia se llega a la bancarrota y entonces los insistentes, los que mantienen la línea trazada, ya no pueden cambiar de palo pa rumba por varios motivos. Primero hay una incapacidad biológica, Ellos mismos seguirán mismamente siendo solo Ellos y Ellos solos, y los que no son Ellos, mucho se les parecen, al haber sido seleccionados, como novillos o tulipanes, según la expresión conductofenotípica diferenciada de los rasgos salientes de sus creadores, en un prolongado experimento genético-ideológico digno del planeta Arrakis: miopía ética que les permita confundir al ganadero con el ganado, a «laRevolución-elPueblo» con ellos mismos y a sus superiores con Dios. Y segundo, porque no es un tema sencillo como entrar o no entrar a un hotel, poder tener o no una línea de teléfono celular… hay memoria acumulada en las partes ejecutivas de «laRevolución-elPueblo», en los órganos, las extremidades, los miembros, se han acumulado vidas tronchadas, familias heridas, horas infinitas de inútiles trabajos… porque alguien conocido, el amigo, el padre, el hermano, el hijo, cometió un delito o padeció debido a la dificultad impuesta al consumo de la carne de la res. Hay una mitología popular que dice que las personas en Cuba valen menos que las reses y que considera un acto liberador darle una mordida a la «prohibida» manzana. Bien lo vale a pesar de la ira del dueño y señor… pues acaso ¿no es «elPueblo-laRevolución el dueño y señor?. Los inventores del «Método único de desabastecimiento ordenado de las Casillas,» necesitan dejar que pase el tiempo y la gente olvide, las heridas duelan menos, la confusión sea mayor y los rostros cambien, para poder decir ellos mismos donde dije «digo», digo «Diego» y entonces poder abrir las rejas de las cárceles impúnemente, sin que sientan que la celda se abre también para ellos, sin que les salten arriba. Porque cuando lo hagan, y la gente no se lance desaforada a perseguir terneras en los potreros, y empiece a subir el nivel de la leche en las tetas de las vacas y de la carne en la fría barriga de los refrigeradores, ay mi madre, tendrán que aceptar ser autores de una equivocación muy grande y palpable, que no se podría disimular fácilmente, como cuando los cubanos retornaron a los hoteles representando el menos el tercio de los ingresos de la industria, escatimados durante años.. y Ellos no se equivocan. Por eso vuelvo a decir, antes que la racionalidad (o el pragmatismo económico), que es indispensable, no lo niego, se necesita la virtud política, y la razón ética. No se resuelve el problema económico cubano pensando que van a razonar los mismos rectificadores de siempre, porque en algunos asuntos se ha llegado a cotas sin retorno, donde permitirles rectificarse equivale a validar las injusticias. Es necesario además establecer mecanismos para que se renueven los decisores y la manera en que son seleccionados y perpetuados, la cual hasta ahora ha sido detrimental para el progreso social… de alguna manera, las reses atadas a esta noria nos devuelven a un punto, que no es un circulo, sino un «cuadro». Viva la continuidad!

domingo, 10 de mayo de 2020

la cutara

Dónde va el modelo… qué adónde va…?

No está arriba ni está abajo, no es de izquierda ni derecha, ya no es rojo ni es azul…

no es urbano ni es del monte, ni presente ni pasado ni se ve en el horizonte,

qué dónde está?

Se me metió en la cabeza el sonsonete de la canción que parodio mientras veía las opiniones al pie de los posts de algunas personas que respeto, a raíz del artículo del Granma http://www.granma.cu/cuba/2020-05-06/la-bondad-neoliberal-de-los-entusiastas-consejeros-06-05-2020-23-05-55?fbclid=IwAR08tk7alXYG-Qf7zBTWwE-l8bgsB6WGnBSQmpckwr_t99tscs6lxO52GPM

