jueves, 18 de agosto de 2022

contrato social reinvolucionario

 A Jorge Luis Borges le gustaba repetir (más de 5 veces en diferentes ensayos) aquello de Coleridge de que "la fe poética es una suspensión voluntaria de la incredulidad." A Eduardo Heras le escuche hablar del contrato ficcional, de ese tácito acuerdo entre autor y lector, donde el segundo echará a un lado el descreimiento para revivir la historia que le propone el primero. En esos planteamientos hay pistas claras de lo que la ficción es. En la posverdad ambas partes no son conscientes de lo acordado. Borges, analizando Don Quijote, hacía el siguiente hincapié, sin asegurar que se cumpliera para toda la literatura: "no sé si podemos encontrar un solo libro, un buen libro, del que aceptemos el argumento aunque no aceptemos los personajes. Creo que eso no ocurre nunca, creo que para aceptar un libro tenemos que aceptar a su personaje central. Y podemos pensar que estamos interesados en las aventuras, pero en realidad estamos más interesados en el héroe." Según han dicho varios, la realidad imita a la ficción. Yo creo que sí, que hay momentos en cualquier historia personal o colectiva, cuya intensidad desborda la realidad minuciosa, toda esa madeja de tiranías simultáneas que supone vivir de instante a instante. Entonces, como en una novela, todo parece posible, se embridan las dudas, acaece el héroe, acaso el héroe somos nosotros. Pero el género ficción, y el género realidad, generalmente están bien delimitados. Siempre hay un nicho para posverdades en ese limbo entre ambos, donde, con el gancho rutilante de la heroico y del héroe, haciéndonos sentir que todo es original y acuciante, alguien intentará cosechar para sí el beneficio de nuestra suspendida incredulidad. El contrato social de los cubanos se ha convertido en la relación del buen lector con un mal autor, que alguna vez fue amigo: ponemos en suspenso todas nuestras dudas, y de la mano de su trama aceptamos las nuevas convenciones, pero poco a poco dejan de gustarnos los personajes, las inconsistencias del relato producen con demasiada frecuencia intromisiones del sentido común de la realidad, descubrimos que el propio autor no creía en su mundo, sino que lo formulaba por el mero placer de elevarse por encima de nosotros, de someternos en él. Y lo que empezó como inducción, ahora es obligación, exigencia, como a la entrada del Infierno de Dante, donde además del abandono de la esperanza, es necesario el abandono del juicio, para que parezca valedero lo que se inventa. 

miércoles, 3 de agosto de 2022

de Lectura en Steck Hall, de Martí


"Falta aún mucho que decir,—y será dicho, puesto que decir es un modo de hacer."
De esa misma Lectura en Steck Hall, discurso de Martí en New York, 24 de enero de 1880, es este párrafo íntegro, que hay que paladear despaciosamente: "Creemos y sabemos que la naturaleza humana, mala por accidente y por esencia noble, una vez hecha al ejercicio de sus prerrogativas más honrosas, sólo las trueca o las declina por provechos a tal punto halagadores que sean dignas de compensar el inefable placer que produce el dominio sensato de sí mismo. No cabe por tanto en la naturaleza humana, alimentada por los dolores que engendran el rencor, y por la ira que levanta en el ánimo del engañado el pesar de haber cedido a un engaño que no equilibra el bochorno que causa con la utilidad que reporta; no cabe ciertamente, que todo lo que satisface nuestros deseos, está de acuerdo con nuestro raciocinio, nos enaltece a nuestros propios ojos, proporciona a los ofendidos venganza de la ofensa, y facilita todas estas expansiones con el placer de la libertad y con la influencia del hábito,—se trueque por una existencia sin esperanza de mejora, en que los nuevos soles anuncian nuevas burlas, en que el temor de los enemigos desvanece toda esperanza de fructífera concordia, en que se agravan con males nuevos los recientes y terribles males, en que la dignidad vive ofendida, la vida amenazada, la riqueza cohibida o impedida, y las legítimas y habituales expansiones, antes enérgicas y libres, sujetas a malévola censura y a una expresión deforme, traidora e incompleta. ¡Oh, no! ¡No es hombre honrado el que desee para su pueblo una generación de hipócritas y de egoístas! Seamos honrados, cueste lo que cueste. Después, seremos ricos.—Sólo las virtudes producen en los pueblos un bienestar constante y serio."
http://www.josemarti.cu/wp-content/uploads/2014/06/030_ASUNTOS_CUBANOS._LECTURA_EN_STECK_HALL_NUEVA_YORK_24_de_enero_de_1880.pdf

