sábado, 7 de marzo de 2020

sobre el caso Alcántara y Porcel

La primera noche ellos se acercan y cogen una flor de nuestro jardín,
y no decimos nada.
La segunda noche ya no se esconden pisan las flores, matan nuestro perro
y no decimos nada.
Hasta que un día el más frágil de ellos entra sólo en nuestra casa,
nos roba la luna,
y conociendo nuestro miedo
nos arranca la voz de la garganta.
Y porque no dijimos nada
ya no podemos decir nada...
Vladimir Maiakovski.


¿Será ultraje leer en el baño? ¿Y los que como Hemingway tienen hasta un librero en el baño? ¿Y los que se han limpiado con el Granma? No van a dar abasto los juicios a los ultrajadores... O será que el delito es que se sepa?

Para que los que quieren impartir una "justicia" tajante donde "la dignidad de la bandera" es mayor que la de un hombre que la defiende, vean el rostro, escuchen la voz, aquilaten el carácter, de a quien sin conocer ni comprender, querían silenciar y desprestigiar. Ante muchas cosas pasadas y porvenir, repito esta enseñanza: "El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado." (Marcos 2:27:28). Lo demás es fariseísmo, el facilismo de las formas sobre las esencias. https://www.facebook.com/elestornudo/videos/530516271231862/

viernes, 6 de marzo de 2020

errores de fondo...de la nueva justicia

Tanto en la justicia como en la medicina puede ocurrir un error que debe minimizarse, el famoso error estadístico tipo I. Las investigaciones científicas donde la estadística es usada como herramienta restringen al máximo la posibilidad de cometer este error, el de rechazar la hipótesis que se investiga cuando esta es verdadera, fijando el parámetro de significación estadística de la prueba de la hipótesis en un número pequeño. Este parámetro, conocido como Alfa, generalmente se fija en 0.05 o de 0.01, lo cual equivale a decir que existirá una probabilidad de un 5% ó del 1% respectivamente, de que una hipótesis verdadera sea rechazada (strictu sensu la hipótesis nula). Traducido al ámbito legal, significaría que un inocente sería hallado culpable, y traducido al ámbito clínico, que una prueba o análisis médico dará positiva sin que el paciente padezca la enfermedad o alteración. Es obvio que este tipo de error se evite cometer a toda costa en circunstancias ordinarias. Es preferible que un verdadero culpable quede suelto esta vez, que no hacernos parte del crimen que significa condenar al inocente (condenando al inocente también queda suelto el criminal, cosa que a veces se olvida). Igualmente, si a alguien se le atribuye una enfermedad o alteración que no padece como resultado de una prueba falsamente positiva, la verdadera causa del mal seguirá "suelta", se prescribirá un tratamiento innecesario que muchas veces trae aparejados efectos secundarios, y se perderá tiempo precioso para la búsqueda y sanación del problema verdadero tras la falsa pista. Lo que matemáticamente se formalizó como uno de los pilares de la ciencia estadística, es parte del sentido común hace milenios. Desde Hipócrates, el primer axioma ético de la práctica médica es “primun non nocere”, “Lo primero es no hacer daño”. El principio de Presunción de Inocencia comenzó a tomar cuerpo en la práctica del derecho desde los siglos iniciales de la era cristiana, y ha sido formalizado en la Declaración universal de los derechos del ser humano.