Mi opinión, no de ahora que el capitalismo y el consumismo me pudieran estar lavando el coco, sino de antes, hará unos diez años, cuando me dio por leer el libro “Cuba, la forja de una nación” de Rolando Rodríguez, para repasar la historia de la segunda mitad de nuestro siglo XIX, es que el modelo que se instauró en Cuba no era precisamente soviético, y que en estos años, o desde esos años en que se empezaron a preconizar cambios, no se caminaba hacia un modelo ni chino ni vietnamita. Nuestro modelo seguía siendo el modelo feudal-esclavista de la colonia. Es un modelo esencialmente colonial, caciquista-caudillista, en que hay una metrópoli-centro de poder, que no permite a la masa de cubanos igualdad de derechos en lo político, en lo económico; donde existe lo que en el XIX se denominaba "miedo al negro", miedo a una masa incontrolada, en mayoría demográfica, la cual necesita del amo ilustrado para ser conducida; donde se exacerba el miedo a los cambios pues estos ponen en entredicho quienes detentarán el poder luego de dichos cambios, y se amenaza con, y se siente como amenaza, el cambio de poder porque se asocia con un cambio de metrópoli. Una parte de Cuba colonizó a otra parte, resguardando los derechos de un cierto linaje, y dejando desprotegidos a sus habitantes de segunda, azuzando aún hordas de voluntarios, cubanos contra cubanos; censurando cualquier idea extranjerizante, como las que exaltaron a Céspedes, Agramonte y Martí; con férreo control de aduanas e imprenta, de entradas y salidas; manteniéndose la misma escala de valores monárquicos, con la similitud en los esquemas de repartición de prebendas políticas a los fieles y similares, a los que pertenecen a las castas administrativas o militares. Se quiere una siempre fiel y sumisa Isla de Cuba. Esa que ya no existe, esa que ha cambiado no porque saliera de una reunión del partido el acuerdo, o porque se votara en una nueva constitución, o se discutiera en forma de lineamientos. Sino por el agotamiento de la gente, por el cambio demográfico del tiempo y el exilio, por la presión de las realidades de un mundo cambiante que le arrancó las caretas a los cuentos con que nos mantenían embobecidos. Sino por esos jóvenes inconformes, que dejaron de escuchar, de prestar asunto, que no decían no, pero tampoco decían sí y continuaban a lo suyo, a sobrevivir, y por esos viejos que después que les pasó la vida, perdieron el miedo pues ya sabían que ya estaban muertos, y dejaron de pedir prudencia, o silencio, o disimulo, o paciencia y confesaron que no se habían desvelado tanto para llegar solo a este lento desgaste. Si, Cuba está cambiando, Cuba va a cambiar, Cuba va estar mejor, pero no por el sacrificado compañero del comité central, o el de la esfera ideológica, o el coronel, o el rector, o el administrador, sino a pesar de todos esos funcionarios de la colonia, con toda la voz, pero sin palabras, solo frases hechas y copias de discursos, con todo el celo pero sin la bondad ni la humildad del amor, con toda la fuerza del poder, pero sin la libertad de la razón.


miércoles, 18 de marzo de 2020

sobre el virus y las coronas



A propósito de 2 (o tres) elucubraciones que he escuchado sobre el virus y las coronas.