2021, epidemia de infartos en Cuba

Sobre el incremento de la mortalidad en Cuba en 2021 y las cifras oficiales de muerte por Covid. 
El siguiente artículo está disponible en Internet, “COVID-19 as the underlying cause of death: disentangling facts and values” https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7792913/ . Ahí aparecen las referencias sobre las definiciones orientadas por la OMS para definir las muertes por Covid: muerte resultante de enfermedad clínicamente compatible, en un caso probable o confirmado de infección por virus Covid19, a no ser que haya una alternativa clara no relacionada con Covid, como un trauma, por ejemplo; no debe existir periodo de recuperación total entre el Covid19 y la muerte; una muerte por Covid no debe ser atribuida a otra causa (cáncer, por ejemplo) sino que debe contarse de manera independiente de otras condiciones preexistentes que pueden haber propiciado un curso severo del Covid en el paciente. La OMS explícitamente recomienda que incluso en caso de mera sospecha de Covid, en ausencia de cualquier prueba positiva, el Covid debe indicarse como la causa de muerte subyacente. (World Health Organization.(2020).International guidelines for certification and classification (coding) of COVID-19 as cause of death,  (https://www.who.int/classifications/icd/Guidelines_Cause_of_Death_COVID-19.pdf?ua=1) Esta flexibilidad en el diagnóstico de muertes por Covid tiene razones epidemiológicas y sanitarias, pues permite considerar estrategias de prevención y erradicación que pueden pecar de exceso, pero no por defecto. En muchos países, incluido EEUU, ha habido discusiones que reprochan al estado haber magnificado o exagerado las muertes por Covid, y las acciones encaminadas al control de la epidemia.
En la entrada del 30 de junio del blog OtraCita se tocó alguito del tema, y yo dije, con relación a ese incremento de la mortalidad en 2021… que lo más curioso es que las cifras oficiales de fallecidos por COVID solo explican una pequeña parte. Desde el año pasado muchos augurábamos que algo así pasaría, que cuando se conocieran las estadísticas de muerte general, habría que hipotetizar realidades alternativas: en Cuba no hubo epidemia de Covid sino de infartos, o los médicos cubanos se equivocan con frecuencia y no acertaban a diagnosticar Covid en medio de dicha epidemia, ambos casos falsos, como falseadas han sido muchas veces las estadísticas en diversos lugares y circunstancias. En lo personal, me tocó de cerca está tensión entre realidad, estadísticas y proceso diagnóstico. Mi tío, murió de un cuadro hemorrágico bien descrito en pacientes con Covid... en su casa, donde murió, el bisnieto, el nieto, la esposa del nieto y el hijo tenían Covid (PCRs positivas), al pequeñín y la madre incluso los ingresaron, pero el certificado de defunción de mi tío decía que murió de infarto. Conocí otras muchas anécdotas similares. Sobre la irreal neumonía post-Covid (de la que oí hablar hasta en SegundaCita), el mundo científico claramente sabe que parte de lo terrible del Covid es que la respuesta inmune del huésped produce inflamación en diversos órganos, cuando la PCR ya es negativa, que no tiene sentido hablar de neumonía post-Covid cuando dicha neumonía es un efecto de la activación de mediadores inflamatorios y replicación viral en epitelio alveolar. En septiembre pasado se publicó un excelente artículo que, a partir del análisis comparativo de las cifras oficiales de mortalidad por Covid en niños en Cuba y en EEUU, llega a conclusiones contundentes sobre el masivo subregistro