yo entiendo

Silvio, me pasé la mañana entre los pacientes y escribiendo lo que envié al blog antes, sin leer los otros comentarios que fueron apareciendo, incluido el tuyo. Pero intuía que en algún momento iba a caer. Ahora he visto gente por ahí que empieza a sacar puntas a lo que contaste. Tu sabías que así iba a ser. Esas puntas que sacan, más que nada las usan para herirse ellos mismos, para flagelarse porque les duele la belleza de tu obra, en la que ellos y todos los demás hemos bebido, hasta los cubanos que no saben que tienen boca. Criticándote a ti hacen su propio mea culpa, ignoran, desde su inmadurez, que un hombre se hace siempre de todo material, y que es de una sola pieza, pero que ha fraguado en repetidas y distintas forjas. Quieren hacer, como dijo el profeta, del icono pedazos, y se avergüenzan del rinconcito que te habían hecho en sus altares. Sigues siendo pionero y sigues haciendo poesía, de la manera en que yo lo veo. A veces uno está en un lugar y en una circunstancia, y como persona falible que es, lleno de pulsaciones de tiempo, no siempre hace lo perfecto, y lo perfecto también es una pulsación más sometida al arbitrio del tiempo. Lo que hayas dicho frente a una puerta cerrada puede importar más para algunos que lo que ahora dices frente a innúmeras puertas abiertas. Pero yo no creo que ese es el caso. Si nos duele tanto lo reprobable que pueda haber surgido en aquellos años, y si las circunstancias no nos hicieron peores, y las mismas cosas no fueron quizás peores, entre otros motivos es porque en tus canciones se dibujaba algo mejor.

a partir de Sueños al Pairo


Me es angustioso hablar de este tema en torno a los sucesos del Mariel. Empiezo diciendo lo que ya he dicho antes: ninguna medida económica urge tanto como aquellas de orden ético que se siguen postergando, aquellas que podrían connotar, al menos en lo simbólico, lo declarativo, una ruptura (una contra-continuidad, que no es lo mismo que contra-revolución) con determinadas pautas de actuación, quizás justificables a la luz de circunstancias pasadas extraordinarias, que se entronizaron y provocaron un reajuste de nuestro sistema de valores. El Mariel, los actos de repudio, la actitud hacia los migrantes y hacia la emigración son la inauguración sinfónica, el acto de fe, de esta nueva manera de ser, de entender y de afirmar nuestra humanidad, otro modo de ser y relacionarnos con Nosotros, para-por no ser ni llegar a ser ni parecer Ellos: los contrarrevolucionarios, los apátridas, los egoístas, los burgueses, los que desprecian al pueblo, los homosexuales, los raros, los lumpen, la escoria. De ese lado todo está mal. Y de este lado, con este, todo estaba bien, o lo llegaría a estar. El sentido de la justicia, de lo que es justo, de lo justo, ocupa el centro de la moralidad humana. Es una prevención innata contra las asimetrías, contra la falta de reciprocidad o concordancia en las relaciones; la manera en que las leyes de la simetría que gobiernan el Universo se manifiestan en nuestra conciencia. A muchos cubanos el dial de la justicia se les fue corriendo subrepticiamente, bien porque hubo presión de las circunstancias, bien porque se institucionalizaron modos de responder a las circunstancias que a plazo mediato o largo han demostrado ser contraproducentes, desventajas adaptativas. Del valor justicia se derivan, en él se sostienen, otros valores; permite dirimir la valentía del abuso, el agradecimiento del sometimiento, la honestidad de la indiscreción…; nos hace rechazar la mentira, el egoísmo, la simulación, la discriminación porque son básicamente actitudes injustas… Fue desvirtuado, desvalorizado, difuminado, cuando se equiparó la justicia con la igualdad, arrollando con “ley pareja” la difícil aplicación del sentido común a casos distintos, o al coartar (y estigmatizar) determinados valores humanos relacionados con la competitividad y el alcance de estatus con parámetros ajenos al área de competencia; cuando se desequilibró el balance necesario entre el ideal de justicia social y de dignidad de la patria encumbrándolo por encima de la justicia con-hacia los individuos y de dignidad del individuo; cuando se justificó (palabra cuya raíz es la misma de justicia) la realización sistemática de acciones esencialmente injustas como por ejemplo, el silenciamiento de las voces y opiniones críticas, disonantes, alternativas, durante muchísimos años; cuando los jueces pudieron o tuvieron que ser también parte, frente a posturas de antemano juzgadas, como en el poema de Prévert del combate contra el ángel; cuando, para contrarrestar una cara de las cosas solo se hacía énfasis en la otra, sesgando la información, y luego, desde dicha asimetría informativa (y formativa) que más que nada reducía el poder de los análisis para fundamentar o rechazar propuestas, entonces gobernar, dirigir, desde un ampuloso sesgo de confirmación…y un largo etcétera.