He visto artículos diciendo que la presidencia de Trump está acabada por el manejo de la epidemia y su impacto en la economía. No he escuchado aun a ningún norteamericano en mi derredor con una sola queja sobre el manejo de la epidemia, o achacando el impacto negativo en la economía a algo que no fuese el virus, y de hecho, celebran las medidas económicas que se proyectan para amortiguar el impacto (aclaro que vivo en Mississippi, bastión conservador). No digo esto por alabar, ni siquiera por mostrar otra cara de la moneda -estoy viviendo en medio de esta incertidumbre, y honestamente, preferiría estar con mi familia en Cuba- sino como reportando desde el campo de una batalla que me parece se contempla desde los búnkers de la esperanza, del "debería ser", de lo que quisiéramos que fuera, desde las teorías en que se olvida que todos los seres humanos no estamos a la altura de ellas. Mi sensación desde aquí abajo es que todo servirá para un "corrimiento hacia el trumpismo". El hecho de que ya los votantes demócratas se estén decantando por la opción Biden, es una señal de ello. Los estantes vacíos en los mercados, a la mayoría les parece un anuncio de lo que podría venir de triunfar la opción sanderosocialista en las elecciones, pues es lo que siempre han asociado con el socialismo, la simple ecuación de que menos capitalismo trae por resultado más desabastecimiento. Por otra parte, será este gobierno actual en norteamérica el que tendrá que lidiar con la epidemia, no los candidatos desde las tribunas, actualmente virtuales (dada la estrategia preventiva del distanciamiento social). Eso le dará un protagonismo y liderazgo mayor a la Casa Blanca que el que puede conceder cualquier tiempo ordinario. Todo eso, y el hecho de que las epidemias biológicas no son eternas (recuerden a Einstein, eternos solo el universo y la estupidez humana) -las curvas de propagación enlentecida, y aún más la fulminante, pronostican declive de casos para el otoño, el acmé de las campañas electorales- conspira a favor de la “continuidad”. El probable deterioro económico que sobrevendrá ya tiene su chivo expiatorio, que usará muy bien la campaña trumpista; y la gente, sin saber/poder ver más allá de las medidas de rescate instantáneas que les aliviarán los meses corrientes, no juzgarán por lo que pueda acaecer el próximo año para decidir su voto en noviembre. Tendría que alejarse mucho EUA de la norma de lo que ha sido la epidemia en otros países, para que una mayoría castigue en las urnas. Por otro lado campean las teorías conspirativas que ven una acción intencionada detrás de la propagación del virus, la pelota hace su ping-pong entre el contrincante chino y el estadounidense. En su contra los chinos tienen que trataron de silenciar la noticia de la epidemia, metieron preso a uno de los doctores que quiso sonar tempranamente la alarma ( quien falleció con la infección por Covid-19). Los titulares han dicho que es otro Chernobyl. A favor de los EEUU estaría lo mismo que se le critica: falta de tino. Los titulares que se hicieren sustentando dicha teoría de la mala intención norteamericana, tendrán que incluir la palabra idiotez, pues los supuestos creadores del virus carecían de vacunas contra él (un capítulo en esta saga sería el embaraje de Trump por adquirir derechos sobre la alemana); no cerraron las fronteras a tiempo, (el propio presidente Trump y su séquito fueron expuestos tempranamente al contagio en una reunión de donde salió enfermo su hermano gemelo brasileño, Bolsonaro); y el golpe a la economía china que se pretendía como objetivo bioterrorista terminó afectándolos a ellos mismos pues hasta los nasobucos les llegaban de Asia. Considerando que es un virus que resulta más letal en los ancianos, si la idea de los conspiradores era acabar con los viejos, en una gigantesca operación de arquitectura social, ni los más perjudicados ni beneficiados serían China o EEUU, ni sus estrategias de contención han tenido como pilar el darwinismo social, o la estrategia de contención de la epidemia basada en la mitigación, a la que se adscribió tempranamente al parecer el gobierno inglés. Parece ser que la mitigación de la transmisión será el caso obligado de algunos países pobres, en los que la cruda realidad conspira contra las estrategias de supresión basadas en el aislamiento social radical, dados los altos índices de hacinamiento urbanístico; dada la imposibilidad de contar con reservas de alimentos o de prescindir del trabajo diario para ganar el plato que se ha de llevar a la mesa el día siguiente. Sería el escenario cubano, sería la disyuntiva de los gobernantes de Cuba frente a esta epidemia. El aislamiento social en Cuba es harto difícil, el 90% del transporte es público y en condiciones de hacinamiento, las viviendas son pequeñas con numerosos convivientes, casi que el estornudo de una casa salta la tapia del vecino, igual que la mala palabra y el reguetón. Aislar significaría paralizar, y la gente del país vive prácticamente el día a día,  no se come sin "luchar" en largas colas el plato diario. Es una decisión amarga, o el coronavirus que vence a los adultos mayores o el hambre y el pánico que vence a todo el mundo. En Cuba nunca la influenza o la gripe han sido problemas, la gente anda con catarro en las guaguas, los trabajos, las escuelas; los brotes ocurren y se convierten en chistes y apodos, la mortalidad por estas causas virales estacionales no asusta ni se propagandiza. Lo peor que tiene este coronavirus, dicho jocosamente desde la perspectiva de nuestra tradición, es la sombría propaganda, su emulativa politización. La gran ventaja está en ser isla, en contar con un sistema de salud unitario y verticalmente organizado, en la experiencia de vivir en gestionamiento constante de crisis, en la existencia de un sistema de medios de comunicación didáctico y unidireccional al cual los cubanos hemos sido educados para escuchar.  Con todos estos elementos tienen que haber contado nuestros estrategas, con lo que se debería hacer y con lo que se puede hacer, dadas las condiciones reales. De ahí que puedan surgir nuevas teorías conspirativas a ambos lados del estrecho de la Florida. De un lado dirán que el virus lo engendró la mafiacubanoamericana, para acabar con el turismo y/o con la generación histórica, y del otro, que a Diaz-Canel le cayó del cielo, y por eso anda moroso en escuchar las voces de quienes piden cerrar ya las fronteras, la solución al problema del envejecimiento poblacional. De cualquier manera, en todas partes la epidemia seguirá su curso, hasta chocar con la barrera de la inmunidad, ya sea producida mediante vacunas o por contagio rebasado, y/o de las contingencias ecológicas, pues las estrategias actuales solo pretenden diluir la carga de pacientes que podrían requerir asistencia crítica a la vez. Como ningún país puede darse el lujo de paralizarse largo tiempo...

domingo, 15 de marzo de 2020

tumbar al gobierno

Por un poema de Silvio en SegundaCita. Él dice que le hago riposta y parodia. Ni una cosa ni otra.