de muertes por Covid en población adulta. Cito de dicho artículo (https://23yflagler.com/el-regimen-cubano-puede-haber-barrido-bajo-la-alfombra-a-mas-de-la-mitad-de-los-muertos-por-covid-19/?fbclid=IwAR1Lo-whAl0QaJ_e-v4VoYz5Kk1cG1L29M3nT67cYlyU-XZltphfG1yrV64): "En consecuencia, los menores de edad constituyen el 0.17% del total de los fallecimientos en Cuba por Covid 19; mientras en los Estados Unidos el 0.08%. O sea, en Cuba el porcentaje que representan los menores de edad dentro del total de todos los decesos por Covid-19 es 2.125 veces mayor que en los Estados Unidos. (...) Caben dos explicaciones para esta diferencia: en Cuba la atención a los menores de edad enfermos de Covid-19 ha sido de menor calidad a la que se les ha prestado en los Estados Unidos; o en Cuba ha habido un sub registro de personas mayores de edad muertas a consecuencia del Covid-19, lo cual ha distorsionado la relación, al hacer crecer artificialmente la participación de los menores." Si yo hubiese traído a colación estas fuentes e hipótesis el pasado año, como lo intenté, habría sido cuestionado. Pero ahora las cifras oficiales que muestran el inexcusable aumento de la mortalidad, le dan la razón a todos los que desde entonces denunciábamos las confundidas estadísticas. Esto no pasó por azar, porque los médicos, los patólogos, los epidemiólogos, se orquestarán sediciosamente bajo influencia enemiga, sino porque fue orientado desde las alturas superiores la manera en que debían minimizarse las muertes por Covid. Para que no cundiera el pánico, justificarán algunos. Lo de la orientación lo sé por muy buenas fuentes, tengo muchos amigos médicos y enfermeras y en oficinas a lo largo de la isla que de una manera u otra manifestaron su malestar con esas intenciones. Pero no es nuevo ni asombra. Lo que asombra es que se hiciera en un momento en que sería imposible ocultar el fraude, por mucho que el viejo adagio diga que los muertos no hablan. Recuerdo cuando al término de mi misión en Haití que, como yo era el colaborador más destacado en mi departamento, decidieron multiplicar mis informes estadísticos y convertirlos en la estadística de la brigada. Vivimos allí la graciosa ocurrencia del jefe nacional (que falleció hace muy poco, hubo algunos titulares en la prensa nacional), apelando al sentido común, cuando advirtió en una asamblea “señores, aflojen con los huecos, que ahorita no se puede caminar en este país”. Una de las estadísticas entre las decenas que era obligatorio reportar, era el número de letrinas sanitarias cavadas por los haitianos motivados por las charlas de los cooperantes cubanos, número tan inflado que parecía que en territorio haitiano había caído una lluvia de meteoritos. Esto de la mortalidad por Covid no es trivial, nada en las estadísticas de salud lo es, y es algo sobre lo que me he manifestado, he denunciado, desde que era un estudiante, o médico de familia o cooperante internacionalista. Debería haber un fuerte debate en la prensa, en las reuniones televisadas, en las visitas programadas, sobre esto. Tiene implicaciones serias: ¿se recalcularán las muertes x COVID, las tasas de efectividad de las vacunas, se castigará a quienes orientaron definiciones epidemiológicas que indujeron al subregistro de muertes provocados por el virus? Esa sería una buena manera de empezar a acabar con la confusión nacional y con los confundidos, esos que creen que tienen todo el tiempo del mundo y toda la potestad. Sería una buena manera de dar continuidad a los verdaderos valores que trajo la Revolución triunfante de 1959.