Fue un proceso complejo, pues de otra manera, también sentimos que nuestro sentido de la justicia se ampliaba, que éramos menos egoístas, que llegábamos no solo en palabras, sino en actos, más a las esencias, preocupados por redimirnos no solo a nosotros mismos o a quiénes nos eran más cercanos, sino a todos en el pueblo revolucionario, incluso a otros pueblos victimizados. Fue un proceso complejo, de donde se esperaba nacería el hombre nuevo (yo pienso que algunos todavía andamos por ahí). Fue complejo, tanto como muchísimos procesos biológicos que luego de ser mecanismos compensatorios beneficiosos por muchos años, llegan a convertirse en la propia enfermedad de un sistema, ejemplo clásico es la hipertrofia del corazón para lidiar con los incrementos de “carga”. En muchas de las medidas que se han tomado a lo largo de estos años, hay implícita una crítica, un “desdecimiento”, de medidas y estrategias pasadas. Los hoteles, las compraventas de viviendas, los viajes, la expresión menos ceñida en blogs, posts, y hasta periódicos y noticieros, son diametralmente opuestas a regulaciones bajo las cuales nos acostumbramos a vivir. Pero en general han acaecido como por obra de la necesidad, obligados por ella, como tomadas a regañadientes, para salvar algo superior, casi concesiones hechas a lo que, según el mismo discurso, no puede hacérsele concesiones, casi concediéndole razón a los estrategas de la asfixia económica, cuya esperanza es que la presión doblegue. Nadie dijo que dichas medidas eran justas, o más justas, o que deshacían injusticias y por eso eran tomadas, que no eran estados transitorios para volver a un punto anterior, sino que son pasos definitivos para llegar a algo mejor.

Creo que la reticencia a la contra-continuidad en los aspectos que he mencionado y en otros, se hace evitando que muchos protagonistas de aquellos sucesos, aún vivos, puedan ofenderse, pierdan esas razones, aunque conservaren muchas otras. Vuelvo a repetir: Una Revolución se hace contra el pasado y es sobre todo una máquina de futuro; pongamos el instrumento que la Revolución es, que la nueva Constitución es, al servicio de nuestro futuro, no a servicio de nuestro pasado, lo cual no implica deshonrar nuestra memoria o nuestra historia: nosotros no fuimos hechos para ellas, sino que ellas acaecieron en nosotros y para nosotros; la política en Cuba no puede ser un prolongado ejercicio de demostración de un teorema esbozado casi por inspiración, no puede seguirse haciendo para validar la razón o la bondad o la inteligencia, para absolver, en definitiva, a quienes gobiernan o han gobernado el país, para que equivocándose y volviéndose a equivocar, rectifiquen o hasta que alguna circunstancia histórica favorable les haga parecer sabios; no puede seguirse haciendo política en que unos pocos arriman las brasas a su sartén, y los demás solo sirven de coro, de trasfondo uniforme, sobre el cual destacan las siluetas mesiánicas. Y agrego: Cuba no puede ser un blasón en la solapa de nadie. No se puede seguir esperando para no herir sensibilidades porque la herida que se inflige es mayor. No es un caso de derecho civil, en que habrá que esperar que mueran los padres para repartirse la herencia. Es un caso de derecho universal, moral, humano, en que la herencia ya es nuestra, en que por el solo hecho de haber nacido en esta isla, ya estamos indisolublemente ligados a su destino, ya es nuestra y somos parte de ella.  (…continúa….)