Si no quieres tumbar al gobierno,
no lo tumbes, espera tranquilo,
los burócratas cierran el cerco,
más la prensa oficial y el olvido.

Si no quieres tumbar al gobierno,
no lo hagas, lo hará por si mismo,
es la simple lección de la historia
para aquel que se tapa el oído.

Si no quieres tumbar al gobierno
… ¿si lo tumban, quién cae consigo?
Ni Martí, ni Fidel, ni Maceo,
y yo auguro tampoco que Silvio.

Si no quieres tumbar al gobierno
… ¿si lo tumban, qué cae consigo?
Es a esa respuesta que temo,
es por esa tragedia que escribo.

No da igual si lo tumba el imperio
o si es a guitarra o bolígrafo,
o si es Díaz-Canel bajo asedio
de un resuelto y viril continuismo,

si es el miedo que grita en el viejo
defendiendo consignas que dijo,
o es el fatuo deseo del joven
de alcanzar algún proto-agonismo.

Si no quieres tumbar al gobierno
con la misma reunión del partido,
con la buena intención del infierno,
con invicto furor del exilio,

alza en alto la voz de tu espejo
donde esta reflejado el martirio
del amor donde es ara la patria
y no pedestal de sus hijos:

calle el ruido de malos y buenos
que han tomado su nombre de estribo,
que no todos los héroes son tercos
ni es de hierro forjado el camino

al futuro en que todos ya muertos
somos besos en labios de vivos.......

miércoles, 11 de marzo de 2020

acotaciones de una cómplice


La escritora Svetlana Alexievich obtuvo el premio Nobel de Literatura en 2015. No escribió novelas propiamente, sino que, a partir de entrevistas, conversaciones, enhebró un “infinito número de verdades humanas” para intentar contar la historia mayúscula desde la ínfima vida y emoción de las personas: contar lo extraordinario según los “contornos de lo ordinario”. Las mujeres y los niños en la Gran Guerra Patria, las tropas soviéticas en Afganistán, la catástrofe nuclear que se trata de ocultar por arrogancia política, el colapso de la era soviética y sus consecuencias, han sido los temas que ha tratado en sus libros. Del libro “Tiempo de segunda mano. El fin del Homo sovieticus.” he traducido (desde la edición en inglés), la mayor parte de un preámbulo introductorio que la autora tituló: Acotaciones de un cómplice. El libro, en su pórtico, tiene dos frases. Hay una que refuerza aquello de que de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno: “En cualquier circunstancia, debemos recordar que no son los enceguecidos malhechores los primeros responsables del triunfo del mal en el mundo, sino los espiritualmente iluminados sirvientes del bien (Fyodor Stepun)”. Aquí les va:

Acotaciones de un cómplice.

(...)El comunismo tuvo un plan insano: rehacer la antigua estirpe del Hombre, del viejo Adán. Y funcionó... Quizás fue el único logro del comunismo. Setenta y tantos años en el laboratorio del marxismo-leninismo dieron origen a un nuevo hombre: el Homo sovieticus. (...) Siento que conozco a esta persona; somos familiares, hemos vivido lado a lado durante mucho tiempo. Yo soy esa persona.  Y lo son mis conocidos, mis amigos más cercanos, mis padres. (…) Aunque ahora vivimos en países distintos (nota del traductor [nt]: específicamente referido a que antes todos fueron soviéticos, de las diferentes repúblicas que conformaban a la URSS) y hablamos lenguajes diferentes, no podrías confundirnos con alguien más. Somos fáciles de notar. Las gentes que han emergido del socialismo, son a la vez semejantes y desemejantes al resto de la humanidad –tenemos nuestro propio léxico, nuestras propias concepciones del bien y el mal, nuestros mártires. Tenemos una relación especial con la muerte (nt: en este punto, un artículo reciente sobre el caso cubano https://www.revistaelestornudo.com/suicidios-cuba-muerte/). Las historias que me cuentan están llenas de términos chocantes:  disparar, ejecutar, liquidar, eliminar, o variedades típicamente soviéticas de la desaparición, tales como “arresto”, “diez años sin derecho a correspondencia”, y “emigración”. ¿Cuánto habremos de valorar la vida humana cuando sabemos que no hace mucho las personas morían por millones? Estamos llenos de odio y supersticiones. Todos venimos de la tierra de los gulags y de la horrorosa guerra. Colectivización, deskulakización, deportaciones masivas de variadas nacionalidades… Esto fue el socialismo, pero también fue simplemente el día a día (…) lo que hubiese sido, era nuestra vida. Estoy empalmando la historia del socialismo “interior”, “doméstico”. Como existió en el alma de las personas. Siempre me sentido atraída hacia este universo en miniatura: una persona, el individuo. Allí es donde todo realmente sucede.