viernes, 15 de julio de 2022

Francisco dijo

De la entrevista al papa Francisco, y sus iluminadoras respuestas, me ha gustado la sencillez y profundidad de estos principios que enuncia:
Entrevistador: Usted señala un camino a partir de ciertos principios políticos.
Francisco: Ahí hay cuatro principios políticos que a mí me ayudan, no solo para esto sino incluso para resolver cosas de la Iglesia. Cuatro principios que son filosóficos, políticos o sociales, lo que quieras. Los voy a mencionar: "La realidad es superior a la idea", o sea, cuando te vas por los idealismos, perdiste; es la realidad, tocar la realidad. "El todo es superior a la parte", es decir, buscar siempre la unidad del todo. "La unidad es superior al conflicto", o sea, cuando privilegiás los conflictos, dañás la unidad. "El tiempo es superior al espacio", fijate que los imperialismos siempre buscan ocupar espacios y la grandeza de los pueblos es iniciar procesos. Estos cuatro principios siempre me ayudaron para entender a un país, a una cultura o a la Iglesia. Son principios humanos, de integración. Y hay otros principios que son más ideológicos, de desintegración. Pero reflexionar sobre esos cuatro principios ayuda mucho. (https://www.telam.com.ar/entrevista-papa-francisco)

pikketiando

Algunos fragmentos del ultimo libro de Thomas Piketty: Breve historia de la Igualdad, publicado en 2021. Este nuevo libro parte de su convencimiento, constatado en sus estudios que rindieron dos libros importantísimos ("El capital en el siglo XXI" y "Capital e Ideología"), de que "el avance hacia la igualdad es una batalla que empezó hace mucho y solo necesita ser continuada en el siglo XXI, provisto que en ella participemos todos y que rompamos con las divisiones basadas en raza o identidad cultural y disciplinamientos que con demasiada frecuencia nos impiden avanzar."En los libros anteriores, y en este en particular, se documenta el avance a lo largo del curso de la historia hacia mayor igualdad económica, social y política, puntuada por multiples fases de regresión. Piketty es categórico: el mundo del 2020, no importa cuan injusto parezca, es más igualitario que el de 1950 o 1900. Afirmar esto, agrega luego, no es un alarde de éxito, sino una llamada para continuar la lucha sobre bases históricas solidas. Otras lecciones de la historia sobre la desigualdad, a su criterio son: a) la más obvia según él, "la desigualdad es una construcción social, económica y política. Para un mismo nivel de desarrollo económico o tecnológico, siempre hay muchas maneras de organización un sistema de propiedad, o de fronteras, social, politico, fiscal, educacional. Estas opciones son de naturaleza política. Dependen del estado de las relaciones de poder entre los diversos grupos sociales y las cosmovisiones involucradas. Las sociedades humanas inventan reglas e instituciones con el propósito de estructurarse a sí mismas y dividir poder y riquezas, pero siempre sobre la base de opciones políticas reversibles." b) "las luchas contra la injusticia y las relaciones de poder no son suficientes en sí mismas. Son condición necesaria para el derrocamiento de instituciones no igualitarias y los poderes establecidos, pero no garantizan de ninguna manera que las nuevas instituciones y poderes que los reemplacen serán tan igualitarios y emancipatorios como hubiésemos deseado. La razón es simple. Aunque es fácil denunciar la naturaleza opresiva o generadora de desigualdad de instituciones y gobiernos establecidos, es mucho más difícil coincidir en las instituciones alternativas que harían posible hacer reales progresos hacia la igualdad social, económica y política, al mismo tiempo que respetando los derechos individuales, incluido el derecho a ser diferente. La tarea no es en lo absoluto imposible, solo que requiere que aceptemos la deliberación, la confrontación de puntos de vista distintos, compromisos y experimentación. sobre todo, requiere que aceptemos el hecho de que es posible aprender de las trayectorias históricas y experiencias de otros, y especialmente que el contenido exacto de las instituciones justas no es conocido a priori, por lo que vale la pena debatirlo."
Piketty concluye su introducción al libro con los siguientes párrafos: "En suma, dos escollos simétricos deben ser evitados: uno consiste en negar el papel de la lucha y de las relaciones de poder en la historia de la igualdad. El otro consiste, por el contrario, en santificar y negar la importancia de los resultados políticos e institucionales, a la par que a las ideas e ideologías partícipes en su elaboración. (...) El experimento del comunismo soviético (...) perfectamente ilustra estos dos escollos. Por una parte, fueron en verdad las relaciones de poder y luchas sociales intensas, las que permitieron a los revolucionarios bolcheviques, reemplazar al regimen zarista con el primer estado proletario en la historia, un estado que inicialmente alcanzó considerables avances en educación, salud pública e industria, a la misma vez que hizo una contribución capital a la victoria sobre sobre el nazismo. Sin la presión de la Unión Soviética y del movimiento comunista internacional, no es de ninguna manera cierto que las clases propietarias occidentales habrían aceptado la Seguridad Social e impuestos progresivos sobre las ganancias, descolonización y derechos civiles. Por la otra parte, la santificación de las relaciones de poder y la certidumbre bolchevique de que ellos conocían la verdad última en relación con instituciones equitativas, condujo al desastre totalitario que presenciamos. Los arreglos institucionales actuantes (un partido político único, centralización burocrática, propiedad estatal hegemónica, y rechazo de la propiedad cooperativa, elecciones, sindicalizaciones, etc) clamaban ser mas emancipatorios que las instituciones burguesas o socialdemócratas. Dichas instituciones condujeron a niveles de opresión y encarcelamiento que desacreditaron al regimen y finamente causaron su caida, a la par que contribuyeron a la emergencia de una nueva forma de hipercapitalismo."