A la mente me viene un fragmento de Martí: “Y si a los españoles, por ser españoles, los ataco, mi padre saldría de la tumba, y me diría: parricida. Pero el mal gobierno, la opresión, la ignorancia en que vivimos, la miseria moral a que se nos condena, esto ¡padre mío! no eres tú, eso no es España, sino otro país; eso es infamia y abominación, y dondequiera que lo encontraras lo has de acabar.” Se necesitan leyes, acciones, posicionamientos claros que no aumenten el peso de las diferencias y la polarización, en temas que no deben ser motivo de sectarismo ideológico, pues son sencillamente consustanciales a lo que los seres humanos hemos llegado a ser, en lo que hemos devenido. Como mismo no tiene defensa ideológica en el mundo hoy, el tener esclavos y matarlos por ofender a su señor, no la tiene el irrespeto al derecho de una persona de pensar y expresarse sin temor ni hipocresía, en participar en los destinos de su país. El dial de la justicia ha de correrse hacia un punto que nos permita exigir disculpas y perdonar, indagar y entender, llegar al convencimiento de cuan endebles son algunas razones para cimentar una línea divisoria entre el adentro y el afuera, entre el aquí y el allá, entre el ellos y el nosotros. Antes que la racionalidad o el pragmatismo económico, que son indispensables, se necesita la virtud política, y la razón ética. No se resuelve la herida que significó la construcción de un exilio antagónico, con silencio, con señuelos de redituables bonanzas, dando tiempo a que el tiempo pase, y la gente olvide, y las heridas duelan menos, la confusión sea mayor, los rostros cambien, quizás con el secreto de deseo de sentirse triunfador desde los inalcanzables escaños de la muerte, o con el secreto miedo de que llegará el día en que tendrán que balbucear "Diego" donde dijeron “digo".

El tema del Mariel, de los desposeídos de toda propiedad aun desde antes de haber salido por las puertas de sus casas, de los castigados a estar separados de su familia, suspendidos en limbos de espera sin que hubiese una fecha definitiva o una ley escrita que la pautara, no es el tema sencillo de entrar o no a un hotel, de vender y comprara un carro o una casa. Hubo vidas tronchadas, familias divididas, se deconstruyó una idea de país y se instituyó otra en que de un lado estaban los que tenían razón histórica y del otro los derrotados. Se llegó a las cotas en que no pueden realizar el camino de retorno los mismos que realizaron el camino de ida, hay asuntos en los que mientras no se realice la expiación, la mínima al menos de la disculpa y la crítica, se está validando la injusticia.

Hay cosas que se pueden prometer y cumplir muy rápidamente en Cuba, mas importantes que cualquier lineamiento económico, las que de verdad empezarán a destrabar el experimento de autovalidación de gente autosuficiente y arrogante como pocas han habido en este mundo: 1) las buenas ideas pueden venir de otras cabezas, y hay que organizar un sistema donde esas cabezas no sean destruidas o ahuyentadas por un filtro de discriminación que más que ideológico-político ha discriminado la inteligencia y la ética que tienen a la honestidad y el respeto a la alteridad como puntales 2) se ha acumulado una masa crítica de cubanos con capacidad intelectual, carácter y voluntad para construir contra la adversidad, fuera de los círculos del poder facilistas y clientelistas, con los que hay que contar, no solo como piezas productivas, sino con capacidades paradigmáticas, de dirección, de organización, y no están solo en Cuba 3) hay que contar con la emigración como parte indisoluble de la nación, y como mismo tienen una participación capital en la economía cubana, merecen no un extra, sino el mínimo de ser considerados de hecho y de derecho como cubanos, no como una masa fácil de esquilmar desde el chantaje emocional desde orillas opuestas.