¿Por qué este libro contiene tantas historias de suicidios en vez de los soviéticos más típicos con historias de vida típicamente soviéticas? En cuanto a esto, la gente termina con sus vidas por amor, por temor a la vejez, o solo por curiosidad, por un deseo de verse cara a cara con el misterio de la muerte. Yo busqué personas las cuales habían estado ligadas permanentemente a la idea soviética, permitiendo que esta los penetrara tan profundamente que no habría manera de separarlos: el Estado se había convertido en su cosmos, bloqueando todo lo demás, incluso sus propias vidas. No podrían simplemente alejarse de la Historia, dejándolo todo atrás y aprendiendo a vivir sin ella –lanzándose de cabeza en el nuevo modo de vida y disolviéndose en una existencia privada, como tantos otros, quienes permiten ahora que lo que fueron detalles menores se conviertan en su foco principal. Hoy, la gente quiere solo vivir sus vidas, no necesitan alguna gran Idea. Esto es enteramente nuevo para Rusia; algo sin precedentes en la literatura rusa. En el fondo, fuimos hechos para la guerra. Estábamos siempre peleando o preparándonos para pelear. Nunca hemos conocido otra cosa –de ahí nuestra psicología de contienda. Incluso en la vida civil todo estuvo siempre militarizado. Los tambores batiendo, las banderas ondeando, nuestros corazones saliéndosenos del pecho. La gente no reconoce su propia esclavitud – incluso les gustaba ser esclavos. Lo recuerdo bien: cuando terminaba la escuela, nos ofrecíamos como voluntarios para ser llevados a las Tierras Vírgenes (nt: estrategia de reforma agrícola, iniciada por Jrushov en 1953, que también fue famosa por las dificultades de alimentación, albergue y medios de trabajo que padecieron sus movilizados), y despreciábamos a los estudiantes que no querían sumarse. Estábamos resentidos de que la Revolución y la Guerra Civil hubiesen ocurrido antes de nuestro tiempo. Y ahora uno se pregunta: ¿fue eso realmente nosotros? ¿Fui eso yo? Yo evoco junto a mis protagonistas. Uno dijo, “solo un soviético puede entender a otro soviético”. Compartimos una memoria colectiva comunista. Somos vecinos en la memoria.

(…) Yo fui una Pequeña Octubrista (…) una Joven Pionera, luego miembro del Komsomol. La desilusión vino después. Luego de la perestroika, estábamos impacientes por la desclasificación de los archivos. Finalmente ocurrió. Aprendimos la historia que ellos nos habían estado ocultando…