el juego

Yo no le hago el juego a nadie (que equivale a decir que lo hago en la misma medida en que todos somos parte de los juegos de los demás), pero me rehúso a no hacerle el contrajuego a quienes impunemente cuestionan el albedrío de otros para expresarse gratuitamente. La gratuidad es un concepto requeteviejo, de larga tradición cristiana, e incluso pagana: lo creado anda en gratis pasada por este mundo, sin necesidad de justificar su existencia ni su experiencia, salvo ante divina voluntad. Si todo aquel que disiente de la manera en que se desenvuelve la sociedad cubana (en el sucesivo presente), poniendo énfasis en la responsabilidad que atañe a la forma en que está estructurada y es conducida, si todos esos a priori resultan ser solo víctimas de un equívoco, unos equivocados: equivocados los argumentos, equivocadas las maneras, equivocadas las motivaciones, o equivocada la potestad porque inconsciente o voluntariamente se alinea con una agenda enemiga que también está equivocada, ¿acaso no se estará enunciando, por simple espíritu de contradicción, que ya se posee el camino hacia la verdad, el santo y seña de la perfección? De ahí a la Gracia Divina no falta mucho. Y eso arrojará inequívocamente de vuelta a la gratuidad. Como se ve, por reducción al absurdo, infalible método lógico-matemático, cualquiera de los pasos que completan este círculo, vicioso y viciado, es falso. Si ese no es el caso, matemáticamente existe otra posibilidad: lo que se posee, lo que se proclama, es el rotundo derecho a una rotunda equivocación… que si fuera cosa de uno solo, o de muchos como uno solo… pero no, repetidamente se demuestra que este no es el caso: se fracasa una y otra vez en el empeño de lograr el imán de un solo polo.