jueves, 27 de febrero de 2020

de palo pa rumba

Distingo, casi repartidas en porciones idénticas, tanta puerilidad como mala intención en las opiniones que se vierten sobre el campo ideopolítico norteamericano, por parte de algunos desde ambas orillas cubanas. Para unos Sanders es más de lo mismo, pues no atacará la esencia del sistema que encarna el infierno en la tierna. Lula, Cristina, Evo, AMLO, solo por citar paradigmas recientes, no recibieron nunca ese tipo de juicio esencialista, fueron vistos y recibidos como pasos adelante en la historia de sus pueblos y de la izquierda mundial, si es que dicha entelequia existe. Fidel Castro siempre fue adalid de la doctrina que decía que un demócrata era lo mismo que un republicano en relación con Cuba, pero ahi está la historia para demostrar cuan equivocado es dicho enfoque, entre otras cosas porque bajo la misma óptica que invalida la distinción que hacen de sí mismos los sujetos dentro un fenómeno subordinándola a una categorización externa, desde otro lugar, desde otra época, desde otra cultura, o desde otro grupo, funcionan los atavismos que dictan que todos los negros son iguales, todos los latinos son iguales, todos lo cubanos son iguales, todos los socialismos son iguales… ad infinitum. El socialismo o el comunismo en ninguna parte va a surgir de sopetón, de «un palo». Por la misma razón que ni la gallina ni el huevo estuvieron completos uno primero que el otro. Unos por conveniencia, otros por connivencia y otros por deficiencia se han quedado anclados en un antinorteamericanismo, pensando que eso equivale al antimperialismo martiano. Para una gran mayoría de quienes viven en ese país, este les parece, como mínimo, de lo mejorcito que le puede pasar a alguien en el planeta Tierra. Podrá ser una ilusión, inculcada por los monopolios mediáticos, pero de eso podríamos también se acusados los cubanos, ¿no?. Entonces, si eso piensan, cuál estado de sincronización social, cuál profunda conmoción de la conciencia grupal, habría de llevarlos a saltar de «palo pa rumba», siguiendo el ejemplo de los rusos, de los chinos, o de los cubanos. Según parece, estos cambios catárticos no los impulsa el desarrollo, sino la asimetría. La Revolución cubana, y ya sabemos también que el Génesis no ha de tomarse al pie de la letra, no se hizo en 7 días. Batista se fue en una noche, a Fidel le tomó ocho días llegar a La Habana, tres años declarar el carácter socialista de la Revolución, 17 instituir una nueva constitución, cerca de 25 años para empezar a rectificar errores, 55 para declarar que la Revolución podía implosionar, y nunca logró ver baños limpios en las terminales ni el cese de la emigración de cubanos por causas… ¿económicas, verdad? Por supuesto, este mismo cronograma de cambios podría extrapolarse a EEUU, con un pequeño factor de ajuste que permita calcular con mayor exactitud el tiempo que les tomaría a ellos llegar al estadio superior al capitalismo. Habría que multiplicar el tiempo que nos tomó a nosotros por su población factorizada al PIB percápita (lo que significaría una aceleración), pero dividido entre el tiempo de mandato presidencial promedio elevado a la diferencia de curules entre partidos ( lo cual significaría un retardo). Estimo que a ellos podría tomarles cerca de 30 a 40 años. Eso si, debido a que se trata de problemas complejos, no ocurre una singularidad que los llevase a una guerra interna, o a lanzarse a otra guerra mundial. A los mismos que les da igual Sander u Obama que Trump, y solo quieren sentarse a las puertas hasta ver pasar el cadáver de su enemigo, toda la Historia les ha de parecer un cuento inacabado, el cual no vale la pena estudiarse hasta que no se escuche la fanfarria del final.

miércoles, 5 de febrero de 2020

lección de silencio


Por mi abuela Bienve.

Calladita, callada, fabricando el silencio.

Porque las palabras no se pueden recoger. Porque las palabras sacan palabras. Porque las palabras crecen en sordina. Porque las palabras son pegajosas y uno pasará después mucho tiempo para desprenderlas. Porque lo más importante que se tiene para decir son el amor y el dolor, y a ninguno de los dos bastan las palabras. Y porque en el silencio cabe cualquier palabra, y una vez que pones una palabra, levantas una cerca. Y poco a poco vas enjaulando al silencio entre rejas de palabras. Al silencio, la más libre de todas las criaturas, la más imposible de todas las sustancias. Solo cuando escribes respetas al silencio y obedeces a las palabras. No importa que los demás griten, que parezca que no escuchan, que no existes para ellos: nadie puede gritar más alto que el silencio.