La gente leía los periódicos y revistas, y se sentaban aturdidas en silencio.  Los sobrepasaba un horror indecible. ¿Cómo se suponía que viviésemos con esto? Muchos recibieron la verdad como un enemigo. Cualquier libertad también. “No conocemos nuestra propia nación. No entendemos lo que la mayoría gente piensa (…) lo que quieren. Pero nos haremos responsables de educarlos. Muy pronto aprenderán toda la verdad y quedarán horrorizados”, decía un amigo en mi cocina (…) yo discutía con él. Era 1991… Qué tiempos tan felices. Creíamos que justo mañana marcaría el comienzo de la libertad. Que se materializaría de la nada, solo por la fuerza del deseo. (…) Era más fácil para mi generación aceptar la derrota de las Idea comunista porque aún no habíamos nacido cuando esta era aún joven, fuerte, y desbordante de la magia del romanticismo fatal y las aspiraciones utópicas. Nosotros crecimos con los ancianos del Kremlin, en Cuaresma, tiempos vegetarianos (nt: término acuñado por la Ajmátova para describir un periodo en el cual solo su obra sería suprimida, por contraposición con los tiempos caníbales del estalinismo, en que eran suprimidas las personas). El gran baño de sangre del comunismo ya se había perdido en el tiempo. (…) Con más frecuencia la gente se mostraba irritada con la libertad “compro tres periódicos y cada uno tiene su versión de la verdad; cuál es la verdad real; antes uno podía levantarse en la mañana, leía Pravda, y ya sabías todo lo que necesitabas saber (…)” La gente era lenta para salir de la narcosis de las viejas ideas. Si yo traía a colación el arrepentimiento, la respuesta era “¿yo de qué me tengo que arrepentir?” Todo el mundo se veía a sí mismo como víctima, nunca como un cómplice deliberado. Uno diría “yo también caí preso”; otro, “yo estuve en la guerra”; un tercero “yo levanté mi ciudad de las ruinas”. La libertad habíase materializado del aire, todo el mundo estaba intoxicado por ella, pero nadie estaba realmente preparado. ¿Dónde estaba esta libertad? Solo alrededor de la mesa en la cocina, donde por costumbre la gente continuaba despotricando del gobierno (…) de Yeltsin y Gorbachov: de Yeltsin por cambiar Rusia, de Gorbachov por cambiarlo todo. El siglo XX completo. Ahora no viviríamos peor que nadie. Seríamos como todos los demás. Pensábamos que esta vez sí nos saldría bien. Rusia estaba cambiando y se odiaba a sí mismo por hacerlo. “El Mongol inmóvil”, escribió Marx de Rusia.

(…) No tuve muchas conversaciones honestas, abiertas, con mi padre. El sentía pena por mí. ¿Sentía yo pena por él? Es difícil responder esa pregunta… No teníamos piedad con nuestros padres. Nosotros pensábamos que la libertad era una cosa muy sencilla. Pasó poco tiempo, y pronto, nosotros también nos encorvamos bajo su yugo. Nadie nos había enseñado cómo ser libres. Solo se nos había enseñado siempre cómo morir por ella. Y entonces, aquí está, la libertad. ¿Es todo lo que soñamos que fuera? Estábamos preparados para morir por nuestros ideales. A probarnos en la batalla. Ahora tenemos sueños nuevos: construir una casa, comprarnos un carro decente, plantar grosellas… Resulta que la libertad significó la rehabilitación de una existencia burguesa, la cual tradicionalmente se había suprimido en Rusia. La liberta de Su Alteza el Consumo. La oscuridad exaltada. La oscuridad del deseo y el instinto –la vida humana misteriosa de la cual siempre solo hemos tenido nociones aproximadas. Porque toda nuestra historia , habíamos estado sobreviviendo en vez de viviendo.

(…) Le pregunté a todos los que encontré lo que significaba “libertad”. Los padres y los hijos tenían respuestas muy diferentes. (…) Para los padres, libertad era ausencia de miedo (…) nunca ser azotado, aunque ninguna generación en Rusia ha podido evitar los azotes. Los rusos no entienden la libertad, necesitan al cosaco y al látigo. Para los hijos: libertad es amor; la libertad interior es un valor absoluto. Libertad es cuando no temes tus propios deseos; tener mucho dinero para tener de todo; es cuando puedes vivir sin tener que pensar en la libertad. (…)

En la “Leyenda del Gran Inquisidor”, Dostoievsky presenta un debate sobre la libertad. Específicamente sobre la lucha, tormento y tragedia de la libertad (…). La gente es constantemente forzada a escoger entre ser libres y alcanzar éxito y estabilidad; libertad con sufrimiento o felicidad sin libertad. La mayoría escoge esto último. El Gran Inquisidor le dice a Cristo, quien ha retornado a la tierra: “Con todo Tu respeto por el hombre, has actuado como si hubieses dejado de sentir compasión por él, porque demandas mucho de él… Si lo respetases menos, Tú le exigirías menos, y esto habría sido más cercano al amor, porque habría aligerado su carga. El hombre es débil e inferior… ¿Es culpa de un alma débil el no tener la fuerza para aceptar tan terribles regalos? No hay tarea más opresiva y torturante para el hombre, habiéndose hallado libre, que buscar alguien ante quien postrarse tan pronto como pueda… alguien en quien depositar ese don de la libertad con el cual esta criatura ha nacido…”

(…) En vísperas de la Revolución de 1917. Alexander Grin escribió, “Y el futuro parece que hubiera dejado de estar en el lugar esperado.” Ahora, cien años más tarde, el futuro está, una vez más, no donde debería de estar. Nuestro tiempo llega a nosotros de segunda mano. (nt: secondhand time, usado, con un dueño anterior)