golpes

Golpes blandos…. puede ser… el hecho de usar la terminología en boga ya es en sí como otro suave golpecito, como cuando, según estipula el principio de incertidumbre de la física cuántica, al observar una magnitud, en la manera en que se realiza la precisa medición, se delimita un parámetro o propiedad de la partícula en detrimento de los otros. Con esta noción de golpe blando podría hacerse un análisis de toda la historia, ver cuantos golpes blandos y golpes duros ha habido en ella, cómo estos golpes han sido una y otra vez mecanismos para cambios importantes en cualquier sociedad. ¿Preparados acaso por la CIA o por el imperialismo? Quizás. Quizás desde el futuro, un futuro de dominio imperial donde ya existieren los viajes en el tiempo, con sus agentes viajando al pasado a organizarlos… Eso equivaldría a ya sentirnos derrotados de antemano, una nueva versión de Terminator. 
O eso que ha ocurrido tantas veces en el pasado no ha sido producto de golpes blandos, sino que, según repetían los libros por los que me tocó estudiar, simplemente ocurrió la coincidencia de un numero de factores objetivos con factores subjetivos, ninguno como obra de una sola y maquiavélica voluntad, sino de procesos difíciles de modelar que ocurren al interior de determinados grupos y épocas.Esto de culpar de cualquier cosa al golpe blando me suena como si ahora la política ya no fuera un marco de competencia de ideas y conductas-acciones para hallar la forma más beneficiosa de funcionamiento/organización del grupo social (o de quienes se empoderan a la cabeza del grupo) en un contexto específico, según la cosmovisión de ese contexto, (y sin la influencia de agentes que viajan en el espacio-tiempo), de la misma manera que en las ciencias se da la libre competencia de ideas y métodos para la explicación, modelación y predicción de las partes y el todo de la realidad, también acotado contextualmente, sin que nadie del futuro venga a soplarle a los científicos las óptimas respuestas.[Las diferencias entre ciencia y política deben ser muchas, pero hay una fundamental: el Poder. Aunque muchos no lo creen así, la política no gira solo en torno al poder, el poder es más bien un subterfugio, un atajo, una ventaja, que ayuda, con el menor esfuerzo posible, a convertir lo posible en probable, pero que con el uso, y el mal uso, se ha convertido en lo más importante de la política, como mismo el drogadicto no se puede sentir super sin formula mágica, y como mismo el orgasmo parece ser el santo grial del sexo.]
En política siempre ha habido perdedores y ganadores, y el devenir político pudiera mostrarse a través de la sucesión de múltiples mecanismos de ‘arbitraje’ para decidir quién gana o pierde el poder (destreza en la caza, favor de dios, guerras, sucesiones y linajes, votaciones, popularidad), mecanismos de arbitraje que han sido, durante milenios, sujetos de las más furibundas contiendas antes de que fuese seleccionado (al parecer) ese que llamamos democracia.
Pero la democracia no es solo eso, mecanismo de arbitraje para dirimir cual idea gana o pierde, qué personas detrás de las ideas serán vitoreadas en la palestra o saldrán abucheadas por el fondo, sino que sirve para acotar, delimitar, el espacio de acción de determinados poderes, y así balancear entre distintas manos esa brasa ardiente. La democracia no tanto como un ejercicio de toma conjunta de decisiones, de comprometimiento, representación e identificación grupal, sino como un mecanismo de rotación de poderes, donde ningún grupo queda del todo desahuciado, sino que quienes detentan un poder saben, han aceptado, que no es para siempre, y que quienes han perdido ese poder, también saben, confían, en que no han sido descartados del todo, no se les despoja de la esperanza de voltear el viento a su favor algún día, no se les arrebata el derecho a una lucha legítima para alcanzarlo. Y ese mecanismo, esa posibilidad de balance, esa necesidad de no ser siempre y para siempre perdedor, es esencial a la naturaleza humana. Incluso a la naturaleza. Si una especie evoluciona y se ubica por encima de otras en la cadena trófica, eso no la hace omnipotente, no la hace regodearse en tal victoria, como vicioso rey. Simplemente ha sido ocupado un nicho vacante en una ecología determinada cuya armonía sería imposible sin la existencia del resto de las especies. ¿No pastan las gacelas a la vera de los leones de algún modo sabiendo que solo es peligrosa el hambre?
Esa posibilidad de balance, de saber que quien pierde hoy podrá ganar mañana y viceversa, es esencial por la simple razón de que la psicología del homo sapiens, base de la conducta social humana (e interactuante con esta en varias escalas, todas contenidas en esa gran interfaz que llamamos cultura) tiene un anclaje biológico, también evolutivamente determinado. Y esa evolución es simplemente una lucha, tanto en el plano inmanente como en el plano trascendente (para decirlo con términos un poco lezamianos). Una lucha mientras se vive, para sobrevivir y poderse aparear y reproducir (cuerpos, conductas); y una lucha después que se vive, para si se quiere, sobremorir, persistiendo en la descendencia no solo a través de la reedición de formas y funciones comunes a la especie, y particulares del individuo, sino además como seres con identidad, historias, memorias, valores que querríamos ver replicados, redivivos. Y de esos imperativos no está exento nadie.