(Te escucho mientras escribo, abuela, te escucho…)

Ursula


A propósito de la entrada, y algunos temas/comentarios recientes, entrego estos fragmentos de una charla de Ursula K. Le Guin, titulada Instrucciones de operación o Manual de Instrucciones (The operating instructions), que aparece recogida en su libro Las palabras son mi asunto (Words are my matter):

En (Norte)América la imaginación es vista generalmente como algo que podría ser útil cuando se rompe el televisor. La poesía y el teatro no guardan relación con la política práctica. Las novelas son para estudiantes, amas de casa y aquellos que no trabajan. La fantasía es para niños y gentes primitivas. La educación es para que se pueda leer el manual de instrucciones. Yo pienso que la imaginación por sí misma es la herramienta más útil que la humanidad posee. Derrota al pulgar oponible. Yo puedo imaginarme viviendo sin pulgares, pero no sin mi imaginación.

Escucho voces coincidiendo conmigo. “Sí, sí”, exclaman. “La imaginación creativa es un extra tremendo para los negocios. Nosotros apreciamos la creatividad, la recompensamos.” En el mercadeo, la palabra creatividad ha venido a significar generación de ideas aplicables como estrategias prácticas para incrementar las ganancias. Este reduccionismo ya lleva tanto tiempo ocurriendo que la palabra creativo difícilmente pueda degradarse más. Yo no la uso ya, habiéndola cedido a capitalistas y académicos para que la abusen como quieran. Pero no podrán tener a imaginación.

Imaginación no es un medio para hacer dinero. No tiene espacio en el vocabulario de la rentabilidad. La imaginación no es un arma, aunque todas las armas tienen su origen en ella y sus usos o no usos dependen de ella, como con cualquier otra herramienta y su empleo. La imaginación es una herramienta esencial de la mente, una manera fundamental de pensar, un medio indispensable para llegar a ser y permanecer siendo humanos.

(…) Los niños tienen imaginación para empezar, como tienen cuerpo, intelecto, capacidad para el lenguaje: atributos esenciales para su humanidad, cosas que necesitan aprender cómo usar, cómo usarlas bien. Tal enseñanza, entrenamiento y práctica debe comenzar en la infancia y continuar toda la vida. Los jóvenes seres humanos necesitan ejercicios de imaginación tanto como necesitan ejercitarse en todas las habilidades básicas del vivir, corporales y mentales: para crecer, por salud, por suficiencia, para la dicha. Y esta necesidad continúa mientras la mente esté viva.

Cuando a los niños se les enseña a escuchar y aprender la literatura central de sus pueblos, o en las culturas con escritura, a leer y entender lo que leen, la imaginación consigue una buena parte del ejercicio que necesita.

Nada más hace tanto por la mayoría de las personas, ni incluso las otras artes. Somos una especie palabrera. Las palabras son las alas con las que vuelan tanto el intelecto como la imaginación. La música, las danza, artes visuales, manualidades de todo tipo, son todas centrales al desarrollo humano y al bienestar, y ningún arte o destreza es jamás inútil aprendizaje; pero para entrenar la mente a que despegue de la realidad inmediata y luego vuelva a ella con un nuevo entendimiento y fortaleza, nada iguala a historias y poemas.

(…) Lo que un niño necesita, lo que necesitamos todos, es encontrar algunos otros que imaginaron la vida siguiendo líneas que cobran sentido para nosotros y dejan cierta libertad, y escucharlos. No oír pasivamente, sino escuchar.

Escuchar es un acto comunitario, que toma espacio, tiempo y silencio.

Leer es una manera de escuchar.