Se han acumulado hallazgos científicos suficientes para sustentar que los valores son parcialmente determinados biológicamente. Por ejemplo, se sabe que existe un mecanismo neurológico dependiente de circuitos que utilizan el neurotransmisor serotonina, cuya función es determinar qué posición, rango, estatus, ocupa el individuo en el grupo, y subyace al establecimiento de grupos jerárquicamente organizados. A más alto estatus, estos circuitos neurales incrementan el nivel de serotonina induciendo así más emociones positivas y disminuyendo las negativas. Por eso comporta tanta dificultad y tiene repercusiones adversas en los individuos el intento de sofocar, culturalmente (mediante presión social a través de educación, leyes, moralidad…), determinados valores humanos relacionados con la competitividad y el alcance de estatus (profesional, intelectual, económico, social, político…). Esas conductas, al parecer las llevamos profundamente incrustados en nuestros cerebros luego de millones de años de evolución, y sigue ahí porque han resultado ventajosas para la sobrevivencia de las especies. Frustrar la posible jerarquización de los individuos a partir de sus resultados-logros-triunfos-ganancias mediante la igualación forzosa (el igualitarismo), despojar a las personas de su capacidad para luchar por su autoafirmación (de sus ideas, su conciencia, su visión política), termina por desestructurar al grupo humano.
La disonancia de emociones entre quien alcanza el estatus superior, y quienes fracasan en el intento, se hace mayor cuanto mayores y arbitrarias son las diferencias de estatus. Cuando se obtiene una posición de mayor valencia jerárquica no a través de justa competencia, sino por influencias azarosas, los que resultan relegados reiteradamente por la exposición repetida a dichas circunstancias injustas, caen en el marasmo de la desesperanza aprendida, lo que coloquialmente se traduce en colgar los guantes, flotar, no coger ninguna lucha. Los aupados en esta repartición, son recompensados con una ducha de emociones positivas que lo reafirman como individuo. Uno y otro terminarán juzgando equivocadamente el proceso, desde los polos en que uno se sentirá maldito por la circunstancia y el otro un elegido sin nada que justificar. A la corta o a la larga, la vida se torna falta de sentido sin la capacidad de afirmar estos valores medulares, y se incrementa la polarización entre los individuos y los grupos. Despojar a personas o grupos de vías legítimas de acción que den cauce a esta necesidad vital de autoafirmación es un potente generador de descontento, y entre los miembros del grupo aparecerán individuos que, en lugar de reaccionar con inacción, se movilizaran, aun escogiendo cauces que implican peligro vital, sanción moral, ostracismo social, etc. Es solo cuestión de tiempo llegar a este estado dentro de un grupo donde se dan las premisas. El tiempo que demore lo biológico en expresarse en lo social. Me gustó esta frase de Víctor Hugo que parece resumirlo: No hay nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su tiempo.
Cuando ese tiempo ha llegado, las influencias externas al grupo, pudiesen hallar resonancia dentro de este con más facilidad. Un suave toquecito se puede amplificar. ¿Acaso no fueron las ideas de la revolución francesa y de la revolución americana las que resonaron en los patriotas del XIX? ¿No fueron las ideas de la revolución bolchevique las que resonaron a través del XX? ¿Por qué en el XXI no pueden resonar también ideas? ¿Se acabó la historia? Es como si quienes proclaman el fin de la historia fuesen aquellos que tanto se han opuesto (mal leyendo) a Fukuyama. Cualquier grupo cuyos reclamos entronquen con rasgos fundamentales de la naturaleza humana, más temprano o más tarde actuará en pos de sus ideas, y esas ideas se diseminarán y fortalecerán en torneo justo o injusto con otras ideas. Mientras más injusto sea dicho torneo, más probablemente se asociará la idea de justicia con las ideas reprimidas.
No se pude estructurar una sociedad para que no fluyan e influyan las ideas externas. Una vez que las ideas fluyen e influyen, no se puede estructurar una sociedad para mediante la coerción, limitar continuamente al grupo influido e influenciable por dichas ideas, sin tener como justificación una crítica razonada, axiomática, no susceptible de polémica, de dichas ideas, sino que la crítica tiene como sustento fundamental la simple oposición al origen de dichas ideas. Gene el Afilado no fue para nada innovador en su Pedal, recogió y le puso un nombrecito a lo que ya estaba desde milenios en el aire, desde que los procuradores romanos sembraban la discordia entre judíos (un ejemplo acaso), nombre a lo que ahora es mucho más fácil de orquestar con el sustento tecnológico de la globalización. No basta que algo venga del enemigo para que sea malo: habría que renunciar a demasiado libro, herramienta, medicamento, etc, que son buenos. Como mismo que algo venga del amigo no por ello resultará un bien de calidad. ¿No nos sobran de esto los ejemplos?